Africana vivió calvario en la selva de Darién, en donde perdió a su bebé


Salir de África en estado de embarazo y luego cruzar varios países de América con el fin de llegar a EE.UU. ha marcado a Patou Matabinta Diallo y Lubabatu Amadou, dos inmigrantes africanas que en el camino han conocido, una la pérdida de su bebé en Panamá, y la otra dar a luz en Honduras.

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Ambas mujeres son parte de unos 254 inmigrantes de Angola, Costa de Marfil, Ghana y Guinea, que están varados desde marzo en Honduras, adonde llegaron después de un viaje que les llevó a hacer escalas en Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica y Nicaragua, pero la aventura se ha interrumpido en suelo hondureño a causa del coronavirus SARS-CoV-2. En el grupo también hay cubanos y haitianos.

Patou, de 26 años, relató a EFE en “El Hogar de la Esperanza”, en la ciudad de Choluteca, departamento del mismo nombre en el sur de Honduras, que llegaron a este país centroamericano el 20 de marzo y que no pueden continuar porque se los impide el coronavirus.

“Yo me vine de mi país por problemas políticos”, indicó Patou, dándose a entender en español, con un poco de dificultad para hablarlo, aunque lo entiende bastante. Según su escueto relato, sin precisar detalles, su bebé lo perdió “en Panamá, el 24 de enero”.

A Patou le acompaña su esposo, Kode Diaby, de 40 años, y su hija Aicha, de tres, una niña delgada y muy sociable, entre el grupo de 15 africanos alojados en “El Hogar de la Esperanza”, en el que también viven adultos mayores hondureños, en otro extremo.

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“Yo quiero pasar a Estados Unidos o Canadá, donde dos hermanos”, indicó la inmigrante, mientras esperaba el regreso de su esposo, que había salido “a comprar unas cosas”, cerca del albergue.’

Los maridos de algunas de las mujeres del grupo de africanos, se habrían instalado en otros centros de atención, donde para los primeros catorce días todos los extranjeros recibieron kits sanitarios personales y alimentación, entre otra ayuda.

Patou, según su esposo, “en el camino” perdió su hijo cuando tenía casi siete meses de embarazo. “En el bosque, entre Colombia y Panamá“, quizá en el Tapón del Darién, considerado la zona más difícil de transitar en el continente americano, por su espesura.

El periplo de Lubabatu Amadou, de 31 años, de Ghana, quien se identifica como “Lu”, al parecer fue más corto, porque desde su país habría llegado directo a Ecuador.

De ahí pasó a Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Honduras, adonde llegó el 18 de marzo, cuando en este último país ya regía un toque de queda que continúa y se ha extendido hasta el 17 de mayo, por el COVID-19.

“LU”, quien también habría llegado con su esposo, prefirió solamente decir, a través de Patou, su nombre, y el de su hija, Amira, que nació el 22 de marzo en el Hospital del Sur, en Choluteca, y por ley es hondureña de nacimiento.

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En Choluteca solo hay tres albergues, voluntarios, en los que no caben los 254 inmigrantes, entre africanos y americanos, por los que algunos han tenido que pagar estadía en casas particulares, aunque varios se quejan de que ya no tienen dinero.

En “El Hogar de la Esperanza” hay cinco niños, incluida “la hondureña”, como le dicen de manera afectiva a Amira, y diez adultos, en su mayoría mujeres.



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