Las razones por las que las vacunas de Janssen y AstraZeneca causan trombos y por qué afectan más a las mujeres


Tras la paralización temporal que ya vivimos de la administración de la vacuna contra la covid-19 de AstraZeneca, este miércoles llegó la de Janssen. Mismo motivo: detección de trombos raros combinados con una disminución de las plaquetas, la mayoría en mujeres menores de 55 años. Misma tecnología: las dos inyecciones se han desarrollado con adenovirus, que son virus atenuados que provocan una reacción inmunológica en el organismo. 


La ciencia necesita tiempo para explicar por qué muy pocos pacientes –222 en 34 millones de personas vacunadas con AstraZeneca hasta el 4 de abril en la Unión Europea y Reino Unido, según la Agencia Europea del Medicamento (EMA), y seis casos entre 6,8 millones de vacunados con Janssen hasta el 12 de abril en EE UU, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA)- desarrollan trombosis en combinación con trombocitopenia (disminución de las plaquetas, que son las células responsables de la coagulación de la sangre).

De momento se sabe que estos posibles efectos adversos, clasificados como “muy raros”, ocurren en su mayoría en mujeres menores de 55 años. En el caso de la vacuna de Johnson & Johnson, los seis pacientes estudiados son mujeres menores de 48 años. Hasta ahora son todo hipótesis sobre las que la ciencia está trabajando, pero a la vanguardia de estas se encuentra el equipo alemán dirigido por Andreas Greinacher, que de momento ha explicado cómo se producen los trombos entre los inoculados con el suero de Oxford.

Según explican en un reciente artículo publicado en The New England Journal of Medicine, tras estudiar 11 casos (nueve de ellos mujeres), se concluye que la vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford “puede resultar en el raro desarrollo de trombocitopenia trombótica inmune intercedida por anticuerpos activadores de plaquetas contra el factor plaquetario 4 (PF4, en inglés), que clínicamente es similar a la trombocitopenia autoinmune inducida por heparina“. 

En palabras del presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), Marcos López Hoyos, “se está barajando que haya un fenómeno autoinmune” posiblemente producido por el adenovirus de la vacuna, que formaría ese complejo con el factor plaquetario 4, el cual facilitaría la producción de autoanticuerpos que se pegarían a las plaquetas y estas, en lugar de circular sueltas por la sangre, darían lugar a la formación de trombos. 

Tratamiento: hacer plasmaféresis, que es limpiar la sangre de anticuerpos, y tratar con inmunoglobulinas intravenosas

Sobre esto abunda la profesora e investigadora de Inmunología de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Carmen Álvarez-Domínguez, que señala que esta respuesta autoinmune muy rara “se podría asociar a los adenovirus” empleados por las vacunas, “que podrían inducir anticuerpos frente a alguno de los factores de la coagulación: el factor plaquetario número 4”. Pero la investigadora recuerda que no se trata del mismo adenovirus: mientras que AstraZeneca ha empleado uno de chimpancé, Janssen ha usado uno humano, ambos atenuados. 

Las vacunas de Pfizer y Moderna, en cambio, emplean otra tecnología: el ARN mensajero, que no ha dado estos efectos adversos raros (sí otros como shock anafiláctico o parálisis facial periférica aguada). En opinión de la doctora en inmunología y redactora científica del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), Adelaida Sarukhan, los trombos con trombocitopenia “no parecen estar relacionados al antígeno que se está usando (en las vacunas), que es la proteína espícula, porque las vacunas de ARN mensajero también usan este antígeno. Seguramente está ligado al vector viral, decía a 20minutos.

La también colaboradora del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL), Carmen Álvarez-Domínguez, agrega que estos trombos son “muy parecidos al síndrome autoinmune frente a la heparina, que de forma muy rara induce una activación exagerada del sistema inmunológico y produce anticuerpos frente a la heparina y disminuyen los niveles de plaquetas, que son los que provocan la coagulación”.

Respecto a este asunto también se ha pronunciado el científico Gorka Orive, muy activo en redes sociales, que ha compartido una ilustración para explicar el mecanismo que producirían estos trombos.

El papel de los estrógenos

Tanto Álvarez-Domínguez como López Hoyos coinciden al señalar que las mujeres jóvenes tienen mayor riesgo que los hombres de sufrir trombos y que las enfermedades autoinmunes ocurren por un tema genético y hormonal más frecuentemente en mujeres jóvenes, como por ejemplo el lupus.

En este sentido, la bióloga del CSIC Luisa Botella apunta a las hormonas femeninas: “Los estrógenos tienen un efecto de aumento de la coagulación“. La idea sería, en su opinión -y siempre partiendo de que es un asunto que la ciencia está intentando comprender-, que las mujeres menores de 55 años aún tienen los niveles de hormonas femeninos (estrógenos) bastante altos y, esos niveles, en presencia de algún efecto antiinflamatorio o alguna señal de infección vascular, como podría ser la vacuna (por la reacción que se produce ante el adenovirus, que lleva la proteína S del SARS-CoV-2, el virus causante de la covid-19), pudieran aumentan los factores de coagulación que provocarían los trombos.

Los estrógenos tienen un efecto de aumento de la coagulación

Botella explica que estos trombos son “casos muy escasos” provocados porque el virus “estaría desencadenando en el organismo una reacción de respuesta exagerada y entre las reacciones ante una infección se encuentra el aumento de factores de coagulación. Si esto se une a que, por edad de las mujeres, hay un nivel de estrógenos alto o medio, los cuales mantienen ya de por sí unos niveles altos de coagulación, esto sería la mecha o el detonante que producirían los trombos”, expone.

Botella añade que las niñas no tienen niveles altos de estrógenos y que las mujeres, a partir de los 55 años, por la menopausia, también bajan radicalmente sus niveles de estrógenos.

Tratamiento

Todos los científicos consultados coinciden en que estos son casos muy escasos y que las vacunas son una forma segura y eficaz de luchar contra la pandemia. Asimismo, la inmunóloga Carmen Álvarez-Domínguez señala que entre el 0,05 y el 0,1% de las mujeres que toman anticonceptivos orales tiene predisposición a sufrir trombos, igual que el 0,18% de la gente que fuma. “Los corticoides o los ansiolíticos tienen una relación más alta con trombos, pero estamos focalizando la atención en las vacunas, que tienen una proporción por ahora muchísimo menor. Todos los medicamentos tienen efectos adversos”, advierte.

Otra variable a tener en cuenta, aunque también en estudio, es que las mujeres han recibido más vacunas hasta el momento que los hombres. En el caso de Europa, de las dosis administradas de AstraZeneca, el 60% han sido inoculadas en mujeres y el 40% en hombres, según los datos de la EMA.

Por el momento las autoridades sanitarias están tratando de encontrar factores comunes que ayuden a definir los grupos de mayor riesgo de sufrir estos raros trombos. En España, la vacunación con AstraZeneca se ha limitado a mayores de 60 años, igual que otros países europeos que han optado por destinarla solo a la población de más edad, que es donde no se han detectado estos efectos adversos tan poco frecuentes.

Para tratar estos graves episodios, los investigadores alemanes han expuesto que en sus 11 casos estudiados emplearon un tratamiento dirigido a inhibir  la reacción autoinmune: “Hacer plasmaféresis, que es limpiar la sangre de anticuerpos, y tratar con inmunoglobulinas intravenosas, que son tratamientos que inhibirían la reacción autoinmune”, explica el presidente de la SEI.





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