La frustrante batalla contra la esquizofrenia


Una vez le preguntaron al eminente crítico literario de la Universidad de Yale Harold Bloom que si él creía en Dios; este contestó que no sabía, y las razones que dio para fundamentar sus dudas eran el Holocausto y la esquizofrenia.

Acabo de completar la lectura de un libro que no sé si ya fue traducido al español, llamado ‘Hidden Valley Road’, que más o menos se traduce como “El camino escondido del valle”, sobre la familia Galvin. Escrito por Robert Kolker con crudo realismo —a la vez con compasión y alta inspiración humana—, el libro describe la historia de esta familia, a la cual la investigadora y pionera Lynn De Lisi describió como “esta puede ser la familia con más enfermos mentales en América”.

Don y Mimi se casaron durante la Segunda Guerra Mundial, y entre 1945 y 1965 tuvieron 12 hijos, 6 de los cuales desarrollaron esta temida enfermedad. Para tratar de explicar las causas y cura de este trastorno emocional que al principio se llamó demencia precoz , tenemos que remontarnos a los albores de la psiquiatría moderna y la controversia nada menos que entre Freud y Carl Jung. El término esquizofrenia empezó a utilizarse en las primeras décadas del siglo XX y proviene del griego, que significa dividir o escindir. Mientras que el primero sostenía que el origen de la esquizofrenia estaba en el subconsciente, Jung alegaba el factor biológico como el determinante. A pesar de innumerables investigaciones y estudios, la disputa sigue hasta hoy en día, aunque ahora se inclina más al factor genético; algunos tratan de conciliar las dos hipótesis donde manifiestan que el factor genético tiene que ser impulsado por el medioambiente para desarrollar la enfermedad. Se habla de la epigénesis y hasta del gen a7.

El libro es conmovedor. Donald, el primogénito y orgullo de la familia, la desarrolla en la post-adolescencia. Según el día, acomoda todos los muebles en el jardín y dice que había nacido de un pulpo. Matt se inclina al fervor religioso y repite los catecismos sin parar. Peter sufre de paranoia y siente que es perseguido por la CIA. A todo esto, los seis jóvenes fueron sometidos a tratamientos muchas veces frustrantes y hasta contradictorios, que dependían para su diagnóstico del psiquiatra de turno, y que recomendaban drogas psicotrópicas, psicoterapia, ECT(terapia de shock) e innumerables reclusiones en el hospital psiquiátrico del pueblo de Colorado, y en los pabellones de la universidad del mismo nombre. Pocas enfermedades someten al núcleo familiar a un ciclo de inestabilidad, culpa e injustificada vergüenza como ésta, y que muchas veces recae en las únicas niñas de los Galvin, Margaret y Mary. A todo esto el libro no contempla tregua para la madre Mimi, que según la hipótesis “schizoprhenogenica”, culpa a las madres controladoras, calculadoras y dominantes, como causa del origen de la enfermedad. Mimi, la mamá, se mueve en un círculo de negación, pero asume la tarea titánica de cuidar a sus seis hijos enfermos. También el libro destila cierta esperanza. Los Galvin son unas de las primeras familias en ser estudiadas por el Instituto Nacional de Salud Mental(NIH). El investigador Robert Freedman descubre que la sustancia llamada Clorina ayuda a las neuronas del cerebro de los pacientes esquizofrénicos. Lynn De Lise sigue invetigando el genoma humano para tratar de encontrar la multitud de genes que anuncian una predisposición a esta devastadora enfermedad.

Las estadísticas señalan que una de cada 100 personas eventualmente será esquizofrénica. Hoy se calcula que hay tres millones en Estados Unidos y 83 millones en el mundo. Increíblemente se ha descubierto que la transmisión no se da de padres a hijos. Sin embargo, los hermanos tienen hasta 10 veces más probabilidades de desarrollarla.

En Panamá, si extrapolamos la estadística antes mencionada, deben existir como 40 mil pacientes, cifra bastante considerable. Existe la Asociación Nacional de Familiares, Amigos y Personas con Esquizofrenia y otras Enfermedades Mentales (ANAFAPEEM). Según esta asociación, la atención que se les brinda es regular, complicándose a veces por el desabastecimiento de medicamentos y centros de atención. Esta situación se vuelve más preocupante en el interior de la República. A todo esto hay que agregar que el presupuesto para la salud mental es bastante negligente. Aun así, se brindan talleres de auto ayuda tanto a enfermos como a familiares. Sin embargo, no todo es negativo. Se tienen esperanzas de que la nueva Ley de Salud Mental que está en discusión mitigue en algo esta dolorosa situación. Aprovechamos estas fiestas de fin de año para solidarizarnos con estos héroes, que muchas veces sufren en silencio. Después de todo, ningun hombre es una isla.

El autor es licenciado en Relaciones Internacionales y post-grado en Docencia Superior



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