“La ópera gusta, si la gente la escuchara bien sería la leche”


No es que José Manuel Zapata sea un tenor diferente, es que a ratos no lo parece. Intercala en la charla a María Callas con Black Mirror y Beethoven. Acaba de publicar Música para la vida. From Bach to Radiohead (Planeta), un libro en el que cuenta su vida, sus éxitos y fracasos y expresa su amor por lo que hace. Está empeñado en demostrarnos que nos gusta la ópera. Igual tiene razón.

¿Entre Bach y Radiohead hay un abismo o un saltito? Hay menos abismo del que parece. Igual que entre el reguetón y Beethoven hay 700 años luz, entre ellos no hay tanto, comparten mucha calidad. Si Bach hubiera nacido hoy, habría hecho una música parecida a la de Radiohead. Con imaginación, complicada en ciertos momentos, transgresora, diferente.

Usted sostiene que todo el mundo puede cantar. ¿Y tener buen oído? Todos menos Paquirrín y Leticia Sabater… Creo que sí, es una cosa cultural. Si te vas a África, a una tribu de las que hay en medio de la sabana, y no cantas y no bailas eres un tío raro. Lo hacen desde que son pequeñitos. El oído es algo que se va educando con el tiempo; y el canto, lo mismo. Y muchas veces no nos atrevemos por vergüenza, igual que dibujar. Correr, eso sí, corre todo el mundo.

Le gustan los tangos, Perales, Iron Maiden, etc. ¿Por qué creemos que los cantantes de ópera solo escuchan clásica? Nosotros nos hemos encargado de fomentarlo con el tiempo. Parece que estamos en una atalaya. La gente piensa que somos como de otro planeta, que somos todos gordos, que no nos relacionamos con los demás. Tenemos esa imagen de marca.

zapata tenor

  • Granada, 1973. A los 18 años se enamoró de Haendel. Estudió canto y desarrolló una carrera “rossiniana” internacional por todo el mundo. Pero un buen día cambió de vida: no era feliz. Da conferencias y ha hecho espectáculos como ‘From Bach to Radiohead’ o ‘Concierto para Zapata y orquesta’. Ha sido jurado de ‘Prodigios’ (TVE). “Es muy yo”, dice de su libro.

En el libro habla de piezas ‘quemadas’, como Las cuatro estaciones de Vivaldi. Añadamos el Canon de Pachelbel o el Lacrimosa del Requiem de Mozart. ¿Alguna más? El Adagio de Albinoni, que no era de Albinoni, O mio babbino caro… Y Nessun Dorma: no hay talent que se precie donde no haya un ser humano, da igual el sexo, la edad, la profesión o la capacidad, que no la cante. La ópera gusta, imagínate si la escucharan bien, sería la leche. Cuando en mis conferencias pongo, por ejemplo, Lascia ch’io pianga (Haendel) la gente flipa; al final, muchas veces la música te la descubre el cine, como El silencio de los corderos y las Variaciones Goldberg de Bach.

¿Hay que atreverse, como el compositor Max Richter con Vivaldi, a darle la vuelta a los clásicos? Sí. El mundo se está transformando constantemente y la transformación es progreso. Tenemos que mantener nuestro patrimonio, pero siempre pongo el ejemplo del flamenco, cómo ha sido capaz de hermanarse con otras músicas y sobrevive, pervive y mejora. La mente siempre abierta.

Al estilo C. Tangana. El rap y el trap que hacía hasta ahora no me gustaban, pero la utilización de la música popular es muy inteligente. Me pasó lo mismo con Rosalía y El mal querer, cuando me puse a ver de verdad el vídeo de los penitentes (Malamente) dije ‘me guste o no me guste, esto es bueno’.

¿Cómo va su cruzada contra el reguetón? Siempre hay una música para cada instante, lo que pasa es que para mí representa muchas cosas que detesto en general: la mujer como cosa, las letras son como un chupa chups, el ritmo es siempre igual… Y ojo, que es muy ancestral, a mí me mueve el cuerpo. A las dos de la mañana en la discoteca, viva el reguetón y lo que haga falta. 

¿Cómo es sufrir pánico escénico? Es exactamente igual que si vas por el campo y un oso grizzly de 450 kg te empieza a perseguir. Las reacciones físicas son las mismas: palpitaciones, sudores, sales de tu cuerpo. Es un miedo que no tiene sentido, porque simplemente vas a cantar, pero es tremendo.

En el libro habla mucho de salud mental. Lo he vivido muy de cerca con mi madre y no se lo deseo a nadie; todo lo que afecte a la mente, para mí, son las peores enfermedades que existen. Y ahora hay mucha gente muy tocada, veremos cómo salimos de esta. La quinta ola será esa.

