“El cerebro de cada niño es único por lo que hay que personalizar el aprendizaje lo máximo posible”


Maestro de primaria, Premio Nacional al mejor docente en 2013, cofundador de Niuco – empresa dedicada al acompañamiento de entidades educativas que buscan un cambio metodológico basado en los preceptos de la Neurodidáctica- y coordinador del curso Neurodidáctica: cerebro y aprendizaje de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Chema Lázaro es uno de las figuras de referencia en nuestro país para entender esta disciplina y el gran poder que puede ejercer para mejorar la motivación y el aprendizaje de los alumnos. Con él abordamos todos estos temas en esta entrevista exclusiva con 20Minutos.

Ha comentado en alguna ocasión que la Neurodidáctica le ha cambiado la vida pero, ¿cómo le explicaría a los profanos en qué consiste esta disciplina?

Mas que disciplina la llamaría transdisciplina. Como profesor la neurodidáctica me ha dado respuestas a cuáles de las prácticas educativas pueden llegar a tener mayor impacto en la educación del alumnado y he descubierto la importancia de aprender de otras disciplinas que no sean única y exclusivamente la que uno trabaja. Yo trabajo la parte educativa, soy maestro, y desde la pedagogía he profundizado mucho pero a la vez hay un montón de costructos a nivel neuropsicológico que también afectan al aprendizaje. Y también bastantes estudios a nivel del campo de la neurociencia que nos ayudan a entender qué es lo que ocurre en nuestro cerebro en esta situaciones. Si nosotros mezclamos toda esta información, a lo que nos ayuda la Neurodidáctica es a conocer cuáles son las mejores técnicas y estrategias para trabajar y con qué intensidad en función del momento de neurodesarrollo en el que están los alumnos.

“Hay que trabajar la educación desde los contextos. Un colegio en Madrid capital no es lo mismo que un colegio rural por lo que las estrategias deben cambiar”

Pero habrá técnicas que funcionen con un grupo de edad que no tienen por qué hacerlo con otro del mismo rango.

A pesar de las generalizaciones por etapas del neurodesarrollo algo que aprendes cuando conoces el funcionamiento del cerebro es que cada cerebro es único, con lo cual utilizar las mismas estrategias para todo el mundo no tiene mucho sentido. De hecho, actualmente en educación cada vez es mas tendencia intentar individualizar y personalizar el aprendizaje lo máximo posible en base a la premisa de que cada cerebro es único y que no todo el mundo aprende de la misma manera. Sobre todo, creo que es mas importante incluso trabajar desde los contextos. Por ejemplo, un colegio en Madrid capital no es lo mismo que un colegio rural en la sierra a pesar de estar en la misma comunidad autónoma por lo tanto las estrategias y los perfiles deberían de cambiar.

“Hay cuatro elementos clave en el aprendizaje: gestionar la motivación y la atención, trabajar las memorias y entrenar las habilidades mentales superiores”

Usted cuenta que se dio cuenta de que algunos de los conceptos de la Neurodidáctica ya los utilizaba de forma inconsciente antes incluso de especializarte en ella. ¿Qué necesita un profesor para aplicar y conseguir buenos resultados en el aula con ella?

El primer principio de la Neurodidáctica que yo aplicaba sin saber era el de poner al alumno en el centro: cuáles son sus necesidades, sus gustos, sus problemáticas, el momento del neurodesarrollo en el que están… y partiendo de ahí, hay que combinar cuatro elementos clave para el aprendizaje. Por un lado, gestionar la motivación del aprendizaje del alumno jugando con los diferentes tipos para llegar a tener una motivación de logro, aprender a gestionar la atención como un recurso muy limitado – tanto la atención de alerta como la atención voluntaria- , aprender a trabajar desde todas las memorias sabiendo que no solo las estrategias de mecanización y de repetición son las únicas para poder aprender, que se puede trabajar desde otras memorias; y por último, el entrenamiento de lo que llamamos hoy las habilidades mentales superiores: todo este trabajo a través de la función ejecutiva, del pensamiento creativo, el pensamiento crítico… Todo ello en base al desarrollo y el conocimiento del contenido porque si el alumno no tiene contenido ni información no puede desarrollar el pensamiento crítico. Esas son en mi opinión las cuatro grandes gestiones. En los últimos tiempos, además, he ido aprendiendo la relevancia que tiene el usar una evaluación formativa durante todo el periodo de aprendizaje: para que el alumno tome consciencia de en qué le están saliendo bien las cosas, en qué está fallando y cómo podría cambiar otras estrategias.

“”Imaginemos que un zapatero diseña zapatos sin conocer un pie, del mismo modo no tiene sentido dar clase sin conocer el cerebro”

¿Y cuáles son los principales beneficios que aporta a los niños la Neurodidáctica cuando se trabaja en los colegios?

