Agua: ¿de qué hablamos?


Bienvenidos a esta nueva sección donde convergen el agua y el medio ambiente, la primera de muchas entregas en las que nos sumergiremos en uno de los temas más apasionantes de la ciencia.

Haremos un viaje para poner al descubierto las conexiones del agua con el mundo que nos rodea, a través de la naturaleza, las ciudades, los alimentos, la salud, la cultura y el cerebro humano, entre otros. Será un viaje fascinante a través del conocimiento, las aplicaciones y los valores con los que el agua enriquece nuestra vida.

Conozcamos el recurso

Según la Real Academia de la Lengua Española, el agua es un “f. Líquido transparente, incoloro, inodoro e insípido en estado puro, cuyas moléculas están formadas por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, y que constituye el componente más abundante de la superficie terrestre y el mayoritario de todos los organismos vivos (Fórm. H2O)”.

¿Qué importancia tiene este líquido y para qué nos sirve?

El agua nos conecta con la naturaleza, con las ciudades, las culturas, los alimentos y el cerebro humano. Si solo lo vemos como un líquido, en realidad perdería su valor, en cambio, si lo vemos como el líquido que es el eje central de nuestra existencia, entenderemos su importancia y valía.

Por ejemplo, su sonido nos conecta con la naturaleza, nos relaja, nos induce a disfrutar, a escuchar. En las ciudades su conexión es vital para sentirnos vivos, para asearnos, comer, lavar, tomar café o té. Si queremos tener un buen día, necesitamos conectar con el agua.

En el caso de los alimentos, de aquellos frutos de estación que disfrutamos o de la carne que consumimos, estos la requieren para existir, para nacer y crecer. En el cerebro humano, la necesitamos para concentrarnos y equilibrar las emociones, es decir, el agua nos prepara para nuestro funcionamiento óptimo como seres humanos.

En la salud, el agua forma parte de los procesos de esterilización físicos que son necesarios para destruir formas de vida microbiana en los instrumentos quirúrgicos. En el lavado de manos la necesitamos para eliminar de ellas los virus y las bacterias.

Además de conectarnos con nuestro mundo, el agua es una cuestión de derechos.

¿Cuál fue la evolución del manejo del agua?

El agua pasó de estar en la naturaleza a conectarse directamente con nosotros. Su manejo evolucionó de ser transportada en envases, jarrones, barriles a estar depositada en tanques de almacenamiento y, por último, a ser conducida en una red de tuberías que permitía tener acceso a ella. Es decir, era “potable” beberla de forma directa.

Una vez que se utilizaba, se generaban residuos. Estos se denominaron aguas grises y aguas negras. Las aguas negras se producen cuando utilizamos el agua en actividades que involucren desechos orgánicos provenientes tanto de animales como de humanos; el resto se conoce como aguas grises.

Y en la ciudad de Panamá, ¿cómo evolucionó el manejo del agua?

A finales del siglo XIX en la ciudad de Panamá, el agua que se bebía se obtenía de los pozos y los aljibes domésticos o se compraba a los aguateros que la traían a caballo en barricas, desde la fuente de agua de El Chorrillo ubicada en el cerro Ancón, o del (río) Matasnillo (Castillero Calvo, A., 2019).

La Zona del Canal fue oficialmente establecida en 1904, con lo cual el origen del manantial de El Chorrillo quedó fuera de la jurisdicción panameña. Su ubicación era, a la derecha del final de calle B entre la avenida de los Mártires y el cementerio Chino, explica Katti Osorio, directora Nacional de Patrimonio Cultural.

El Chorrillo conectaba tanto a las personas, como a las lavanderas que iban a lavar la ropa en ese sitio. Era un punto estratégico de información sobre temas varios, como el devenir de la naciente patria.

En 1906 se inaugura el primer acueducto de ciudad de Panamá. La evolución hacia el acueducto, además de tener sus vicios de salubridad, se apoyaba en las quejas constantes de algunos de los residentes del sector sobre el costo del galón de agua.

Los aguateros vendían un galón de agua en dos centésimos de dólar (Archivos La Estrella de Panamá, 2019), cifra que en ese entonces era considerada leonina. Fundamentados en la necesidad de hacer realidad la construcción del acueducto, se publica el Decreto Número 23 de 1904 de la Secretaría de Fomento, con fecha de 8 de julio, donde el presidente de la República, Manuel Amador Guerrero, autoriza al jefe del Cuerpo de Sanidad de la Comisión del Canal Ístmico, coronel Gorgas, a que asuma la dirección de todo lo concerniente a la salubridad de las ciudades de Panamá y Colón.

Con la inauguración del acueducto la población mejora su acceso al agua, pasando de solo tener acceso a ella cuando era entregada de puerta en puerta, a tener acceso de forma continua a través de la red de abastecimiento de agua potable en la ciudad. Al estar disponible y accesible, el agua se convierte en uno de los ejes centrales del desarrollo de la capital.

En cuanto a las aguas grises y negras, años después, la ciudad evolucionó. Pasó de arrojar las heces al mar a disponerlas en alcantarillados (sanitario y pluvial). Antes del alcantarillado las aguas negras eran recolectadas y transportadas por medio de unas mujeres. Estas mujeres las recogían en latas vacías de kerosene y cobraban su transporte al mar de acuerdo con la altura del líquido en la lata, el cual median con una varita (Castillero Calvo, A., 2019).

Agua y cultura

La clausura de El Chorrillo tuvo impactos en la cultura de Panamá; la poetisa panameña Amelia Denis de Icaza capturó ese momento de la historia del istmo en su poesía “Al cerro Ancón”. La poetisa visitó Panamá en el año 1906 y al internalizar la desconexión del cerro Ancón de la ciudad de Panamá, plasmó su sentir en los versos de una de sus estrofas:

“¿Qué se hizo tu chorrillo? ¿Su corriente al pisarla un extraño se secó? Su cristalina y bienhechora fuente en el abismo del no ser se hundió”. (Selección Poética, 1975)

Agua y desarrollo

El líquido cuyo acceso y disponibilidad ha evolucionado en Panamá desde el siglo XIX, es uno de los ejes centrales del desarrollo del país.

Sectores como la educación, el transporte, la salud, la investigación científica y el turismo requieren del agua para desarrollarse. Por ejemplo, en la investigación científica, el estudio del agua permite que el sector desarrolle conocimiento en ecohidrología e hidrología de bosques para luego vincularlo a los procesos de cantidad y calidad del agua en otros sectores, como el turismo.

Como indica la Organización de las Naciones Unidades, el agua está en el epicentro del desarrollo sostenible y es fundamental para el desarrollo socioeconómico, la energía, la producción de alimentos, los ecosistemas y para la supervivencia de los seres humanos.

La autora es investigadora científica en recursos hídricos e ingeniera civil. También doctora en ingeniería agrícola con mención en recursos hídricos en la agricultura (Chile).



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