Las intrigas de poder en la alcaldía capitalina


Diez meses después de separarse del cargo para el que fue electa por voto popular, Judy Meana se reincorporó a la Alcaldía de Panamá la tarde de ayer, 23 de febrero. A la 1:00 p.m. se encontraba en su despacho de vicealcaldesa en el Edificio Hatillo.

Su regreso fue tormentoso: policías municipales le habían negado la entrada al edificio el lunes 22 de febrero, por no estar en firme la resolución que suspendía su licencia sin sueldo. Esa misma tarde, el alcalde capitalino José Luis Fábrega explicó en un tuit que había hablado con Meana para “aclarar lo sucedido y sobre todo explicarle los procesos necesarios para su reintegro”.

Pese al cruce de mensajes cordiales, ella sigue resintiendo el hecho. Lo dejó claro ayer cuando ya estaba en su despacho. Tildó el incidente de “bochornoso e indignante” y consideró que fue algo que “se pudo evitar”.

Meana dejó el Municipio de Panamá para ocupar el puesto de gobernadora de la provincia. En ese espacio fue especie de estrella: repartía bolsas de comidas en los barrios, se reunía con las autoridades locales, hacia programas en vivo en sus redes sociales, y sacaba las balotas de la Lotería. Pero, el pasado 8 de febrero anunció que el presidente Laurentino Cortizo le pidió el puesto. Ese mismo día el mandatario le puso reemplazo: nombró a su copartidaria Carla García, hija del viceministro de la Presidencia. García venía de la subdirección de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia.

Estando en la gobernación, Meana abrió un proceso a Fábrega por violar la cuarentena, pero al final el caso quedó en mano de la vicegobernadora a raíz de que la Procuraduría de la Administración dispuso que debía declararse impedida porque ella era la vicealcaldesa y no estaba “desvinculada de la administración municipal”. El procurador Rigoberto González fue contundente: si el alcalde era suspendido del puesto, el vicealcalde o la vicealcaldesa, en este caso Meana, debería asumir el puesto, tal como lo dispone la Ley 37 de junio de 2009.

Es decir, que Meana retorna a El Hatillo con el peso de las tensiones que le produjo una de las paradojas de la administración pública: en sus días de gobernadora pasó de ser la segunda del alcalde, para ser su jefa.

A ello se suma la fragilidad de la alianza entre el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), al que pertenece. Poco a poco, el PRD sigue acumulando posiciones de poder y desplumando a los gallos. Ayer, el diputado del Molirena Miguel Fanovich dejó ver las diferencias entre las dos corrientes y, de paso, le tiró una puya a Fábrega. “Judy tiene buenas ideas, puede ayudar a esta alcaldía que no ha brillado, todos los proyectos han sido un fracaso….ha llegado el momento en que la alcaldía esté cerca del pueblo. Lo conozco bien [a Fábrega] porque fue diputado y es una persona que toma decisiones a la ligera”, dijo.

La vicealcaldesa también ha recibido el respaldo de algunas mujeres políticas, como la diputada de Cambio Democrático Ana Giselle Rosas. “Hay que defender cada espacio ganado por las mujeres, no importa el partido”, escribió en Twitter. Mientras que la exvicealcaldesa Raisa Banfield opinó que el incidente del pasado lunes fue un “pase de factura” pues consideró que la resolución es “meramente un trámite legislativo”

En entrevista con La Prensa, manifestó que son señales de “irrespeto” y de “desconocimiento de la importancia de la vicealcaldía”. Piensa que el problema parte desde el momento en que Meana aceptó un cargo distinto al que fue electa. “Es una traición a la voluntad popular”, dijo. Sustenta que para luchar contra la violencia política contra las mujeres, es importante “conocer la responsabilidad de los cargos obtenidos”.



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