Las bases de la economía regenerativa y la ‘donut’


Recuerdo la primera vez en que un profesor en la universidad me explicó las bases de la economía. Estábamos hablando de sistemas productivos y dibujó un diagrama en el tablero donde iba describiendo de manera esquemática, lo que era una “cadena de producción”.

En la medida en que la conversación se fue complicando, el diagrama también lo hizo. Finalmente terminamos con un esquema que incluía a los bancos, al Estado, e incluso terminamos dibujando un vertedero de basura.

Lo primero que me llamó la atención fue entender que todo era una “convención”; algo creado por nosotros y que obedecía a reglas que no necesariamente tenían una “lógica per se”. Lo segundo fue ver que el diagrama tenía una dirección, empezaba en un punto y terminaba en otro.

No hacía mucho tiempo había estado leyendo sobre los sistemas naturales en un bosque, y todos los diagramas eran cíclicos. Había ciclos del agua, de los árboles, del suelo, de los animales; no había nada lineal, todo era circular.

¿Cómo es posible que todo en la naturaleza sea un ciclo, y nuestro sistema económico no?

Descubrí pues, que hemos creado un esquema económico mundial que asume que tenemos recursos infinitos, y que para funcionar necesita un “crecimiento perpetuo”. Este crecimiento eterno no tiene sentido, es totalmente ilógico pues nada puede crecer para siempre.

Si uno usa esta visión de “una sola vía”, como si fuese un lente por el cual mira todo lo que uno hace, comienza a encontrar sin sentidos en todos lados. Todo lo vivo está organizado en ciclos, ¿cómo podríamos tener una economía viva también?

Filosofía sostenible

La respuesta que encontré llegó de la mano del concepto de sostenibilidad. Cuando las cosas se crean de manera sostenible, se piensa no solo en el uso inmediato que tendrán, si no también en lo que pasará después de que terminen de usarse. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son un intento de empujar las políticas públicas del mundo en esta dirección. Para implementarlos debemos pensar en nuevas formas de ver la economía.

En 2017 la economista británica Kate Rawort escribió un libro que me hizo llegar un amigo: Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist, que puede traducirse como Economía de la donut, siete formas para pensar como un economista del siglo XXI.

La palabra donut llama la atención en el título, y viene del diagrama que se usa para explicar el concepto.

La premisa es simple: existe un espacio entre lo mínimo que la economía debe tener para garantizar la base social, y un techo ecológico que no puede sobrepasarse.

La economía sana se mueve entre esos dos espacios, que se deben ajustar según los indicadores varían.

Esta visión nos impulsa a hacernos ciertas preguntas: ¿cómo se aplica este concepto al sistema de salud?, ¿cómo hacemos para que nuestra producción siga este esquema? , ¿cómo se orienta al sistema educativo para lograr que estos cambios realmente se den?

Para entender cómo funcionan los nuevos conceptos, a veces es más sencillo observar a los pioneros y tratar de entender su ejemplo.

La primera ciudad del mundo que se comprometió con este modelo fue Amsterdam, lo hizo como parte de su plan de respuesta a los retos de la pandemia. El 8 de abril de 2020 la alcaldía de esa ciudad anunció sus planes para relanzar la economía una vez se superara la pandemia. Es muy interesante saber que en junio 17 de 2020, otra ciudad en un lugar más cercano lanzaba su proyecto de reactivación económica con base en esta visión: Chepo lanzó el plan llamado Revitalización Económica de Chepo.

Ámsterdam basó su estrategia en tres pilares, manejo de desechos, manejo de consumos y generación de un medio ambiente sano.

Chepo también creó tres programas, ‘Chepo, distrito de agua’, ‘Chepo, distrito de propietarios’ y ‘Chepo, distrito de la economía naranja’.

Desde el año pasado hay más ciudades que se han acercado a este concepto. Se hace pues necesario que entendamos hasta dónde nos puede llevar, y qué tanto podemos hacer para aproximarlo a nuestro quehacer.

El camino

El primer paso es entender bien cómo funcionamos ahora. Siempre debemos partir de nuestra realidad. Lo mejor para esto es crear unos buenos diagramas de procesos.

Luego conviene saber más de conceptos como “economía circular” y Objetivos de Desarrollo Sostenible. También hay estándares que ayudan a ajustar nuestro esquema de trabajo a estos principios (como el ISO 14000).

Debemos tener claro que como ciudadanos y miembros de los entes privados, como empresas y organizaciones sociales y culturales podemos impulsar cambios en el comportamiento y visión de la sociedad. Pero la parte más fuerte del proceso de cambiar nuestros paradigmas económicos les corresponde a quienes crean las políticas públicas.

Para lograr que esas políticas ocurran, se necesita que la sociedad sea capaz de exigirlas a sus dirigentes.

La pandemia nos ha obligado a repensar todo. Nos ha puesto a decidir a qué realidad queremos volver y en qué tipo de proyectos debemos invertir para lograrla.

La pandemia ha ocurrido en parte por el modelo económico con el que hemos depredado nuestro planeta, no podemos simplemente “volver” a lo que estábamos haciendo, tenemos que tratar de evitar que algo como lo que hemos vivido se repita.

Se requiere pues que como ciudadanos nos hagamos responsables de los cambios que se necesitan para que la nueva visión se cimente. Debemos crear patrones de consumo que impulsen a las empresas a moverse hacia los nuevos paradigmas de “ciclo”, y elegir líderes que potencien estos procesos con políticas públicas claras.

Un ejemplo puede ser el empleo de plásticos de un solo uso, tales como bolsas o envases. Tomó años que en Panamá el tema agarrara tracción, pero una vez que lo hizo se logró con una legislación.

Contrario a lo que muchos pensaron, el proceso generó una nueva línea de bolsas degradables, de tela, canastas, y otras soluciones que crean nuevos modelos de negocio que reemplazan a los anteriores, con la ventaja de no generar contaminación.

En el mismo sentido, si logramos la unión del cambio de paradigmas y las leyes apropiadas, podemos crear nuevos modelos de negocio en el turismo, la banca, la construcción, la manufactura, la tecnología, la alimentación, la cultura, basados en ciclos que respeten los mínimos requeridos sociales y el techo ecológico que nos impone la naturaleza. De esta forma llegamos de nuevo a la economía de la donut.

Debemos ser capaces de ubicarnos en las cadenas de valor a las que pertenecemos e impulsar la parte que nos corresponde del cambio.

Por lo pronto conviene seguir de cerca a los innovadores y visionarios que ya se mueven en estos temas. La internet y la redes sociales son una buena herramienta para ver cómo estas ciudades, organizaciones y personas, avanzan en sus esfuerzos pioneros.

Nuestra economía actual se basa en la extracción y el consumo, deja profundas huellas en el ambiente y en nuestras sociedades; llegó el momento de pensar una nueva economía como un proceso de regeneración. lncluso es muy buen negocio.



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