Efectos colaterales | Opinión de Cristina García Ramos


El huracán Tamara, después de arrasar en suelo patrio tocó tierra en México, donde sus efectos también se dejaron sentir. El epicentro se localizó en el XIV Congreso Mundial de las Familias, donde la marquesa de Griñón tuvo ocasión de hacer unas profundas reflexiones sobre su propósito en la vida “que no es otro que llegar al cielo”. Y en eso anda.

Recuperándose a marchas forzadas de su sonada ruptura sentimental, lejos de mostrarse abatida, desde el minuto uno de su muy aireado desengaño amoroso desplegó una amplia actividad en la que alternó la promoción de la inmobiliaria que le construye su nuevo piso, con su cita semanal en el programa televisivo en el que colabora y, casi sin tiempo para hacer las maletas, con el viaje a México donde se la requería para dar testimonio y presentar una ponencia sobre la familia.

En todos estos lugares dejó su impronta en forma de sonoros titulares y es que lo que dice, como ella misma afirma, se convierte automáticamente en motivo de inspiración hasta para la Guardia Civil, a la que gustó aquello “del nanosegundo y el metaverso” para una campaña.

Está claro que no ha tenido suerte en amores y a sus cuarenta años aún no ha encontrado al hombre de su vida, pero Dios la está colmando de seguidores en Instagram y sustanciosos contratos. Ha sabido evaluar los daños y sacar beneficio. Los efectos colaterales están amortizados.



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