Descubren por qué los pelirrojos soportan mejor el dolor


Las personas pelirrojas presentan una menor sensibilidad a determinados tipos de estímulos dolorosos, según ha desvelado un estudio desarrollado por investigadores del Hospital General de Massachussetts, EE UU y publicado en la revista especializada Science Advances.

Según ha explicado la institución en una nota de prensa este martes, este fenómeno se debe a que estas personas presentan una mayor actividad de los receptores opioides involucrados en el bloqueo del dolor y una menor producción de ciertos tipos de hormonas asociadas a la sensibilidad.


Este hallazgo podría tener aplicaciones a la hora de personalizar tratamientos dirigidos a hombres y mujeres con este rasgo; por ejemplo, la incapacidad de estas personas para broncear su piel podría ser atajada gracias a este nuevo descubrimiento.

De la misma manera, los profesionales de la salud podrán tener en cuenta los distintos umbrales de dolor a la hora de planificar terapias o intervenciones quirúrgicas.

Con anterioridad, ya se conocía que las personas, ratones y los ejemplares algunas otras especies tenían una sensibilidad distinta al dolor, pero se desconocía la causa. Los resultados de este estudio, sin embargo, permiten ahora conocer los procesos y mecanismos que intervienen en la sensación de dolor según la pigmentación del sujeto.

Los investigadores descubrieron que las células productoras de pigmento en la piel, los melanocitos, tienen un tipo diferente del receptor de la hormona melanocortina1 en las personas pelirrojas. Esta hormona es la que permite que los melanocitos produzcan pigmentos marrones, negros, amarillos o rojos y explica las distintas tonalidades de la piel humana.

Los cobrizos van a ser protagonistas en todas sus variantes.

Sin embargo,  estas variaciones también provocan que los melanocitos produzcan niveles distintos de algunas hormonas, algunas de ellas implicadas en la sensibilidad al dolor. 

Así, estos nuevos conocimientos pueden permitir a los científicos encontrar nuevas formas de manipular los procesos que controlan la percepción del dolor, como el diseño de nuevos fármacos que inhiban los receptores de melanocortina4.



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