En realidad todo el mundo la trabaja, lo que pasa es que hay gente que tiene más consciencia y más intencionalidad de lo que está haciendo y otra que no. Imagínate que un conductor no circulara, pues esto es igual de imposible. Todo el mundo trabaja bajo el paraguas de la Neurodidáctica, que es el conocimiento del funcionamiento del cerebro para el aprendizaje. La historia está en saber cuánto de foco tienes porque cuando conoces puedes hacer una mejor intervención. Si tienes a un niño que notas que está bastante disperso en clase pero que ante una tipología concreta de tareas responde mejor, tú lo que puedes hacer en tu diseño didáctico es ver cómo captar la atención de ese niño para que funcione en clase y variarle las actividades para que haya de las que se enganche y de las que no. Mi colega Anna Forés dice que imaginemos que un zapatero diseña zapatos sin conocer un pie, del mismo modo no tiene sentido dar clase sin conocer el cerebro.

“Hoy sabemos que ‘la letra con sangre entra’ no acaba de funcionar porque el cerebro está hecho para obtener placer”

Usted considera que la memoria y la motivación son dos de la grandes damnificadas en las escuelas. ¿Por qué se ha llegado a esta situación y que hay que hacer para cambiarla?

El mundo es muy ambivalente: o todo o nada. Veníamos de una corriente en que la motivación era algo que el estudiante tenía que traer, que se le exigía y, además, le exigíamos la cultura del esfuerzo porque sin él no había aprendizaje. Hoy sabemos que esto no acaba de funcionar bien porque el cerebro está hecho para obtener placer por lo cual cuanto más placenteras sean las experiencias las motivaciones son mucho más intrínsecas. Esto no quiere decir que no haya que fomentar en el alumno la perseverancia, la voluntad, el trabajo duro, el análisis de los errores… No tiene nada que ver con esto, tiene que ver con hacer un buen uso de la motivación. ¿Qué es lo que ocurre ahora? Pue que en esta última década nos hemos pasado de frenada con esto de la motivación. Muchos colegios parecen campamentos de verano en el que el único objetivo es que el chaval esté feliz, lo salvaguardemos, que emocionalmente esté tranquilo. Estamos cayendo en un ablandamiento en el que nos estamos edulcorando tanto que no les estamos exponiendo a lo que realmente es el aprendizaje y el aprendizaje es alcanzar objetivos a corto, medio y largo plazo, generar estrategias, perseverar, equivocarse, seguir trabajando duro… 

“En la última década nos hemos pasado de frenada con esto de la motivación. Muchos colegios parecen campamentos de verano”

Y ahí es donde entra un buen uso de la motivación y para eso a mí me gusta mucho trabajar con una teoría en la que se habla de que hay cuatro paradigmas a afrontar para que haya una motivación de logro: dar motivos al alumno, fomentarle la autonomía para que la clase no sea únicamente unidireccional y pueda tomar decisiones, la maestría (no solo dar la nota al final del aprendizaje sino guiarle a través de todo el proceso y decirle dónde se puede estar equivocando) y fomentarle las relaciones sociales (si el cerebro está diseñado para ser social y cooperar no tiene mucho sentido aprender de manera individual sin interacción con otros cerebros). Ahí es donde vamos a conseguir un equilibrio entre ese ‘la letra con sangre entra’ por este otro modelo motivacional.

¿Y qué ha pasado con la memoria?

Veníamos de un modelo donde la memorización era muy importante pero lo que realmente tenemos que ver es si la memorización es la mejor estrategia si queremos conseguir aprendizajes a largo plazo. Uno repite cuando ha conceptualizado y a partir de ahí haces una estrategia de repetición para poder fijarlo en tu memoria. Me parece un error gravísimo que en la escuela actual se diga que la memoria no es relevante, es un error fatal porque las personas somos memoria y sin memoria no tenemos nada. Lo que tenemos que tener claro es que hay un conjunto de memorias que a la hora de generar los aprendizajes hay que combinar: emocionales, motrices, semánticas, autobiográficas… Y jugar con todas ellas en la experiencia sabiendo que la buena memorización tiene tres grandes momentos: uno en el que enseñamos a codificar la información al alumno, un segundo de almacenamiento donde la comprende y la conceptualiza para fijarla en su memoria a largo plazo y, por último, las competencias, donde el alumno es capaz de transferir el aprendizaje.

“Me parece un error gravísimo que en la escuela actual se diga que la memoria no es relevante, las personas somos memoria y sin memoria no tenemos nada”

¿Cuál debería ser el papel de la familias en todo este proceso educativo?

