“La música debería estar dentro del Sistema Nacional de Salud”


Goyo Yeves estaba allí aquel día del el año 1986 cuando en el Instituto Delicias de Valladolid un grupo de jóvenes decidió fundar Celtas Cortos. Casi cuatro décadas después el grupo sigue siendo un referente de la música fusión y reivindicativa. Mientras preparan su próximo disco, que llegará a finales de año, retoman los conciertos en directo, algo que les da la vida. Yeves, saxofonista de Celtas Cortos, nos habla del grupo, de su pasado, presente y futuro.

¿Cómo llevan el regreso a los escenarios?

Después de la pandemia, el año pasado en verano hicimos cinco cositas en acústico, lo poco que se pudo hacer. Ha sido un año duro, pero este año parece que se pueden hacer algunas cosas más y por fin este fin de semana hemos hecho un par de conciertos más al uso, como antes. Se empieza a ver un poco más de luz, aunque creo que este año va a ser todavía de transición.

El estado de ánimo es fundamental y hemos empezado a recuperarlo, a nivel anímico, porque ha sido muy duro estar sin poder moverse, sin perspectivas de trabajo cuando estás acostumbrado a mucho movimiento. Ahora estamos más animados.

¿Como han encontrado al público, con ganas? Lo del público es espectacular, se notan las ganas, la necesidad de la música en directo, de sentir un concierto. De momento tienen que estar sentados, sin poderse mover y con la mascarilla y esa limitación hace que su forma de expresarse sea diferente y aún así nos llegan muchísimo las ganas.

¿Estas cosas demuestran que la música se sobrepone a todo? Por supuesto, no solo demuestra que es inmortal, sino que es un bien de primera necesidad. La música debería estar dentro del Sistema Nacional de Salud, fíjate. La musica tiene algo terapéutico y nos pasa a todos como usuarios. Hay momentos en los que necesitamos una dosis se una música y otra en función de lo que requieras en ese momento. Es un bien necesario.

Lleváis décadas, empezasteis en el instituto, ¿se hace la misma música cuando eres un adolescente y años después? Éramos un grupo de estudiantes de instituto y surgió una actividad extraescolar sobre la música y a partir de ahí fuimos creciendo y cuando nos formamos como Celtas Cortos era todo experimentación, ilusión, ingenuidad y ganas de divertirnos. Eso hace que descubras cosas en lo musical… Con más edad a lo mejor estás más condicionado o tienes más prejuicios. En nuestro caso éramos almas libres y de ahí surgió esta fusión tan característica, por pura experimentación y diversión.

Ahora tienes más técnica, más tablas, eres más profesional pero también puede ser que estés más condicionado. Pero somos un grupo de fusión por filosofía así que tenemos las ganas de seguir investigando y experimentando.

¿Por qué el rollo celta? Por casualidad. En ese instituto había un profesor de francés que tocaba el violín, que fue el primer violinista de Celtas Cortos y fue en el instituto donde entramos en contacto con música que él conocía de Bretaña e Irlanda y descubrimos esa música celtoirlandesa que nos cautivaba mucho y que no se oía o era más difícil de escuchar por entonces.

¿Y cuál es el futuro de Celtas Cortos? Seguimos una tónica, una constante, que es hacer algo discográfico cada dos años, o así, algo nuevo o algo en directo, o colaboraciones… Y por otro lado, pues hacer directos, que es lo que nos da la vida en todos los sentidos. Ya tenemos una inercia de trabajo y vamos a muchos lugares de España donde somos casi garantía de éxito en fiestas. Todo el mundo se acuerda de nosotros y nos surge mucho trabajo.

No han parado de componer… Ahora estamos sacando temas nuevos y videoclips cada 40 días o así. Nosotros no tenemos discográfica desde tiempo, así que lo gestionamos todo nosotros. Somos conscientes de que tenemos que subir videoclips a YouTube y de sacar cosas nuevas. A final de año o a primeros del que viene habrá un disco nuevo con todo esto.

La convivencia siempre es difícil, ¿han tenido desavenencias o son matrimonio bien avenido? En tantos años y con tanto roce ha habido muchas cosas que hemos ido solventando con mucho diálogo. Somos un grupo muy demócrata y nos miramos a la cara para hablar las cosas. La base del grupo es el grado de amistad con el que nacimos. Nos conocemos mucho y sabemos las necesidades de unos y otros y somos tolerantes con ello.

De hecho, cuando alguien ha tenido que dejar el grupo o ha tenido una necesidad siempre ha sido una puerta giratoria. Ahora mismo llevamos bastante tiempo cómo controlar las desavenencias y a la hora de viajar vamos en dos vehículos… estamos en un momento en el que eso no es un problema.

Sus canciones forman parte de la vida de la gente de varias generaciones… ¿qué es lo más bonito que le han dicho sobre esto? Hay muchísimas cosas que nos llegan, sobre todo por las redes. Recuerdo una vez una madre con su hijo que tenía que hacer una terapia para el cáncer del niño y tenían que viajar para eso y había una canción, Tú eres el mejor, que se la ponían siempre en el coche, como una banda sonora para animarse en esos momentos tan duros.

