El VIH, un enemigo silencioso entre nosotros


Una mala decisión puede cambiarlo todo. “Yo intenté tomarme un veneno que tenía mi papá para así acabar con mi vida”.

Detrás de cada muro de la casa hogar El Buen Samaritano, ubicado en Juan Díaz, hay una historia que pide ser contada para que no se vuelva a repetir. Algunos testimonios revelan las luchas que han afrontado sus residentes tras simplemente un mal día.

 

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El centro alberga a personas que necesitan tratamiento contra el VIH, un techo para dormir y una mano amiga cuando todos les cierran las puertas.

Las ganas pueden más

Stephen, como llamaremos a nuestro testigo, es un joven de 27 años de edad, oriundo de una comunidad Ngäbe Buglé y actualmente vive en este hogar.

Él fue criado solo por su padre en compañía de sus hermanos y abandonado por su madre desde los 6 años. A los 18 años migró a la capital para cambiar su vida, poder trabajar y así cumplir su sueño de ser marino.

“Yo empecé a trabajar en una lavandería por la 12 de Octubre y en ese lugar con el tiempo me hice amigo de un cliente que me decía ‘cuándo nos vamos a tirar unas’. Al principio le decía que no, no y no. Hasta que un día, después de tanta insistencia, acepté y me quedó gustando el ambiente que vi en la ciudad”.

Stephen reveló que tras varias salidas, algunas junto a su amigo y otras ya por su cuenta. Se tornó un vicio ir a estos bares por la 5 de Mayo. Allí conoció a una muchacha como a eso de la 5:00 p.m. de un domingo. Lo cual recuerda muy bien.

Desde que la vio supo que tenía que hablarle y tras un par de tragos encima cogió más valor.

Luego de un par de palabras y un baile, se fue con ella a una pensión cerca. Al llegar, luego de una serie de besos y caricias, justo antes de pasar a algo mayor, la joven le pregunta si tenía preservativo y él le dice que no y que no le gustaba. A pesar de nunca haber usado un preservativo, su primera y única respuesta fue “sin condón mejor, no me gusta y yo no lo compro”. Esa decisión lo cambió todo. A la mañana siguiente, él recuerda que la joven se tomó unas pastillas. “Yo la vi”. Al salir cada uno tomó su rumbo, no sin antes ella pedirle el celular para estar en contacto. El siguiente fin de semana la volvió a ver y pasó lo mismo.

Al cabo de varios meses todo empezó a salir mal. Ahora en un nuevo trabajo, empezó a enfermarse seguido, vomitaba frecuentemente. Su compañero de labores le dijo que asistiera al médico. Para ese tiempo vivía con su hermana en la ciudad, ella le daba la comida, pero él no le decía que se sentía mal. Un día le comentó que tenía fiebre y de ahí no supo más.

“Me llevaron al hospital de emergencia y ahí me diagnosticaron el VIH, con tan solo 20 años. Tenía que aceptarlo, pero era díficil, ya la relación con mis hermanos no era igual. Yo no podía sentarme ahí y si me hablaban lo hacían desde lejos. Llegó un tiempo en que quise hasta tomarme un veneno”, acotó.

Luego de eso, asegura que se fue para Chiriquí con solo el pasaje, antes viajaba y llevaba dinero, pero cuando llegó su padre tenía otra mentalidad. “Me decía, yo quiero un hijo con plata, no enfermo”, expresó.

 

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Su papá tenía un veneno y pensó en tomarlo, pero no lo hizo.

Su padre se limitó a decirle que con el dinero de su jubilación solo le daría el pasaje para buscar su tratamiento. Esto siempre iba acompañado de reproches.

Aunado a esto, sufrió toxoplasmosis y le afectó la movilidad su mano.

Junto a uno de sus hermanos, buscó a su madre, pero eso no fue nada fácil.

Su madre le llamaba sidoso y hoy lo cree muerto.

De regreso a la comarca, su padre le habilitó un ranchito improvisado. Lo apartaron totalmente. Sus sobrinos no se acercaban a él, pues decían que se les pegaría lo malo. Varias veces se preguntó por qué no moría y le preguntaba a Dios qué más tendría que hacer.

 

Buscar el tratamiento se le seguía haciendo difícil y regresó a la ciudad donde una hermana, quien al menos le dijo que Dios le tenía un propósito.

Estando en Panamá volvió a convulsionar y tuvo que ser internado. Su hermana pidió apoyo a otros familiares y estos le dieron la espalda. Al estabilizarse, revisó el Facebook de la muchacha con quien tuvo relaciones sexuales y fue así que se entera que había muerto. En su perfil varios amigos le decían “que en paz descanse”. Ahí se dio cuenta que fue ella quien se lo contagió.

Su hermana le dijo que no me podía seguir ayudándolo, porque no podía con su pareja y sus hijos. Al menos le sugurió ir al hogar gracias a la recomendación que le dio una trabajadora social que llevaba su caso, porque como en el hospital había que pagar, su hermana no tenía como.

Desde agosto de 2019, Stephen vive en el hogar, la relación con su familia ha mejorado bastante, tiene un techo, recibe alimentos y su tratamiento en la mañana y en la noche.

“Pienso que puedo seguir estudiando, el inglés me gusta bastante y aún quiero ser marino”.

Sthephen reveló a día a día que a pesar de todo, ve en ello una oportunidad para hacer cosas con una mente más madura y enfocada. “Esta casa me ha dado todo. Gracias a Dios estoy aquí”.

Cifras alarmantes

“En los últimos dos años ha aumentado un 4% los casos en la población joven de 10 a 19 años. Hay chicos que están teniendo relaciones sexuales entre los 10 a 12 años y si no es un embarazo, es una enfermedad venera o en el peor de los casos VIH”, asegura Orlando Quintero, director de la Fundación Probidsida, con cifras recapituladas por el Ministerio de Salud.

“De cada 100 jóvenes que se hacen la prueba en la clínica, unos 27 pueden estar marcando positivo”, resaltó el especialista.

Parece mentira, pero hoy en día nadie debería decir que no conoce los peligros de una relación sin cuidado, pero al parecer el deseo puede más que la fuerza de voluntad o por lo menos la manera de protegerse.

“Nadie debería morir de SIDA si hay los tratamientos retrovirales para frenar y luchar contra el virus”, agregó Quintero.

El virus está más cerca de lo que crees

Según las últimas estadísticas demográficas, la tasa de índice de mayores casos de VIH se reflejan en Colón, seguido de la Región Metropolitana, Panamá Norte, Panamá Oeste y la Comarca Ngäbe Buglé. Siendo la tercera causa de muerte más común en esta última región.

Llegó la hora de no tener miedo

Por ley, las pruebas de VIH son gratuitas en los centros de salud y en el caso de Probidsida tienen un costo por donación de 5 balboas, inversión que es usada para los gastos operativos de la institución.

 

17,150 persona/SIDA reportados en los últimos dos años.

11,760 defunciones respaldadas por el Ministerio de Salud.

13,290 Persona/VIH, cantidad con el virus y que son tratadas.



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