causas, síntomas y tratamiento de la enfermedad que padece Kiko Hernández


La artritis psoriásica es un trastorno de las articulaciones que se suele dar en personas que ya padecen otra enfermedad crónica de la piel llamada psoriasis. Este tipo de artritis se caracteriza por el dolor articular, la rigidez y la hinchazón. 

La enfermedad puede afectar a cualquier parte del cuerpo, incluso en la columna vertebral. Además, hay que saber que se pueden dar periodos de brotes y otros periodos de remisión de la enfermedad, según Mayo Clinic. 

¿Qué provoca la artritis psoriásica? Causas de la enfermedad

“La artritis psoriásica se da cuando el sistema inmunitario comienza a atacar células y tejidos sanos, lo cual causa una inflamación en las articulaciones, así como la sobreproducción de células de la piel”, explican desde Mayo Clinic. 

En cambio, lo que todavía es desconocido es la causa que hace que el sistema inmunitario comience a atacar los tejidos sanos, pero es probable que intervengan factores internos, como los genes, y externos, como los factores ambientales. 

Así, los factores hereditarios, un funcionamiento incorrecto del sistema inmunológico del cuerpo, la inflamación en las articulaciones y el medio ambiente son actores que pueden jugar un papel importante en el desarrollo de la enfermedad, como indican desde Arthritis Foundation.

¿Qué síntomas tiene la artritis psoriásica?

Este tipo de artrosis presenta síntomas que pueden variar entre un paciente u otro, es decir, pueden ser más o menos graves. Las señales más habituales en una persona que presenta esta afección son, según la Clínica de la Universidad de Navarra: 

  • Artritis de articulaciones finales los dedos de una mano.
  • Artritis de articulaciones de extremidades inferiores.
  • Dactilitis o “dedos en salchicha”, que es la inflamación de todo el dedo debido a la inflamación de las vainas tendinosas de los músculos flexores.
  • Rigidez matutina en las manos.
  • Conjuntivitis o uveitis.

¿Cómo se cura la artritis psoriásica? 

El tratamiento de esta enfermedad se basa en “la combinación del tratamiento sintomático con AINEs (antiinflamatorios no esteroideos) con el tratamiento modificador/frenador de la enfermedad con inmunosupresores (metotrexato, sulfasalacina, leflunomida…)”, como explican desde CUN. 

Puede darse la situación de que estos tratamientos no consigan frenar la enfermedad o que el paciente presentara intolerancia o toxicidad farmacológica, por lo que se comenzarían a usar otros tratamientos con los fármacos anti-TNF (infliximab, etanercept, adalimumab, golimumab, certolizumab).

Igualmente, es importante que, además de este tratamiento, también se de el correcto reposo en los periodos de brote/inflamación articular y el tratamiento fisioterápico.



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