Bulos sobre la vacuna contra la Covid-19 inundan las redes


A pocos días de que el primer lote de 40 mil dosis de la vacuna contra la enfermedad Covid-19 llegue a Panamá, hay varios bulos sobre el producto biológico que vuelan como pólvora en las redes sociales. Dos de ellos son que la vacuna con ARN mensajero interviene directamente en el material genético de la persona que la recibe o que está elaborada con células de fetos abortados.

Ivonne Torres Atencio, directora de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, brinda respuestas científicas de por qué cada uno de esos planteamientos es falso, y dice que el mejor antídoto frente la desinformación es la información basada en evidencia.

Perfil académico

Licenciada en Farmacia, Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá.

Magister en Ciencias Biomédicas, Facultad de Medicina, por la Universidad de Panamá.

Doctorado en Farmacología, Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.

Miembro de la American Association for the Advance of Science (AAAS).

Miembro de la Comisión Nacional de Medicamentos, organismo asesor del Ministerio de Salud.

Las vacunas de ARN mensajero intervienen directamente en el material genético de la persona.

Falso. No intervienen. El material genético de las personas está contenido en lo que se conoce como el núcleo de las células, y es constituido por el ácido desoxirribonucleico (ADN), que es una doble hebra. El ARN mensajero es una hebra simple, con un número específico de elementos que actúan en el citoplasma de las células, en unas estructuras conocidas como ribosomas, donde se hace la lectura del código de ese mensaje que le permite producir una proteína en especial dirigida hacia el virus, no hacia los genes.

Son poco efectivas estas vacunas contra la Covid-19, ya que se desarrollaron muy rápido.

Falso. La efectividad de las vacunas se relaciona con la capacidad que tienen estas de evitar la infección y eventos graves, y esto no dependen de la rapidez con la que se producen, sino de cómo entrena a nuestro organismo a reconocer y destruir al virus.

Una enfermera se desmayó justo después de vacunarse contra la Covid-19 en Estados Unidos.

No fue por la vacuna. La enfermera, que responde al nombre de Tiffany Pontes Dover, es gerente de enfermería del CHI Memorial Hospital en Chattanooga, Tennessee, Estados Unidos, y fue de las primeras personas que recibió la vacuna del dúo farmacéutico Pfizer-BioNTech. Minutos después de recibirla, se desmayó, luego de recuperarse del desvanecimiento explicó que esto le sucede comúnmente cuando siente algún tipo de dolor, y no hubo mayor consecuencia.

Las vacunas contra la Covid-19 contienen células de fetos abortados.

Es falso. Las vacunas de ARN mensajero no usan células humanas, y mucho menos de fetos. La secuencia que se requiere es una copia del virus, en este caso del SARS-CoV-2, cuya secuencia genómica fue descrita en enero de 2020, y se toma la parte del genoma que sintetiza una de las proteínas que se unen a las células de las personas y es conocida como proteína “S” o de la espícula. El proceso es totalmente sintético, y ha sido producto de más de 30 años de investigaciones, y con el transcurso del tiempo, se ha modernizado y optimizado.

La variante del virus en el Reino Unido ha aparecido debido a que han sido los primeros en vacunarse.

Otra falsedad. Los virus tienen la capacidad de mutar cada vez que infectan a una persona, y esto es una característica evolutiva que le permite sobrevivir, ya que deben buscar qué los hace más eficientes para seguir infectando y no ser reconocidos por el sistema inmune del huésped, es decir, las personas.

Si nos han puesto la vacuna, ya podemos ir sin mascarilla y hacer una vida normal.

Falso. La vacunación requiere que continuemos con las medidas de bioseguridad hasta que más del 70% de la población esté vacunada para lograr lo que se conoce como ‘inmunidad de rebaño’ o colectiva.

¿Por qué vacunarse, si no protege de la infección y podemos seguir contagiando a otras personas?

Falso. Las vacunas tienen dos grandes objetivos: uno, que el cuerpo genere, de manera autónoma, protección contra el virus y que esté preparado en caso de que se infecte; y si esto sucede, el cuerpo será capaz de eliminarlo. Puede presentar síntomas, sin embargo, la severidad de la presentación de los síntomas será menor y este es el segundo objetivo que se persigue.

Las farmacéuticas llevan los procesos de las vacunas en secreto y no publican los datos.

Todos los procesos desde la fase preclínica (animales de laboratorio y líneas celulares) son autorizados por comités de bioética y agencias regulatorias que, superada esta etapa, brindan autorización para pasar a la etapa clínica. Todos los datos son publicados en revistas arbitradas, y los ensayos clínicos aprobados son registrados y aprobados por las agencias regulatorias. Uno de los sitios donde pueden buscar estos estudios clínicos es www.clinicaltrials.gov, y los datos son monitorizados por comités externos a los investigadores y compañías farmacéuticas y, además, una vez superada esta etapa, deben ser revisadas por diferentes agencias de salud y regulatorias mediante el escrutinio de equipos multidisciplinarios expertos.

La vacuna puede provocar la enfermedad.

No. Vacunarnos permite que nuestro cuerpo genere, de manera autónoma, anticuerpos y otras estrategias para combatir la Covid-19 si llegamos a tener contacto con algún enfermo. Está descrito que las vacunas pueden inducir ciertos efectos adversos, como dolor en el área de la inyección, fiebre, dolor de cabeza o muscular, pero son derivados de la respuesta inmunológica del cuerpo, no porque produzca la enfermedad.

No tengo que vacunarme porque ya he pasado la enfermedad.

Falso. Aunque la enfermedad genera una respuesta inmune, es posible que los anticuerpos generados no sean tan eficientes, por lo que es necesario la inmunización contra la Covid-19.

La vacuna causa esterilidad en los hombres y mujeres.

No. Las vacunas no tienen ninguna conexión con las gónadas, es decir, con nuestro sistema reproductor.

Nos utilizan como ‘conejillos de indias’.

Mal dicho, y es un término peyorativo. Uno, la vacunación es voluntaria, cuando ya son autorizadas no se está ensayando para ver si funciona, ya se tienen pruebas y data robusta de que funcionan y cómo lo hacen, por lo que las personas son libres de elegir vacunarse.

Inoculan un ‘chip’

Falso. Las vacunas no contienen ningún material que no esté aprobado como excipiente [sustancia inactiva usada para incorporar el principio activo] o como adyuvante [sustancia que se añade a una vacuna para potenciar o dirigir la respuesta inmunológica frente a un antígeno] para el proceso de inmunización. En todo caso, los teléfonos inteligentes, si los llevamos a todos lados, ya actúan como “chips”.

Las vacunas no sirven porque el virus está mutando.

Falso. Hasta el momento, las mutaciones no han afectado la secuencia que las vacunas de ARN mensajero tienen y permiten la síntesis de las proteínas que reconocen al virus. Además, la capacidad de poder identificar las mutaciones y determinar cuáles requieren o no cambios en la producción de la vacuna es una de las tantas ventajas que tiene la plataforma desarrollada de ARN; y así ya lo han descrito las empresas a cargo de las vacunas aprobadas.



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