Diez centrales en operación en el río Chiriquí Viejo


En el cauce de los 161 kilómetros del impetuoso río Chiriquí Viejo –que hace más de un mes se desbordó, causando la pérdida de vidas humanas y considerables daños materiales en Chiriquí– se albergan diez centrales hidroeléctricas. (Ver ilustración).

En conjunto, estas suman 390 megavatios de capacidad instalada, el equivalente a un cuarto de la demanda de energía que tiene el país en un día regular o suficiente para abastecer el consumo de electricidad de 800 mil habitantes, o dos veces la población de la provincia de Chiriquí.

Pasadas las inundaciones, surgieron preguntas sobre el papel de los embalses de estas hidroléctricas durante las inundaciones. ¿Fueron responsables de los daños causados por las inundaciones? ¿Abrir sus compuertas precipitó el desbordamiento del río? La respuesta de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP) es que todas las plantas instaladas en el río Chiriquí Viejo son de pasada, y “no existe ninguna hidroeléctrica de embalse”.

Y, hasta la fecha, la ASEP no ha recibido queja formal alguna por la operación de las centrales hidroeléctricas en el río Chiriquí Viejo. La entidad –que otorga las concesiones para el desarrollo de estos proyectos y que actúa como regulador del sector– indicó que está a la espera de un informe del evento meteorológico por parte de cada concesionario del río Chiriquí Viejo.

Más de 38 centrales hidroeléctricas en la provincia de Chiriquí

Los ríos Chiriquí Viejo, Chiriquí y Caldera alojan unas 38 hidroeléctricas, en su mayoría de pasada con pequeños embalses. Debido al rechazo de estos proyectos por sus efectos y el no cumplimiento de algunos concesionarios, las autoridades suspendieron la aprobación de nuevas concesiones.

Hidros ‘de pasada’

¿Qué es una hidroeléctrica de pasada o una de embalse?

Según la ASEP, hay una “definición regulatoria, basada en aspectos operativos, que establece que cuando una hidroeléctrica tiene un embalse que en su operación le permite un tiempo de regulación mayor a 90 días, la misma es una hidroeléctrica de embalse”.

En cambio, las hidroeléctricas de pasada pueden tener un área de reserva de agua. Y, según la ASEP, la legislación permite que sean pequeñas, con regulación horaria, es decir, que el agua almacenada solo permite la operación por algunas horas o, a lo sumo, días. Además, estos embalses deben cumplir las normas de seguridad de presas de la ASEP.

Según la entidad reguladora, estas son las especificaciones de las centrales ubicadas en el río Chiriquí Viejo: pequeños embalses en los que la reserva de agua solo alcanza para operar horas o días. En cambio, bajo esta consideración regulatoria y operativa, sólo las hidroeléctricas de Bayano –ubicada en Panamá este– y Fortuna –en Gualaca, Chiriquí– son de embalse. “El resto de las hidroeléctricas son consideradas de pasada, y tienen una capacidad de regulación fundamentalmente de horas o de algunos pocos días”, indicó la ASEP.

Este criterio lo comparte el ingeniero Gustavo Adolfo Bernal, exsubgerente de la estatal Empresa de Transmisión Eléctrica, S.A. (Etesa). “Las hidroeléctricas de pasada no tienen embalse. Sirven de protección aguas abajo. Todas sus compuertas están abiertas realmente siempre”, aseguró.

Los pequeños embalses –explicó– le quitan velocidad al caudal del río, y algunas veces son los canales de riego los que, al no tener capacidad, pueden anegar los terrenos que surten. El otro problema, agregó, “es la cuenca del río que, en mi opinión, recibió lluvia constante durante días… y le llegó la cola del huracán Eta, lo que incrementó las precipitaciones”.

“Los deslaves abrieron nuevos cursos de agua que también impactaron áreas que no estaban protegidas y canalizaron las aguas”, argumentó Bernal.

Hasta la fecha, la ASEP no ha recibido queja formal alguna por la operación de las centrales hidroeléctricas en el río Chiriquí Viejo. La entidad es la que otorga las concesiones para el desarrollo de estos proyectos y que actúa como regulador.

Aguas abajo

El día de la crecida, el pasado 4 de noviembre, las aguas del río se salieron de su cauce en varios puntos de los poblados que atraviesa, hasta que finalmente llegaron a las tierras bajas del distrito de Barú. Y, a medida que avanzaba la crecida, esta saturaba los pequeños embalses de las hidroeléctricas construidos a la par del río o a pie de presa, dentro del cauce.

La situación empeoró, ya que a las 2:00 p.m. del día de las inundaciones, hubo marea alta en la costa de Barú, lo que contribuyó a la anegación de la zona, donde las aguas cubrieron más de 700 hectáreas de cultivos de plátano, además de plantaciones de arroz, papaya y palma aceitera, que quedaron anegadas como nunca antes recuerdan haber visto los productores del área. Incluso, algunos afirmaron que las inundaciones que afectaron sus cultivos se debió a la apertura de las compuertas de las hidroeléctricas, algo que no ha sido confirmado por la ASEP.

La ASEP afirma que en este sector del país –durante el paso del huracán Eta– la entidad ejerció su facultad fiscalizadora para determinar el cumplimiento del programa de emergencia, conocido como Plan de Acción Durante Emergencias (PADE), exigido a estas centrales.

“Ante la presencia del huracán Eta, en el río Chiriquí Viejo, se activaron las acciones para atender la situación de emergencia, ‘crecidas ordinarias y extraordinarias’, activándose las alertas para las centrales hidroeléctricas desde la blanca hasta la roja y notificando a los estamentos de seguridad y emergencias (COE-Sinaproc) las situaciones presentadas en las diferentes centrales”, sostuvo la ASEP. Sin embargo, los pobladores del lugar aseguran que no hubo alerta temprana con sirenas u otro tipo de anuncio, algo que las comunidades reclaman que se organice para estar preparados ante un próximo evento.

LA PRENSA



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