Covid-19, una guía práctica | La Prensa Panamá


La medicina no es una receta de cocina exactamente igual para todo el mundo. Cada persona es diferente, y antes de tomar decisiones con implicaciones clínicas, es necesario analizar cada caso. Es por eso que, de todas las carreras universitarias, la medicina es una de las más largas. Además, antes de recibir la idoneidad profesional para atender pacientes -y habiendo ya terminado la universidad-, hay que completar dos años adicionales de internado, bajo la supervisión de médicos con mayor experiencia. Si además se sigue una especialidad, significa hasta siete u ocho años adicionales de estudio, turnos, prácticas, exámenes y evaluaciones, para ser especialista.

Y allí, comienza el camino. Desde ese momento, nunca dejan de acumularse experiencias, estudios, actualizaciones y evaluación de datos, para seguir modificando la información que se usa para tomar decisiones.

Después de saber lo largo que es este camino -y recorrerlo- ofende escuchar a cualquiera que hizo dos búsquedas en Google, opinar, diagnosticar y recomendar tratamientos a los enfermos. Si bien todo el mundo tiene un cierto interés en entender por qué ocurren los síntomas, y cómo enfrentar las enfermedades, hay que ser cuidadoso en qué se recomienda. Cosas que parecen inocuas, pueden causar serias complicaciones. Como ejemplo, recetarle un preparado de verduras a alguien que toma anticoagulantes puede reducir el efecto del medicamento y provocar una embolia mortal. Y esto lo he visto más de una vez. Y nunca he visto a nadie recetar en redes sociales un revoltijo de “cosas naturales” que incluya la advertencia “si usted toma anticoagulantes, esto podría matarlo”.

Ante la desesperación y ansiedad que ha provocado en el mundo la pandemia, es lógico que muchas personas traten de aportar lo que esté a su alcance para ayudar a los demás. No dudo su buena voluntad. Pero hay que tener cuidado. La recomendación más sensata es siempre seguir las indicaciones de las sociedades médicas para abordar a los enfermos. Las recomendaciones absolutas que todos deben seguir siguen siendo: evitar las aglomeraciones y guardar distancia física; usar mascarillas constantemente, excepto entre quienes conviven permanentemente en la misma casa (si alguno sale, lo correcto es que todos usen mascarilla); agregar el uso de caretas faciales en lugares cerrados o donde haya mucha gente, como el transporte público, bancos, almacenes o centros comerciales; permanecer en lugares ventilados el mayor tiempo posible; lavarse las manos constantemente, y evitar tocarse la nariz, boca y ojos.

A estas alturas de la pandemia, todos los médicos atendemos pacientes con Covid-19. Yo llevo semanas donde todos los días recibo varias llamadas de pacientes enfermos, que han tenido contacto con enfermos o que tienen síntomas. Y no es cierto que la opción sea “no hacer nada”. Hay mucho que hacer siguiendo la evidencia que dictan quienes publican y saben más que uno sobre la enfermedad.

Escuchar a cualquier erudito de redes (médico o no) decir que “cruzarse de brazos y dar tylenol hasta que el paciente se complica, no es lo correcto”, es ridículo. Porque del mismo modo se podría decir “comenzar a tragar cualquier porquería que no ha demostrado servir para nada, no es lo correcto”.

Todo paciente que tenga síntomas sospechosos de Covid-19 o que haya estado en contacto con un enfermo, debe comenzar por aislarse, preferiblemente en un cuarto solo, aunque esté asintomático, por lo menos durante una semana (si no es posible estar completamente aislado, debe usar mascarilla tanto él o ella, como quienes conviven en casa). Ante la sospecha, debe avisar a todos sus contactos de la última semana, incluso antes de tener el resultado de la prueba. Antes de volver a circular, debe hacerse una prueba diagnóstica (hisopado por PCR o antígenos). Si es negativa, debe completar 10 días de aislamiento (pudiese ser un falso negativo), y si es positiva, debe completar catorce días, monitorizando datos de posibles complicaciones que requieren una evaluación avanzada o una hospitalización. Mientras está en casa, es conveniente tratar de dormir boca abajo o como mínimo de lado, alternando derecha e izquierda. Además, hacer ejercicios respiratorios con inspiraciones profundas varias veces al día.

Idealmente, debe contactar tempranamente a su médico de cabecera o a los servicios de seguimiento, sea del Minsa o el centro de llamadas de Todo Panamá.

En cuanto al tratamiento por síntomas o una prueba positiva, la recomendación es tomar abundante líquido, guardar reposo, si hay fiebre o malestar general se puede usar acetaminofén o ibuprofeno (si no hay alergias). Se pueden tomar antihistamínicos para la congestión nasal y jarabes a base de dextrometorfano si la tos es muy insidiosa.

Otro elemento importante es la monitorización para detectar complicaciones. Los síntomas de alarma serían: aumento importante de la falta de aire, dolor en el pecho, aumento persistente de temperatura o caída de la saturación de oxígeno por debajo de 94%. La saturación debe tomarse sin esmalte en las uñas (se sorprenderían la cantidad de veces que es la causa de consultas de urgencia por “oxígeno bajo”), preferiblemente de pie y después de haber hecho varias inspiraciones profundas. En caso de presentar alguno de estos datos, debe contactar a su médico o a un servicio de urgencias para que decida si requiere o no ir a un hospital.

Todo esto se puede hacer sin darle a nadie medicinas que no cuentan con evidencia de utilidad en Covid-19. Lo que sabemos es que hay que manejar los síntomas, y vigilar por complicaciones. Exactamente como hacemos con muchísimas enfermedades que tratamos todos los días.

Para terminar, esperemos que el 2021 nos traiga salud, vacunas y que podamos volver a la normalidad como la hemos entendido siempre. Mientras tanto, tenemos que cuidarnos. Recordemos que “#ElVirusLoParoYo”…

El autor es cardiólogo



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