Inequidad digital debilita la cuarentena


Panamá se supone que es una sociedad altamente digitalizada. El país cuenta con más aparatos celulares que habitantes y el acceso a redes sociales se considera amplio.

Sin embargo, la crisis del Covid-19 ha demostrado que el otro rostro del país pesa demasiado para darle una respuesta rápida a la pandemia.

Aunque la Caja de Seguro Social (CSS) habilitó la línea 199 para registrar pacientes que necesitaban recibir sus medicinas a domicilio, el esfuerzo colapsó por la magnitud de las llamadas.

La respuesta de la institución fue habilitar un correo electrónico para efectuar el registro. El gran problema ahora es que un importante segmento de la población adulta mayor no tiene acceso a una computadora con internet ni sabe usar todas las aplicaciones de su teléfono celular.

Al igual que la iniciativa de la CSS, el Meduca tiene que proveer módulos para educación a distancia a toda la población estudiantil del sistema oficial. Una parte considerable de estos estudiantes tampoco tiene acceso a computadoras con internet, y en aquellos casos que sí lo tienen, el costo de imprimir los módulos puede ser alto. No queda clara cual será la logística del Meduca para distribuir módulos impresos, evitando aglomeraciones de acudientes o estudiantes.

Otra institución que debería saber de aglomeraciones es la Contraloría General de la República. Precisamente, esta semana se están haciendo los pagos por ventanilla de las pensiones alimenticias que se descuentan directamente del salario de los servidores públicos. ¿Acaso no sería mejor pagar esto por ACH?

Para facilitar la suspensión por fuerza mayor de los colaboradores de las empresas privadas afectadas por el cierre ordenado por el Minsa, el Ministerio de Trabajo fijó requisitos que son muy difíciles de cumplir para las pequeñas y medianas empresas que deben probar sus afectaciones al mismo tiempo que permanecen cerradas y necesitando el apoyo de los colaboradores ausentes para producir la información necesaria.

Esta es la curva de aprendizaje de un país que no está acostumbrado a emergencias nacionales ni a resolver los problemas rápidamente. Bienvenidos al siglo XXI.



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