Niño llorando

Este tema es difícil de abordar porque la mayor parte las familias tienen difícil compaginar su vida personal con la laboral. Si quiero participar de la vida escolar de mis hijos pero mi jornada laboral termina a las siete de la tarde es complicado. Y luego creo que la mayor parte de los proyectos educativos tienden a ser poco participativos con la opinión de las familias. Es decir, les damos un proyecto educativo cerrado y enlatado en el que poco pueden hacer. Es importante dotarles de espacios para que la familia también pueda contribuir a ese proyecto, que la escuela sea como un organismo vivo. Otra forma de poder empezar a cambiar la participación de las familias es en las reuniones que se mantienen con ellos. Que no sean única y exclusivamente instruccionales sino contar el proyecto educativo, los objetivos, lo que se puede reforzar en casa y, a partir de ahí, generar ese diálogo desde el que se pueda construir juntos.

“Los proyectos educativos tienden a ser enlatados y poco participativos con la opinión de las familias”

Aparte, la familia tiene que entender que la escuela no es el único lugar en el que se educa y donde se aprende. Esto se hace en cualquier contexto. Si quiero que mis hijos tengan unos buenos hábitos lectores, ¿qué tipo de biblioteca o qué tipo de ocio ofrezco yo en mi casa? O si quiero que tengan un acceso correcto a la tecnología, ¿qué es lo que están viendo? El hogar es otro importante contexto donde se van a relacionar los niños no solo única y exclusivamente en la escuela, que tiene un papel fundamental pero no el único.

De hecho usted considera que el hábitat donde crece el niño determina en un porcentaje altísimo todo lo que va a llegar a ser ese niño.

Claro, uno de los avances en Neuroeducación es el avance de la epigenética: como el contexto modifica la expresión genética que uno tiene. Imagínate que estamos hablando de un juego de cartas en el que tú tienes unas muy buenas cartas que sería tu genética. Pero va a depender del entorno, de cómo te enseñen a jugar las cartas, si te enseñan las normas completas del juego o no… el éxito que vas a ser capaz de obtener en esta partida. Del mismo modo, el contexto va a ser muy determinante en el aprendizaje y por eso la escuela tiene tanta importancia, porque en muchas ocasiones es un agente compensador de estas desigualdades. Por eso siempre hablamos de la escuela como agente facilitador y de transformación de cambio.

“Debemos trabajar con los niños la mentalidad de crecimiento: que su éxito no depende de sus capacidades sino de su capacidad de perseverar”

Por último, ¿qué importancia tiene en este proceso educativo la educación emocional?

La pandemia nos ha puesto delante la importancia de tener una buena gestión emocional porque la mayor parte de las personas que no han sabido gestionar bien sus emociones de ansiedad, estrés y frustración han terminado ‘petando’ en este proceso. Yo me fijaría sobre todo en tres principios: identifica tus emociones, aprende a regularlas y en función de eso aprende a expresarlas con la intensidad justa, con la persona adecuada y en el momento determinado. De cara a las familias, además de la inteligencia emocional pura y dura yo trabajaría otro concepto que creo que es muy relevante y está muy relacionado con la inteligencia emocional pero que quizás se conozca menos: la mentalidad de crecimiento. Cómo podemos enseñar a nuestros hijos que su éxito no depende de sus capacidades sino de su capacidad de perseverar y de trabajar duro ante las cosas, que los errores importan porque nos ayudan a aprender, que rodearnos de gente mejor que nosotros nos va a ayudar a crecer. Vamos a trabajar la admiración por encima de la envidia, vamos a aprender a cooperar en lugar de competir… 

“Trabajemos el ambiente emocional en casa: cómo afrontamos los fracasos y cómo ayudamos a los niños a afrontar sus problemas”

Enseñarle a nuestros hijos que los resultados son importantes pero que los procesos que nos llevan a estos resultados son determinantes y nos va a enseñar más cosas que el resultado. Para que aprendan que en la vida coger atajos no está bien porque cuando les decimos que lo único que importa es su nota académica lo que les estamos diciendo es que todo lo que hagas por el camino nos da igual si trae un ocho a casa: aunque copie, pisotee o se comporte mal… Entonces, ¿qué valor tiene esto? Lo interesante es qué habilidades y estrategias utiliza y ahí la inteligencia emocional tiene un papel determinante. Como aprendo a gestionar mi frustración cuando he fracasado en un primer intento, cómo trabajo mi resiliencia para poder hacerlo otras veces y cuando además estoy viendo que mis compañeros han alcanzado los objetivos y yo no termino de llegar. Y esto las familias lo pueden reforzar de muchas maneras: alabando su trabajo por encima de los resultados, hablando con ellos y analizando por qué han ocurrido las cosas, formulándoles preguntas, generando espacios donde la curiosidad y la sorpresa sean emociones que potencien todo lo que va a ocurrir e, incluso, si muestran especial interés por algunos temas pues potenciarlos. Y por supuesto, no olvidar el ambiente emocional en casa: cómo afrontamos los fracasos, cuál es nuestro estilo comunicativo y cómo les ayudamos a ellos a afrontar los problemas.

El docente y experto en neuroeducación Chema Lázaro.
El docente y experto en neuroeducación Chema Lázaro.
CORTESÍA UNIR.



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