Y sin embargo, la realidad siempre fue esto

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'Esclavos del trabajo', de Daria Bogdanska.

Viñeta de ‘Esclavos del trabajo’, de Daria Bogdanska.
ASTIBERRI / DARIA BOGDANSKA


Los sueños por cumplir. Una maleta cargada de sueños. Persigue tus sueños. Si puedes soñarlo, puedes hacerlo. Nunca dejes de soñar… Y de repente, ¡pam!, la realidad. Miseria, contratos leoninos e indecentes –o directamente sin él–, cansancio, desesperación, frustración. La vida. Se te atraganta la vida. Y la generación más preparada de la historia resulta ser la más preparada para el desengaño y la intemperie vital.

Daria Bogdanska es una artista polaca que con su primera novela (autobio)gráfica, Esclavos del trabajo (Astiberri, 2018), pretende dar un palo a los que consideran que el esfuerzo y la constancia acaban mano a mano con ‘el tiempo todo lo cura’ y demás silogismos de cuarto de baño.

Finalista del premio Artemisa 2018, con un dibujo sencillo, efectivo, engarzado en el contraste blanco y negro, Esclavos del trabajo no es ni más ni menos que la constatación de otra joven, que puede ser cualquiera, con aspiraciones, ganas, voluntad. Pero la realidad.

Bogdanska incluye durante la novela diversos referentes musicales, traducidos igualmente por Cristina H. Johansson, dado que cuentan momentos vitales que supondrán puntos de no retorno de la protagonista. Las letras de Greg Sage, Nico o The Modern Lovers tendrán su particular significado.

En su caso, ser alguien en el mundo de las bellas artes, para lo que se trasladó en 2003 a Suecia. Es el punto de partida. Lo que sigue no es ni la bohemia ni el alcohol.

Una duda corrosiva

Es la interrogación constante de estar haciendo lo correcto, de si aguantar al jefe explotador, las ojeras y el desdén rutinario merecerá la pena. Si, acaso, no es más humano rebelarse, contradecir, romper la ola.

Por las últimas noticias sabemos que la extrema derecha está en auge en Suecia. Menuda Europa nos está quedando. Y esta pequeña, íntima historia, contada desde dentro, enclava el pasado reciente en este presente desesperanzador.

Daria, la propia protagonista, se topa una y otra vez con esa burocracia de comedia o de drama, nunca neutra, eficiente. Descubre el racismo blanco y la fría xenofobia de un país en teoría tan avanzado. Conseguir un piso es llamar hogar a un sótano cargado de sombras, trabajar es indagar en tus derechos antes que conocer tu nómina.

La precariedad era esto: callar. Enmudecer. Adaptarse para seguir igual. Y sin embargo Daria se mueve, sindicaliza, registra, despeja de humos su futuro y nos invita. Porque no es una generación de grandes promesas ni estrepitosos fracasos: es nuestra generación, con lo que ello conlleve. Pero nada más.

Portada de 'Esclavos del trabajo', de Daria Bogdanska.

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