Gobierno de unidad nacional | La Prensa Panamá


Cuando los Estados atraviesan por una crisis continuada multifactorial, los políticos sensatos optan por conformar lo que se ha dado en llamar “Gobierno de Unidad Nacional”.

La razón radica en que hay pérdida de credibilidad del gobierno de turno y habrá reticencia del pueblo a respetar la conducción de esos políticos de turno.

Panamá lleva 50 años de crisis, desde los tiempos de la dictadura. Caída la dictadura, se omitió hacer un gran acuerdo para manejar políticamente el reemprender el camino democrático de búsqueda del bien común y en vez de ir a una refundación de la República resquebrajada, se optó por un “Estatuto de Retorno al Orden Constitucional”.

Pasados 30 años, ese retorno se ha convertido en una profundización de la crisis institucional y moral que se daba en dictadura. Cada gobierno de la llamada “etapa democrática” ha ido degradando la vida ciudadana. Ya se puede decir que, al estilo panameño, vivimos un Estado fallido.

En días pasados, el doctor en Ciencias Políticas, Carlos Guevara Mann, con el título “Relevancia del Bicentenario”, nos llevó a que debemos exigir un gabinete independiente y la renuncia de Cortizo y Carrizo. Dentro del actual referente constitucional del artículo 189, se nombra un ministro encargado de la Presidencia para ir a elecciones, en no más de seis meses. El presidente elegido, una vez posesionado, debe llevarnos a un proceso constituyente de “plenos poderes”. Así reordenamos lo que llevamos 50 años de desgreño.

A ese gobierno que nos lleve a elecciones le denomino “Gobierno de Unidad Nacional”, integrado, en lo posible, por ciudadanos diferentes a los que han sido cómplices de la crisis continuada de estos 50 años.

Hay quienes promueven candidaturas para el 2024, como opción de enderezar el caos. Y, ¿qué de la degradación en marcha que estamos viviendo?

La nación es un cuerpo social que tiene similitudes con los cuerpos biológicos. Si un ente biológico entra en crisis de salud, postergarle atención es tener peores pronósticos para recuperación. Por eso, esperar al 2024 es profundizar la crisis y los padecimientos de todos, principalmente de los más pobres.

Conformar un “Gobierno de Unidad Nacional” no es fácil, pero la profundización de la crisis obligará a conformarlo. La corrupción y la ineptitud reinante obligarán. Pero necesita de una acción política, que haya un grupo catalizador (un grupo, no un mesías) que gane credibilidad y la calle, para que Cortizo y su grupo entiendan que el camino se acabó. Ese gobierno debe tener a ciudadanos lo más probos e ilustrados. Instalados los nuevos ministros, Cortizo y Carrizo, por presión popular, deben renunciar y “el ministro encargado de la Presidencia” llama a elecciones.

Nos jugamos que, ante la profundización de la crisis y que no hay alternativa política, la Fuerza Pública reedite 1968, so pretexto de contener la crisis y, porque en realidad, son los únicos con estructura coherente con presencia en todo el territorio nacional.

La Asamblea Constituyente, elegida por convocatoria del gobierno de transición, asume toda la legitimidad y acuerda el nuevo pacto político, un verdadero pacto del bicentenario, no la estratagema engañosa de Cortizo para ganar tiempo.

De no darse algo igual o parecido, Panamá seguirá acumulando crisis y ni los ricos vivirán bien, no se diga los pobres.

Un ingrediente que se requiere es que los ciudadanos con visión dejen a un lado sus aprensiones y egos que han permitido, hasta ahora, que gente de la peor ralea asuma cargos públicos en los tres Órganos del Estado, que junto a cómplices de la sociedad civil (actores de sectores empresariales, gremiales y sindicales), conformen el poder constituido que, por no decir desde siempre, han pelechado del Estado.

Llega la hora del poder constituyente…

El autor es odontólogo



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