De amor, Bobbio y Hubble


Los primeros veinte años del milenio XXI. No puedo dejar de pensar en política, acontecimientos mundiales y nacionales, en pandemia, pandemonio, catástrofe, y en Norberto Bobbio. Pensador brillante, escudriñó en diversos ámbitos de la vida contemporánea.

Entender esta época requiere de una metodología diferente de abordaje. Cito de memoria. De tanto atesorar la consigna, en el momento de construir este texto no la encuentro. Las reglas viejas no son suficientes para desentrañar esta vorágine de acontecimientos e incertidumbres.

Nacido en Turín, Bobbio vivió todo el siglo XX, como nuestro Rogelio Sinán, y transitó en 2004, cuando estaba por completar su centenario.

“He aprendido que el amor es más fuerte que la muerte”, declaraba cuando era muy anciano, al recordar a su amada Valeria, que se le había adelantado en el viaje eterno: “Fue un amor purísimo, muy delicado, muy dulce…”. Con Valeria, he comprendido qué es la muerte y qué es el amor. Ella, afirmaba, está en mi pecho y sigue amándome.

El maestro Bobbio reescribe el precepto del Cantar de los Cantares, que reza: “Fuerte como la muerte es el amor”.

Esta es una de las épocas más complejas de la humanidad y además aún está en construcción. En Europa se le denomina mundialización; en nuestro continente, globalización.

La ternura y lucidez de Bobbio las asocio con el maestro Ryszard Kapunscinski, reportero del siglo y polaco universal, quien expresaba, poco antes de la hora de la verdad, que solo puede ser periodista gente bondadosa, y que los cínicos deben ser ahuyentados de esta esfera.

¿Pero qué periodista? Es un oficio –y profesión- en vías de extinción. Con la incursión sobrecogedora de las tecnologías de la información, cualquier persona puede hacer periodismo, y esa situación produce tal fascinación que hay legiones de ciudadanos envalentonados y certeros con el nuevo artilugio y con el teléfono móvil (celular).

Medios convencionales y periodistas profesionales son amenazados por el terremoto grado aterrador con maremoto del reportero ciudadano. Oh My News, periódico digital consentido de los coreanos, reúne a casi 40,000 reporteros ciudadanos, que informan y comentan sobre asuntos tan sencillos como sus gustos culinarios, las ondulaciones de las carreteras de allá, hasta posiciones humoradas de los protagonistas de las películas. Unas decenas de periodistas profesionales editan esos textos, y se encargan de verificar aquellas denuncias y apuestas comprometedoras, por ejemplo de materias de corrupción, que no es patrimonio exclusivo de la tierra de Justo Arosemena. Investigación periodística o periodismo de investigación. Cómase la frase que guste, pues todo periodismo es, por naturaleza, investigativo.

Una década en el siglo XX y otra en el XXI, en el límite se finiquita la colonia en nuestro patio, con la retirada sin guerra del Comando Sur y la transferencia de Estados Unidos a Panamá, sin ignominia y sin bala, del Canal interoceánico. Ni podemos creer que quien encabece la fiesta sea la viuda de un caudillo que ostenta la Presidencia panameña.

Como si no tuviéramos sobreabundancia de información, como si las bibliotecas no tuvieran tanta actividad, desde hace 20 años, o algo más, el megatelescopio Hubble nos bombardea con sus imágenes del espacio, y, aunque es finito, se nos ocurre que es infinito con la cantidad de material sobre planetas, nebulosas, estrellas y galaxias que componen el Universo.

Es tanta la información espacial del Hubble y otros instrumentos y sondas que quedamos en la nebulosa.

El autor es docente, periodista y filólogo



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