31 años después de la ignominiosa invasión, muchas cosas siguen igual


Han pasado 31 años del episodio más ignominioso en la historia republicana, no solo para Panamá, sino también para los Estados Unidos: la invasión militar del 20 de diciembre de 1989. Vergonzosa para Panamá porque puso fin a la funesta narcodictadura militar del general Manuel Antonio Noriega y sus secuaces uniformados y civiles, y para Estados Unidos, porque abusó en exceso de su fuerza bélica contra un país indefenso y sin vocación gerrererista.

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Todavía lloramos a las víctimas inocentes de esa horrible masacre. Aún muchos panameños buscan a sus familiares y no saben en qué circunstancias murieron. Las heridas siguen frescas, alimentadas por la negativa de Estados Unidos a reconocer los atropellos que cometieron con el moderno e innecesario armamento utilizado en Panamá y por la cobardía de los gobiernos panameños de hacerle justicia a la memoria de los caídos.

Pero lo más preocupante de todo, es que 31 años después muchos políticos que compartieron mesa con los represores militares, siguen haciendo de las suyas amparados en sus partidos políticos. Se están cometiendo los mismos abusos y actos de corrupción abiertos del pasado. Pese a la democracia en que vivimos, poco se ha avanzado en ese sentido. Ojalá la historia no se repita en espiral.



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