Bruce Quinn, el señor del teatro


La vida bien pudiera ser comparada con el teatro, donde cada uno interpreta un papel. La muerte entonces sería representada por el bajar de los telones y los recuerdos son el eco de los aplausos que todavía se escuchan. Dentro de esta analogía el teatrista estadounidense panameño Bruce Quinn tendría un papel principal, no sobre las tablas, sino en bastidores, donde por seis décadas alimentó el imaginario y la ilusión del teatro nacional.

El pasado 7 de mayo, aquel niño que a los 12 años asistió como espectador a su primera obra de teatro (La comedia Gentlemen Prefer Blondes), murió a los 85 años, llevándose el cariño de quienes lo conocieron y le llamaban: Mr. Bruce.

Y ese cariño no solo se debió a su don de gente, sino producto de su trabajo, con el cual le dio al istmo la oportunidad de tener grandes clásicos del teatro mundial como Evita, La novicia rebelde, Mi bella dama, Un violinista sobre el tejado, Chicago y Jesucristo Superestrella, entre otros.

“Bruce nos permitió tener a Broadway en nuestro propio país con puestas en escena de alto nivel en todos los sentidos estéticos. Panamá, gracias a Bruce, fue el país de Centroamérica que más y mejores musicales ha presentado a su público. Panamá, de la mano de Bruce, ha ofrecido una importante contribución al desarrollo del musical latinoamericano, pues sus puestas en escena no tenían nada que envidiar a las producidas en México, Colombia o Argentina” comenta el Director Nacional de las Artes del Ministerio de Cultura, Daniel Dominguez.

La actriz Gaby Gnazzo junto a Bruce Quinn. Cortesía Gaby Gnazzo

Dominguez explica que “con su lamentable muerte perdemos a un ser humano noble, espiritual y profundamente Mariano; una persona excepcional que siempre supo dar sin esperar nada a cambio. Su capacidad de trabajo, su don de gente, su accesibilidad, su apoyo permanente a los demás, su talento en más de un oficio (director, productor, docente) y su generosidad lo hacen una leyenda indispensable en el devenir de las tablas istmeñas”.

Si bien su relevancia en el teatro y la cultura nacional lo tenían bajo los reflectores, Bruce Quinn no se dejó deslumbrar por aquella luz del éxito, y muestra de ello es que otros directores de teatro guardan un buen recuerdo de él. “Bruce fue un tipo muy afable, cariñoso y respetuoso. Además, tenía un gran sentido del humor y de la solidaridad, lo que lo hacía un gran ser humano”, recuerda el también teatrista Winnie T. Sittón.

“Siempre lo vi como un hombre muy trabajador y responsable, que veía el teatro no solo como su pasión, sino también como un compromiso para el país y su comunidad. Creo que fue un tipo que le dio muchas cosas a Panamá. Y todo esto, sin duda, me ha influido como teatrista y trabajador de las artes”, agrega Sittón.

Para él, Bruce Quinn “dio mucho de sí para impulsar el crecimiento profesional de muchos jóvenes que se iniciaron con él en las tablas. Y gracias a eso, su trabajo y permanencia en las tablas tuvo un gran impacto en el teatro panameño”.

Los actores y actrices que trabajaron bajo la tutela de Quinn, también dicen quedarse con enseñanzas de quien consideraban, además, un gran amigo. “Dejas un vacío en este escenario que será llenado por todos los que tuvieron la suerte de trabajar contigo y conocerte. ¡Gracias por toda la magia!”, expresó la Asociación de Teatristas de Panamá.

Y es que Quinn colaboró al surgimiento de toda una generación de actores, actrices, bailarines, productores, compositores, diseñadores de vestuario, directores de fotografía, escenógrafos, etc, gracias a las guías, enseñanzas y oportunidades que les dió.

Como es el caso de la actriz Gaby Gnazzo —cuya primera obra junto a Quinn fue La Novicia Rebelde—, la cual rescata algunas de las grandes enseñanzas que dejó el director a los teatristas: “La ética del trabajo, la importancia de que si vas a hacer algo, ese algo, sea lo más perfecto posible, El respeto hacia tus colegas actores y sobretodo el nivel de respeto que debe existir entre director y actor. Bruce cuidaba a sus actores, productores y personas que trabajaban tras bastidores, para él la obra no era lo único importante, todos los involucrados tenían la misma y gran importancia”.

Así mismo comparte dos consejos que el director de obras como Maestra Vida, el Mago de Oz y la Cucarachita Mandinga, le dejó: “Tú éxito profesional dependerá en gran parte de la dedicación, el tiempo y el esfuerzo que le dediques a tu arte. Y la lealtad en esta carrera es casi imposible de encontrar, pero si tienes suerte y la encuentras, valorala y cuídala”.

Los pies de Bruce Quinn no volverán a pisar las tablas que formaron parte importante de su vida, su voz no volverá a dirigir a quienes también decidieron que las bambalinas serían sus acompañantes, ni su mente creativa transformará los libretos de papel a realidad. Pero Bruce Quinn estará presente en cada obra panameña, en cada ovación y en cada triunfo, porque ahora él y el teatro son uno solo.



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook
A %d blogueros les gusta esto: