Marcelo Pecci y la espada de la justicia


Siete días han transcurrido desde el homicidio del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en una isla privada muy próxima a la ciudad de Cartagena, en Colombia. Todavía una densa neblina cubre como un manto la identificación de los motivos, así como los autores intelectuales y materiales de lo que se ha denominado como un “magnicidio de la justicia”.

El fiscal Marcelo Pecci y su esposa, la periodista paraguaya Claudia Aguilera, contrajeron nupcias el pasado 30 de abril y partieron el 5 de mayo en su viaje de luna de miel, rumbo a Cartagena. Los recién casados buscaban algo de privacidad y, al tratarse de un viaje particular, el fiscal Pecci no solicitó protección del gobierno paraguayo ni del colombiano.

A las 9:30 a.m. del martes 10 de mayo, Claudia posteó en sus redes sociales la noticia de que estaba embarazada, mientras compartía fotos de ambos en la soleada playa caribeña en la isla Barú, propiedad de la cadena hotelera Decamerón. A las 10:15 a.m. de ese día, dos hombres alquilaron una moto acuática por media hora y pagaron el equivalente de 37 dólares. Apenas unos cientos de metros más adelante, uno de los hombres bajó de la moto y disparó contra el fiscal con una pistola calibre 9 milímetros.

Un guardia de seguridad del hotel se acercó para enfrentar a los atacantes, pero no pudo dispararles por la velocidad de la operación. A eso de las 10:30 a.m., los sicarios devolvieron la moto, unos 15 minutos antes del tiempo por el cual la habían arrendado. Y así como aparecieron, se esfumaron entre la multitud.

Un fiscal de acero

En el año 2000, con apenas 23 años, el abogado Marcelo Pecci, miembro de una familia de destacados juristas paraguayos, se unió al Ministerio Público de su país. Nueve años después se convirtió en fiscal, lo que, según distintos medios, esa era su aspiración.

Como encargado de casos de blanqueo de capitales, narcotráfico y terrorismo, la voz y el rostro de Pecci se hicieron muy conocidos.

Al joven fiscal le correspondió, entre otros, el caso de la operación A Ultranza Py, una investigación iniciada en 2019 sobre blanqueo de capitales y narcotráfico en Paraguay, que contó con la ayuda de Estados Unidos, la Unión Europea y Uruguay. En esta operación, se confiscaron decenas de inmuebles y otros bienes por sumas millonarias, convirtiéndose, posiblemente en la mayor operación de este tipo en Paraguay.

Además, el fiscal Pecci fue conocido internacionalmente al ser el agente de instrucción en el caso contra el mundialmente famoso exjugador brasileño de fútbol Ronaldinho, quien entró a Paraguay con un pasaporte falso.

Según medios paraguayos, Pecci era uno de los principales fiscales antimafia del país y había logrado enviar a la cárcel a clanes del narcotráfico. Además, contribuyó con la extradición hacia Estados Unidos de un importante capo colombiano.

Tras las pistas de una investigación fragmentada

El asesinato de Pecci tomó por sorpresa a las autoridades colombianas, en cuyos altos mandos hubo una reacción de condena del crimen y, a la vez, un señalamiento hacia el propio fiscal por no informarle a las autoridades colombianas que iba a estar en el país.

Por otro lado, el estamento investigativo paraguayo quedó sumamente conmovido y desconcertado al saber que uno de los suyos había caído en Cartagena.

A esta pesquisa internacional se le sumaron agencias de federales de Estados Unidos, de la DEA y el FBI, que habían cooperado con Pecci. Es de suponer que tienen mucho interés en encontrar y capturar a los responsables para evitar que en América Latina prospere la impunidad del sicariato contra estas importantes figuras judiciales.

Las tesis de las investigaciones seguidas hasta ahora por Colombia y Paraguay han tenido distintos abordajes. Así, en Paraguay se allanaron las celdas de importantes narcotraficantes para requisar sus teléfonos celulares y estudiar sus comunicaciones de las últimas semanas.

Mientras, en Colombia se han seguido múltiples pistas. Por ejemplo, la Policía Nacional de ese país divulgó un retrato hablado del sicario, un hombre de tez morena, que ese día estaba vestido de color negro, con sombrero y lentes oscuros. La principal tesis de los investigadores colombianos es que Pecci fue seguido desde que salió de Paraguay hasta que llegó a Cartagena.

Obvia decir que debía haber al menos una persona en el hotel que conociera al fiscal y pudiera indicar su ubicación exacta a los sicarios. Por esta razón, las autoridades colombianas hicieron una operación “candado” en Cartagena para rastrear tanto a los sicarios como a los posibles informantes que facilitaron su trabajo.

Dos versiones que corrieron como pólvora en los medios colombianos y paraguayos indican que el asesinato pudo haber sido encargado desde Estados Unidos por uno de los capos colombianos extraditados, o que un brasileño y dos libaneses vinculados con Hezbolá, quienes también habían sido parte de la acción judicial de Pecci, podrían ser responsables del crimen.

Es natural que en medio de la falta de resultados concretos, las autoridades y los medios manifiesten todo tipo de especulaciones.

La despedida a un héroe

El cadáver de Pecci llegó de regresa a Paraguay a las 5:00 a.m. del pasado sábado 14 de mayo. El gobierno entero y el pueblo paraguayo se volcaron en las horas siguientes a homenajearlo y a reconocerle su valentía.

En sus honras fúnebres, el pasado domingo, según Noticias Caracol, su padre, el abogado Francisco Pecci dijo de él lo siguiente: “Él no claudicó, cumplió con su deber. Él enfrentó el golpe porque en su vida él fue así (…). El pueblo en general entiende que a él lo mataron desgraciadamente porque molestaba por su honestidad a mucha gente. Que tu trayectoria honesta y valiente sirva de ejemplo”.

Pecci se une a una lista de jueces y fiscales latinoamericanos que se enfrentaron contra los poderes corruptos a costa de su propia vida. Su historia acaba de empezar.



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