Ese tipo de cosas, que la gente te diga que canciones que tú has creado tengan ese poder, o esa magia, para cuestiones tan delicadas es maravilloso. O gente que tiene una canción que le traen recuerdos y ánimos para tirar para adelante.

Elsa Punset hablaba en un artículo que había una canción nuestra que siempre se ponía cuando tenía que viajar a dar conferencias y llegaba cansada al hotel, la de Salieron las estrellas y que le daba un chute energía que le valía para el día siguiente.

Es la magia de las canciones, que vuelan por sí solas y se meten en la vida de los demás.

Tienen una calle en Valladolid… Sí, sí, claro que tenemos una calle. La pusieron hace poco, como hace tres años, una calle en el barrio de las Delicias, donde nosotros nos criamos y es una calle que va a dar justo al instituto donde nos formamos y que curiosamente tenía un nombre franquista que quitaron con la Ley de Memoria Histórica. Fue muy bonito, tocamos allí un par de temas para los vecinos y se me saltaban las lágrimas, porque es mi barrio, donde estudiamos, donde nos formamos y donde vivo. También hay una placita en otro pueblo de Valladolid, Velliza. Eso es todo, de momento (risas).

Hay muchas canciones como la de El emigrante que siguen de actualidad… ¿son problemas que nunca se resuelven? Y Tranquilo Majete, Escaparate Nacional… hablan de situaciones que ocurrían en aquellos años y que con el paso del tiempo da vértigo pensar que cambias algún nombre propio y alguna cifra y todo está igual, que no aprendemos. La desigualdad entre seres humanos es lo que más nos duele. Luchar contra eso debería ser algo que todos deberíamos tener por bandera.

Hay canciones que por desgracia están bastante vigentes, algo que no nos hubiera gustado. Confío en que el arte y las canciones sean un medio para llegar a las conciencias.

¿Han cambiado vuestras convicciones? Lo que hemos sufrido es el desencanto por nuestros políticos. Cuando eres más joven sigues confiando en que haya personas que puedan cambiar el ritmo de las cosas, pero eso siempre se viene abajo. Por lo demás, seguimos luchando y mostrando con nuestras canciones nuestra ideología y que las cosas se pueden cambiar. Lo vais a ver en los temas nuevos, que siguen teniendo ese espíritu.

Han dado miles de conciertos, habrá mil anécdotas… Siempre hay cosas, desde cuestiones desagradables como que te lancen cosas, que hace mucho tiempo que no pasa, gente que quiere subir a cantar con nosotros o a tocar, en Francia había uno que tocaba las canciones con una flauta travesera. Hace poco en Ibiza llegamos y los instrumentos se habían quedado en Madrid y nos tuvieron que buscar instrumentos unos amigos.

¿Qué hay de cierto en la leyenda de que siendo músico se liga? Lo que se consigue es que después del concierto puedas romper el hielo más fácilmente, pero vamos que tampoco es tan sencillo (risas). Para empezar a hablar es más fácil, a partir de ahí hay todo un mundo (risas).

Toca usted el saxo, hay muchos músicos, ¿se lleva siempre el protagonismo el cantante? Sí, es algo que es imposible de evitar. Nosotros somos un grupo, con Alberto, Jesús y yo de los que quedamos de los de siempre y siempre que hay promociones vamos los tres o nos repartimos e intentamos que la gente nos vea como un grupo, pero es complicado. Muchas veces los medios quieren hablar con el cantante… y de cara al público siempre es la cabeza visible. Pero yo lo agradezco, porque es mejor para la vida cotidiana (risas).

¿Cuándo pensaban en futuro pensaban que llegarían a donde están? Jamás lo hubiéramos pensado. 35 años llevamos ya, desde el año 86, cuando nos formamos como Celtas Cortos. Unos chavales de barrio, de provincias, esto es un sueño hecho realidad, rehecho realidad y vuelto a ser, porque lo difícil es mantenerse en esto. Son 35 años viviendo de esto y me siento un privilegiado por eso. El futuro ha superado con creces lo que habríamos soñado.

¿Da para vivir a gusto la música? En general no, pero a nosotros nos da para vivir, pero es un medio arriesgadísimo. Puedes tener un golpe de suerte unos años, pero la vida es muy larga. Y en la música hay mucha gente buena, con talento, haciendo cosas geniales y están sobreviviendo. Ahora, nosotros somos unos privilegiados porque tuvimos los pequeños momentos de suerte del principio y además somos unos currantes y gente inquieta, que le damos vueltas al coco, que nos adaptamos a todo, a conciertos grandes y pequeños y aguantando unidos en los años malos. Nosotros y nuestras familias, porque todos somos padres de familia, vivimos de esto.

La música seguridad no te da ninguna, pero a mi eso me motiva, porque a veces depende de que estés ahí, de que creas en ti y de que trabajes.



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