Inyectar vapor de agua, una técnica efectiva para tratar la hiperplasia benigna de próstata


ElHospital de Bellvitgede L’Hospitalet de Llobregat ha empezado a tratar la hiperplasia benigna de próstata, una patología que provoca el crecimiento excesivo de la glándula prostática, con una técnica menos invasiva basada en inyectar vapor de agua a través de la uretra.

El hospital ha explicado este jueves que ya ha intervenido con éxito a siete pacientes.

La hiperplasia benigna de próstata es una enfermedad muy prevalente que afecta a cerca de la mitad de los hombres a partir de los 50 años, y que se caracteriza por el agrandamiento excesivo de la glándula prostática, que, entre otras complicaciones, puede llegar a comprimir la uretray bloquear el flujo de la orina.

El nuevo sistema

La nueva terapia consiste en inyectar vapor de agua en la próstata a través de la uretra, lo que causa la muerte celular del tejido, que luego absorbe el propio cuerpo, previniendo así las complicaciones provocadas por el crecimiento anormal de la glándula prostática.

El sistema por condensación de vapor provoca un rápido colapso circulatorio en la zona del tratamiento, lo que posibilita una intervención sin pérdida de sangre.

“Se trata de una técnica mínimamente invasiva con un tiempo de aplicación mucho más corto que otras técnicas utilizadas hasta ahora y que es útil para pacientes con próstatas de unas características concretas o situaciones clínicas en que se deba evitar la anestesia general”, ha destacado el jefe del Servicio de Urología de Bellvitge, Francesc Vigués.

Además, ha señalado que esta técnica permite aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes, evitando los efectos secundarios producidos por otras terapias.

La reducción del tiempo de tratamiento también permite un uso más eficiente de los quirófanos, al poder tratar más pacientes por jornada quirúrgica que con el resto de técnicas.

Por otra parte, al tratarse de una intervención ambulatoria mediante sedación endovenosa, los pacientes pueden abandonar el hospital pocas horas después de la intervención, con una sonda que será retirada entre tres a cinco días más tarde.

De este modo, se pueden reducir los síntomas sin necesidad de recurrir a implantes permanentes o la prescripción de medicamentos.



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