La “cara B” de la covid en los mayores


Es la generación que más ha sufrido el azote de la covid-19 y la que lleva todo un año encerrada, sin besos ni abrazos, por evitar contagiarse del virus y, sin embargo, el aislamiento ha traído serias consecuencias a su salud. Los especialistas en el tratamiento y prevención de enfermedades de la tercera edad lo llaman la “cara B” de la pandemia y la afrontan ahora desbordados.


Cuando muchos mayores de 65 años todavía siguen sin vacunar, en el entorno médico ya perciben en ellos el impacto directo de la pandemia con “demencias descompensadas“, “más vulnerabilidad” y mayores cotas de “dependencia“.

Pero el efecto más grave, según destacan en las sociedades de geriatría y gerontología, es el agravamiento de las enfermedades crónicas fruto de la falta de control médico durante un año. 

“Lo vemos ya en todas las consultas, patologías descontroladas, desde la diabetes a la epoc, la insuficiencia o arritmias, y un mayor deterioro en las demencias“, dice José Augusto García Navarro, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Cristina Alonso, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, por su parte, ya ha leído trabajos científicos que corroboran la grave repercusión en la salud física, a nivel de deterioro funcional y también mental en los mayores. Así como una mayor mortalidad a causa del aislamiento social que se les ha recomendado que hagan para no contagiarse del coronavirus.

5% de la población con demencias

El doctor García Navarro se atreve a vaticinar que habrá un incremento de personas con demencia. “Que a día de hoy no es un número menospreciable”, dice. “Entre los mayores de 65 la prevalencia es de un 5%. Eso son muchísimas personas, 500.000 en España, a los que este tiempo les ha supuesto un aumento de trastornos de comportamiento, más dificultades de dormir, confusión, nerviosismo, y mayor agresividad“, enumera. 

Vacunas aprobadas y tramos de edad de administración preferente.

El aislamiento ha sido “muy malo” para quienes padecen alguna demencia, “pero para los cuidadores principales ha sido una tragedia auténtica” describe García Navarro. “Viendo cómo se descompensaban y durante mucho tiempo sin poder contar con los recursos donde podían tenerlos bajo control, como los centros de día, porque estaban cerrados. Han sufrido mucho”, detalla.

El miedo a ir al hospital y la saturación de los centros de atención primaria, desbordados por la gestión de la pandemia ha traído retrasos en el diagnóstico y los cuadros clínicos llegan más agravados, explican sus médicos. “Antes acudían a la primera sintomatología, pero en un año no han ido”. 

Ahora el problema que afrontan es unas listas de espera enormes. Cristina Alonso las califica de “bestiales” en patologías tan sencillas o dominadas como las cataratas o las prótesis de rodilla y cadera. Así como en la rehabilitación de postquirúrgica, lo que implica una grave merma en su calidad de vida y acorta el tiempo de supervivencia, según explica la doctora.

Baja la esperanza de vida más de un año

El envejecimiento activo depende de tres pilares: dieta adecuada (mediterránea), actividad física y actividad mental/relacional. Es fundamental ver a la familia, a los amigos, mantenerse activo físicamente, no tener una soledad no deseada, ni pobreza”, necesidades resentidas en época de pandemia.

A nivel psicológico, la situación ha traído a los más mayores ansiedad, insomnio y depresión. “Está directamente relacionado con el aislamiento y el miedo psicológico a tener el virus”, explican sus médicos. “Han perdido el contacto con la familia, con el barrio, con sus grupos de aficiones, y aunque no nos guste recetamos ahora más hipnóticos y antidepresivos”. Principalmente a personas que vivían solas cuando llegó el confinamiento, viudos o viudas, y a quienes arrastran más carga de enfermedades o dependencia.

“El aislamiento de la pandemia del coronavirus ha tocado de forma directa al corazón del envejecimiento saludable”, lamentan los médicos. Tanto es así que se ha acortado la esperanza de vida en España en un año (algo más en el caso de las mujeres). “Es una barbaridad, lo que hemos subido en esperanza de vida en 10 años ha bajado en un solo año. Y no me extrañaría que pudiera llegar a tener aún más impacto la pandemia”, dice García Alonso, el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

“Hemos mirado de frente a la cara A del coronavirus, que no hubiera transmisión de la enfermedad letal con efectos impresionantes en mayores, pero no a la cara B, y toca intentar recuperar la actividad física y la capacidad cognitiva y relacional de los mayores. “No hacerlo antes ha sido un error y realmente estamos viendo las consecuencias tan terribles”, señala el doctor.

Vacunación y vuelta a las consultas

Los médicos creen que urge acelerar la vacunación de los mayores de 65 años y devolverles la confianza en la asistencia médica, para la que piden refuerzos dado que con ellos no funciona la teleasistencia. 

Y a sus pacientes les recomiendan lo primero no rechazar vacunas, que están absolutamente testadas y retomar el contacto con sus médicos para poner al día descompensaciones crónicas y vigilar nuevos problemas.



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