En dos ocasiones reunimos a la familia: Navidades y Año Nuevo


Samuel Lewis Galindo

“Mis deseos para todos los que tengan la amabilidad de leerme, mis felicitaciones y la plena seguridad de que el próximo año será muy venturoso para todos”

Nuestra familia es muy numerosa. Itza y yo teníamos la costumbre de reunir a toda la familia para celebrar las Navidades en casa. Asistían todos a la celebración que teníamos especial para ellos, en la cual, se intercambiaban los regalos que habían preparado y admiraban el “Nacimiento” con sus muchas figuras. El árbol con sus adornos y luces y el gigantesco Santa Claus que habla y canta.

En una ocasión no la pudimos llevar a cabo por acciones humanas (la invasión norteamericana a Panamá) y en la otra, fue responsable la naturaleza (la COVID-19).

La fiesta navideña la hacíamos en casa. Para el año nuevo, uno de los descendientes hacía una cena a la cual asistíamos, haciendo votos por la felicidad de todos el próximo año.

En 1989, la situación en Panamá, motivada por las luchas de muchos civiles contra los militares, lo hizo imposible en esa ocasión. El bombardeo de los aviones de los EE. UU. destruyó por completo El Chorrillo, con su secuela de heridos, dolor y muchos muertos, que, aún pasados 31 años, no se sabe realmente la cantidad.

El padre Javier Beteta, párroco de la iglesia de Fátima, situada en el centro de El Chorrillo, manifestó que, antes del bombardeo norteamericano, dos miembros de los “batallones de la dignidad” incendiaron la casa #1 de la calle 25, que está muy cerca de la Escuela República del Salvador. Los norteamericanos se jactaban de lograr su objetivo principal, que era la captura del general Noriega. Hubo toda clase de disturbios en la ciudad de Panamá. Se produjeron saqueos, trifulcas; en fin, era una ciudad convulsionada. Los militares, salvo pocas excepciones, no defendieron sus cuarteles. Sí actuaron los “batallones de la dignidad”, integrados por muchos panameños con sentimientos patrióticos y algunos maleantes, como los que le prendieron fuego a una casa en El Chorrillo, según declaraciones públicas del padre Beteta.

Los “batallones de la dignidad” fueron creados por el general Noriega para defender al país o más bien, a él. Los armó muy bien y puso de jefe del grupo al señor Colamarco.

Muchos años después, la naturaleza con la pandemia nos obligó a permanecer a la familia separada. Cada uno permaneció en su casa, por lo que resultaba imposible, además, por las mismas limitaciones que dictaron las autoridades de salud.

Esperamos confiados que en el próximo año la vida nuestra se normalice y podamos volver a reunir, como ha sido la costumbre, a toda la familia.

Mis deseos para todos los que tengan la amabilidad de leerme, mis felicitaciones y la plena seguridad de que el próximo año será muy venturoso para todos. El 2020 ha sido un año muy malo en todo sentido. Y esperamos, confiados, que el 2021 será mucho mejor para todos los panameños.

A Nito Cortizo le reitero mi cariño, extensivo a toda su familia, y mi deseo de que pueda resolver todos los problemas que no pudo solucionar en el año que finaliza y esperamos que en el 2021 tenga éxito.

Empresario



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