El tenor José Manuel Zapata, en Madrid.
JORGE PARÍS

¿Cantar en el MET de Nueva York ha sido lo más importante en su carrera? Es una buena pregunta. No, ha sido quizá lo más excitante, pero lo más importante, probablemente, han sido las cosas que he creado con mi amigo Juanfran Padilla, mi otro yo, porque son las que al final se recordarán del mí. En el MET fui uno más, hubo muchos que cantaron El barbero de Sevilla.

Conoció a Pavarotti. ¿Cuál era su don, cantar o transmitir? Es que la voz era tan luminosa que la transmisión iba sola. Era una persona muy hierática, se plantaba en el escenario y abría la boca, pero lo que hay en esa voz es algo que te toca. Es, junto con María Callas, el cantante que más me transmite y que más me transmitirá nunca. Lo echo mucho de menos.

En su mundo también hay machismo. ¿En qué? ¿Salarios? ¿Trato a las mujeres? Tenemos lo nuestro. No sé lo que cobran mis compañeras, pero creo que cómo te pagan depende mucho del nivel artístico en el que estés. No creo que Anna Netrebko cobre menos que Juan Diego Flórez. Son más las voces: un gran barítono nunca cobrará tanto como un gran tenor. Es una cuestión de mercado, porque no hay tantos. El tema está, sobre todo, en la dirección de escena y de orquesta. A mí en 30 años me ha dirigido solo una vez una directora de orquesta. No se entiende, pero poco a poco va cambiando.

Cuando alguien, como usted, descubre su “misión” en la vida, ¿cuál es el siguiente paso? Ser feliz. Y quiero más, llegar a más gente. Por eso he hecho Prodigios. En los espectáculos en vivo la gente sonríe, se enamora de la música. Los artistas hemos venido aquí para hacer sentir y dar felicidad.

“Los niños me han enseñado muchas cosas, como la humildad y que hay una manera maravillosa de perder”

¿Qué tal de jurado en el concurso? Ha sido una experiencia muy chula. Los niños me han enseñado muchas cosas, como la humildad y que hay una manera maravillosa de perder. Todo lo que se les dice es positivo, buscando que aprendan. Y hay niños verdaderamente prodigiosos, pero son normales, les gusta la Play (PlayStation), como a mí.

¿Qué hacemos en este país con la educación musical? Coger una granada de mano, tirarla y empezar de nuevo. Ahora estoy en un proyecto, que está en fase embrionaria, que se va a llamar Cantamos juntos y con el que voy a intentar ir a los colegios y hacer que los niños canten. Lo que sea, quiero llevarles la música. Estoy escribiendo la metodología y ya tenemos un colegio para el año que viene hacer un piloto. Quiero que aprendan valores, empatía, trabajo en equipo.

Cuando era joven, ¿habría apreciado que hubiera un espectáculo como los que usted hace ahora? Me habría encantado, aunque había gente que lo hacía, por ejemplo, Fernando Argenta, que tenía una forma de comunicar muy cercana e hizo un grandísimo trabajo. Siempre ha habido gente que lo ha intentado, pero nunca le han dado la suficiente relevancia. Yo no puedo entender cómo en la televisión pública española la música sea un reducto. Si la representación de la música en televisión es El concierto de La 2, los sábados a las 9 de la mañana, con la Orquesta de RTVE mal iluminada… Eso es la muerte.

¿El do de pecho está sobrevalorado? En el mundo de la lírica sí, porque realmente es una nota casi ya superada. En la vida, cada día cuesta más. Pero imagínate que no lo hubiera inventado Gilbert Duprez, estaríamos todos escuchando cantar en falsete. Seríamos los Bee Gees.

Nos recomienda…

  • La reinterpretación de Max Richter (‘The Leftovers’, ‘Black Mirror’) de ‘Las cuatro estaciones de Vivaldi’. Su hija, de 14 años, “no para de escucharla”.
  • El aria ‘Erbarme dich, mein Gott’, de la ‘Pasión según San Mateo’ (Bach). “Tiene un solo de violín que representa Dios y hay una relación con el humano, que canta, que pide perdón. Te transporta a otro sitio”.
  • Más allá del circuito tenor/soprano: el contratenor Philippe Jaroussky, que es “un ángel caído en la tierra y una ‘rockstar’ en Francia”; el barítono Carlos Álvarez, “un español que tiene una hermosura de voz”, y la mezzosoprano Elīna Garanča, “la voz más tierna, esponjosa y aterciopelada”.
  • El musical ‘West Side Story’, “el ejemplo de la ópera moderna”. También ‘Sweeney Todd’ y ‘Los miserables’: “La segunda producción que hicieron en España estaba al nivel del West End o de Broadway”. Y ‘Billy Elliot’, que ha visto “tres veces” en Nueva York.
  • Leonard Bernstein y sus versiones para cuerda de grandes temas y Ralph Williams.



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