Brunch dominical | La Prensa Panamá


Hay una serie de prácticas aceptables por empresas multinacionales ligadas a grandes casos de corrupción, a fin de mitigar las consecuencias reputacionales y legales de sus actos. Entre estas, hay una fórmula que goza de alguna aceptación: si te investigan judicialmente, parte de la solución del problema es cambiar de nombre. Desde el 18 de diciembre, Odebrecht abandonó el apellido de la familia que la controlaba desde 1944, para denominarse “Novonor”, que en portugués sería homófona de la expresión “nuevo honor”. El cambio de nombre y de marca -según una nota de prensa de la constructora- “es el punto culminante de la transformación emprendida en los últimos cinco años por la empresa”, cuyos métodos de actuación ahora están “rigurosamente pautados por la ética, integridad y transparencia”, certificados -siempre según el comunicado de la firma- por un “auditor independiente” del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Antes de Odebrecht, la maroma ya fue ensayada por Finmeccanica, que luego del escándalo -sin grandes consecuencias…- pasó a llamarse “Leonardo”. Parece que todas estas empresas corruptas hacen el cambio después de hacer negocios con Panamá. Solo falta FCC.

ESTA SEMANA, Netflix obtuvo una victoria judicial después que una juez federal de California decidió que su película The Laundromat no difama a la difunta Mossack Fonseca. Hay que recordar que los fundadores de la firma panameña trataron de detener la emisión de esa cinta, tres días antes de su fecha de estreno, en octubre de 2019. La maniobra terminó potenciando la visibilidad del filme, en el que Ramón Fonseca es interpretado por Antonio Banderas y Jürgen Mossack por Gary Oldman, acompañados por Meryl Streep en el papel de una ama de casa burlada por las trampas del sistema financiero. La juez Consuelo B. Marshall consideró que los productores de la cinta advierten que la misma está “basada en secretos reales”, lo que es congruente con el aviso de relevo de responsabilidad al final de la película, que dice que ésta “no tiene la intención de reflejar alguna historia en particular”, ya que la trama está “ficcionalizada y dramatizada”. La juez agregó que los propios demandantes reconocen que algunas de las sociedades offshore creadas por Mossack Fonseca aparentemente han sido utilizadas en actividades criminales que incluyen lavado de dinero, evasión fiscal, soborno y/o fraude; por consiguiente, si en The Laundromat hay personajes ligados a actividades criminales, que utilizan shell companies inscritas por los demandantes, ese hecho “no es falso”. En California todavía quedan pendientes otras reclamaciones, por dilución de la marca y publicidad engañosa. Al menos en este episodio de la saga del malogrado bufete panameño, no se vilipendió el nombre del país, como sucedió en otros de sus capítulos.



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