¿Es normal tener fantasías eróticas que me generen malestar?


Las fantasías sexuales son una parte integral de la sexualidad humana y, habitualmente, son una gran fuente de placer y disfrute. Sin embargo, para algunas personas pueden, a veces, volverse extrañas, invasivas e incluso generar malestar genuino.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que fantasear es completamente normal, forma parte de una sexualidad madura y sana y no hay nada de malo ni preocupante en ello por sí solo. Además, es normal que el contenido de nuestras fantasías no coincida siempre con el de nuestros deseos conscientes. Por ejemplo, es común fantasear con personas de nuestro entorno con las que no necesariamente desearíamos mantener relaciones sexuales en la vida real, o con cometer infidelidades (en el caso de las personas que tienen pareja) a pesar de que realmente no querríamos hacer tal cosa.

De hecho, dos de las características claves de las fantasías es que son privadas y ficticias. Por una parte, podemos elegir no compartirlas con nadie, y quedárnoslas para nosotros. Por otra, no tienen consecuencias en el mundo real, y escoger entre tratar de hacerlas realidad o reservarlas para el mundo imaginario es una tarea de cada uno.

Cuando las fantasías generan malestar, suele ser porque entran en conflicto o bien con nuestra moral aprendida o bien con la realidad.

Por ejemplo, en el primer caso, puede ser que fantaseemos con escenas que contradicen directamente nuestras ideas sobre lo que está bien y lo que está mal, como las ya mencionadas infidelidades o encuentros violentos. Este tipo de conflicto psicológico, en el que pueden influir factores como la religión, las experiencias vividas o la educación recibida, puede llegar a afectar negativamente la imagen de nosotros mismos. 

Si esta es la situación, puede ser beneficioso recordar el carácter ficticio de las fantasías y el hecho de que no tienen consecuencias negativas en nuestra realidad: que imaginemos este tipo de vivencias no significa que rompamos con nuestro código ético en la vida real.

No obstante, en casos extremos, este conflicto psicológico puede revelar que nuestro código moral es excesivamente rígido y restrictivo y que nos conviene realizar cambios en nuestra visión del mundo: por ejemplo, si nos causa malestar fantasear con personas del mismo género (lo que podría estar revelando una orientación sexual reprimida) o incluso el mismo acto de fantasear. Cuando esto sucede, puede ser beneficioso consultar a un especialista para que, a través de tratamientos como psicoterapia, nos ayude a reexaminar nuestro sistema de creencias para eliminar esa opresión autoimpuesta, que puede en sí misma llevar a trastornos psicológicos.

Por otra parte, una fantasía puede entrar en conflicto con la realidad cuando existe un deseo persistente de llevarla a la práctica y esto o bien no es posible o bien nos lleva a conductas de riesgo o negativas. Dependiendo del caso, la solución puede pasar por tratar de desechar la fantasía (por ejemplo, inspirándonos en fuentes como el cine o la literatura) o por buscar ayuda psicológica para atajar ese deseo de realizarla, especialmente cuando se vuelve incontrolable.

Al fin y al cabo, es importante y sano examinar nuestras propias fantasías y cómo interactúan con nuestros valores morales y con la realidad que habitamos; pero desde una perspectiva abierta, entendiendo que no hay nada de malo en el hecho de tener fantasías sexuales y buscando las causas del malestar que puedan generar para sobreponernos a él.



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