Annie Ernaux y la dolorosa intimidad


“El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescindible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior”. La escritora francesa Annie Ernaux (82) justifica -y defiende- en su libro El acontecimiento la incomodidad que puedan despertar sus vivencias. Sin embargo, su obra es lo contrario a un fastidio, pues sirve desde hace medio siglo como un refugio donde reconocerse y protegerse de las violencias del mundo. Ahora, la Academia Sueca le otorga el Premio Nobel de Literatura por “creer en la fuerza liberadora de la escritura”, así como por “el coraje y la agudeza clínica” con que “destapa las raíces, los alienamientos y las limitaciones colectivas de la memoria personal”.

La autora reconocía el pasado mes de junio al diario Le Soir que recibir el Nobel le produciría tristeza: “Lo que obtiene el laureado es a la vez mucho dinero y también una forma de intocabilidad. Todo esto me parece malsano”. Este año volvía a estar entre las favoritas en las quinielas, y, consciente de ello, solo pedía un mes de octubre tranquilo. Ahora se suma a las 16 mujeres -frente a 118 hombres- que han sido  premiadas con el Nobel, dotado con 10 millones de coronas suecas, es decir, 920.000 euros.

“El premio representa algo inmenso teniendo en cuenta mis orígenes”, opinó Ernaux, hija de modestos tenderos de un pueblo de Normandía, en una conferencia de prensa celebrada en París, unas pocas horas después de conocer el veredicto. “Pienso en las personas oscuras, en mi familia. He escrito para los que han luchado mucho”, dijo la escritora, considerada una especie de “guardiana de la memoria” por rebuscar en su intimidad y destriparla desde la infancia. Ella misma dice que la literatura debe ser política. Tiene que ser sencilla y servir “como un cuchillo”. Y desde este lugar se mueve entre la narrativa, las ciencias humanas, la experiencia de clase y el compromiso social. Se le atribuye el género de la autoficción, pero lo rechaza. Prefiere definir su escritura como “autosociobiográfica”.

La escritora francesa Annie Ernaux.
GTRES

La Academia aplaude el tratamiento que la escritora hace de temas como el amor, el pudor, la humillación, los celos o la identidad. Se percibe en obras como La vergüenza –donde aborda la mediocridad de la familia-, Memoria de chica –sobre su juventud y la iniciación en el sexo-, El lugar –su etapa como profesora y la muerte de su padre-, El acontecimiento -el aborto clandestino que sufrió a sus 23 años-, Pura pasión -el sexo en la edad adulta-, La mujer helada -el final del amor y la asignación de los cuidados-, No he salido de mi noche y Una mujer -el alzheimer de su madre-, El uso de la foto -su cáncer de mama- o Los años -los cambios en la sociedad francesa-. Este último, de 2008, se considera una obra maestra.

Lo cierto es que la obra de Ernaux empezó a recibir una mejor acogida en con la entrada al nuevo milenio. Durante las décadas anteriores, el hecho de que escribiera desde la experiencia femenina -sin tapujos, con crudeza y desgarro sobre los sentires del alma y el cuerpo- la relegaba a un escalón inferior. Y a esto se sumaban sus ideas políticas, ya que se define como una mujer de “extrema izquierda”. “He tenido enemigos de los que estoy orgullosa. Venían de la derecha, pero también de la izquierda caviar. Ahora ya no se atreven, pero durante mucho tiempo me masacraron”, contaba en 2019, año en el que fue laureada con el Premio Formentor -“Vivía mejor cuando no era tan conocida. Sentía una tranquilidad y una libertad que he perdido”, confesó al recibirlo-. Su nombre ya pesaba en el mundo de las letras, que, asegura, “sigue dominado por los hombres y su ideología”.

Algunos libros de Annie Ernaux.
Algunos libros de Annie Ernaux.
GTRES

Desde mediados de los 70 vive en la nueva ciudad Cergy-Pontoise, un lugar que eligió por carecer de historia: “Sé que parece una contradicción, pero esta urbe sin pasado era el único lugar donde me sentía bien. Las ciudades históricas me recuerdan a una larga tradición de exclusión social. Aquí podía vivir sin sentirme sometida a ese determinismo”, contaba a El País. Su obra Diario del afuera es un lienzo de la ciudad compuesto por escenas cotidianas de las que es testigo cuando pasea por sus calles. Ernaux siempre quiso escapar de su pueblo, de la clase obrera que su familia representaba, aunque poco a poco fue reconciliándose con sus raíces.

La escritora acaba de lanzar en Francia un relato breve, El hombre joven; mientras con su hijo David Ernaux-Briot ha codirigido Les années Super-8, un documental montado con los vídeos domésticos de sus vacaciones en los 70 y 80, y que fue presentado en el último festival de Cannes. A España, su obra, recogida por Cabaret Voltaire, llegó relativamente tarde. Este sello trabaja en la recuperación de toda su obra. El pasado mes de mayo, de hecho, publicó Los armarios vacíos, el primer libro de Ernaux, publicado en 1974. Por su parte, Tusquets ha editado El lugar, Pura pasión, La vergüenza y El acontecimiento.

Algo temerosa, la escritora define el Nobel como “una responsabilidad”, pero para quienes encuentran en su manera de narrar un alivio, es un triunfo común. Ernaux escribe para ella y para todas, sobre ella y sobre todas. Crea desde el yo un lugar donde abrazar las zonas que han sido -y son- tabú, culpa y herida. “Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, en decir, en algo inteligible y general, y que mi experiencia pase a disolverse completamente en la cabeza y en la vida de los otros”.



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