¿Hasta cuándo con hidroxicloroquina para la Covid-19?


El 13 de febrero se cumplen 7 meses del comunicado de la dirección general de salud autorizando la utilización de hidroxicloroquina para uso en pacientes con Covid-19. La indicación en ese momento carecía de toda evidencia científica, pero se sustentaba en que se había retirado debido al falso artículo publicado en Lancet, donde se observó un aumento de la mortalidad. El argumento no fue que se había probado era útil, si no que se retiró un artículo que la asociaba a más muertes. Otro argumento usado para volver a recomendarla es que “posiblemente existían factores de índole genéticos u otras características propias de la población y que habían notado una disminución significativa de los casos de la enfermedad”. Todo sin presentar análisis estadísticos o publicación respectiva. Muchos médicos conocedores de la medicina basada en pruebas no estuvimos de acuerdo y lo hicimos saber en artículos de opinión publica, en mi caso publiqué el 24 de julio uno titulado “Me Opongo” explicando por que no debía usarse hidroxicloroquina, ivermectina ni vitaminas. Ese mes se hace la publicación en preprint del artículoRecovery, hasta hoy el estudio aleatorio con más pacientes y donde se prueba la no utilidad de hidroxicloroquina, incluso se asocia significativamente con más necesidad de ventilación mecánica o muertes. Desde el mes de julio de 2020 hasta la fecha el aporte de la evidencia en contra de la hidroxicloroquina es abundante, incluso la revisión sistemática de la organización mundial de la salud (OMS) muestra una calidad de evidencia moderada (el tercer nivel de cuatro) en contra de su uso por falta de beneficios e incluso mayor mortalidad (3%), siendo no significativa, pero con muy clara tendencia (-0.3 a 6.6%). Organizaciones y asociaciones mundiales en salud no la recomiendan; también el grupo de asociaciones médicas de Panamá se han manifestado en contra del uso de hidroxicloroquina e ivermectina. Desafortunadamente, las autoridades en salud del país no han dado una contra orden, siguen dándola en el kit, en hoteles y por el contrario en el mes de enero aparecieron notas de autoridades locales reiterando su uso.

Retractarse o cambiar la orden no es pérdida ni es una muestra de fracaso, por el contrario, es una muestra de rectificación y querer hacer lo mejor.

La ciencia evoluciona buscando acercarse a la verdad, para esa evolución se requieren muchas investigaciones y como es obvio toda enfermedad nueva parte de nada y se aplican conocimientos de enfermedades similares hasta que aparezcan las investigaciones mostrando verdades de esa nueva enfermedad.

A nivel mediático y en especial en redes se ha condenado/criticado al Dr. Sáez-Llorens (pediatra-infectólogo e investigador de reconocimiento mundial, de quien los panameños debemos sentirnos orgullosos por sus aportes a la ciencia) debido a que al inicio de la epidemia ofreció opinión contraria al uso de mascarillas, pensó como muchos que sería una historia similar al SARS-CoV y al MERS. No fue el único científico que pensó así, pero él ha aceptado que la ciencia evoluciona y ha seguido sin ningún desvío haciendo lo que decía en ese momento y dice actualmente la evidencia, pues no se trata de predecir o adivinar. La FDA (USA) autorizó el uso de emergencia de hidroxicloroquina a finales de marzo de 2020 y en base a las nuevas evidencias revocó (15 junio 2020) esa autorización. Igual ha pasado con la OMS, en diferentes tópicos de la enfermedad. Algunos dicen y siguen diciendo que fue un error las decisiones iniciales, pues no es así. Todas esas opiniones y decisiones se basaban en la evidencia existente y de nuevo la ciencia va descartando y quedándose con lo que más se aproxima a la verdad.

En Panamá llevamos 7 meses con una conducta inadecuada con respecto al uso de medicamentos para la Covid-19, es inaceptable nuestras autoridades sigan manteniendo esas recomendaciones. La medicina basada en evidencia no lo acepta y la historia tiene partes malas y buenas, esperamos en este capítulo aparezca muy pronto la parte buena.

El autor es médico e investigador clínico



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