El mundo gira en torno a las vacunas


Pronto se cumplirá un año desde que, el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el nuevo coronavirus Sars-CoV-2 y la enfermedad que provocaba, la Covid-19, pasaban a ser considerados una pandemia.

El coronavirus ha afectado muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana: las relaciones y encuentros sociales, los desplazamientos por la ciudad, la forma de consumir en bares y restaurantes, cómo utilizamos internet y las redes sociales para informarnos, comprar o hablar con nuestros amigos y familiares…

A día de hoy, la Covid-19 ha provocado más de 2,4 millones de muertes en todo el mundo según datos de la Universidad Johns Hopkins. Por eso, desde el inicio de la pandemia, el gran objetivo de la humanidad era el desarrollo de una vacuna capaz de frenar la expansión del virus.

Gobiernos y empresas farmacéuticas de diferentes países se lanzaron a desarrollar una vacuna. Se trata de un proceso que puede durar años, aunque en este caso se aceleró el proceso. Por otro lado, los ensayos clínicos con humanos suelen seguir tres fases.

En agosto de 2020, el gobierno ruso anunció que ya había desarrollado una vacuna: la Sputnik 5. No obstante, algunos científicos y gobiernos desconfiaron porque consideraban que no había pasado tiempo suficiente para cumplir con todas las fases del proceso. En noviembre de 2020 se anunció la llegada de otras dos vacunas: una creada por la farmacéutica estadounidense Pfizer y la alemana BioNtech, y otra por los laboratorios biotecnológicos Moderna, con sede en Massachusetts (Estados Unidos).

El 8 diciembre 2020, la primera persona del mundo fue vacunada contra el coronavirus: se trataba de Margaret Keenan, una mujer de 90 años del Reino Unido.

Los países pobres, los más perjudicados

Desde entonces millones de personas han sido vacunadas, la gran mayoría en los países occidentales. Israel encabeza la lista con diferencia y ya ha vacunado al 30% de su población (2,6 millones). Le sigue Estados Unidos con un porcentaje de vacunación del 4,2% de la población (14 millones de personas).

Sin embargo, la OMS ya ha alertado de que los grandes perjudicados por la estrategia de vacunación global son los países en vías de desarrollo, que no disponen de tantos recursos económicos y no pueden competir con los países ricos para adquirir las vacunas.

En enero de 2021, el director general de la OMS, Tedros A. Ghebreyesus, denunció que de los 39 millones de dosis administradas hasta entonces, solo 25 dosis fueron en países pobres (un 0,00006% del total).

Ghebreyesus recordó que lo mismo había sucedido con las vacunas contra la gripe A en 2009 o con los fármacos para tratar el virus VIH, que evitan que las personas portadoras desarrollen la enfermedad del sida y que llegaron a los países más pobres una década más tarde que en los países ricos.

Rusia gana influencia con su vacuna

A diferencia de las vacunas de Pfizer-BioNtech y de Moderna, que utilizan la nueva técnica del ARN mensajero, la vacuna rusa Sputnik V utiliza la técnica habitual de introducir una variante más débil del virus para que el cuerpo aprenda a detectarla y a generar una respuesta inmunitaria.

Al principio, la Sputnik V fue acogida con escepticismo por la comunidad internacional por la rapidez con la que se había desarrollado. De hecho, una parte de la población rusa no acudió a vacunarse cuando empezó la campaña de vacunación.

Sin embargo, ahora la opinión pública ha cambiado. La revista científica The Lancet, una de las más prestigiosas del mundo, publicó a principios de febrero un artículo donde se aseguraba que la Sputnik V tenía una eficacia superior al 90%. Los resultados se basaban en un estudio con cerca de 20.000 participantes.

La vacuna rusa tiene un precio más asequible y es más fácil de distribuir que las otras, porque puede almacenarse a una temperatura de entre 2ºC y 8ºC. En cambio, la vacuna de Pfizer necesita conservarse a -60 o -80ºC, por ejemplo, lo que dificulta su utilización.

De este modo Rusia ha ganado influencia en el panorama internacional. Sobre todo en América Latina, donde varios países han optado por la vacuna rusa antes que las producidas en Estados Unidos y Europa.

Además, al ser una vacuna producida por el gobierno, las autoridades rusas pueden decidir a qué precio venderla y utilizarlo para ganar aliados entre los países con menos recursos.

Fuentes: OMS, EFE, BBC, Redacción Médica

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