“Me flipa lo que hace Bad Gyal y no siento que debería gustarme menos porque canta con ‘autotune'”


Nadia de Santiago, Anna Castillo y Greta Fernández protagonizan sus videoclips. Una vez lo compararon con Bon Iver y con ello se quedó, aunque Nacho García (26), el músico detrás deSt Woods, tiene algún recoveco más en su trayectoria. En Bones (Onerpm), su primer disco, hay folk, emoción y autotune.

Terminó de grabar en 2018, ¿pensaba que este momento no iba a llegar? Sí, parecía que nunca iba a llegar… Sacamos primero un single, que era un poco anzuelo para ver qué ocurría, y a raíz de ahí surgieron oportunidades fuera. Lo fuimos retrasando y ya el año pasado decidimos que tenía que salir este mayo. Fuimos poquito a poco y, de repente, nos hemos visto en medio de una pandemia global que, la verdad, no viene muy bien, pero le da emoción.

El disco habla del dolor. ¿Ha sido terapéutico? La verdad es que sí. Tenía las fechas para grabar y unas demos, lo tenía todo preparado a tres meses vista, porque en los estudios Reno era muy complicado conseguir fecha, y por causas de la vida en mi familia perdimos a un par de personas en dos semanas y a mí, personalmente, me pasaron un montón de cosas. Egoístamente, utilicé un poco la grabación como mi duelo personal. Eso se ve muy reflejado en las canciones, pero sobre todo lo vieron Luca (Petricca) y Brais (Ruibal), los productores.

¿Cómo? Cuando grabas un disco estás metido en un estudio un mes y medio o dos meses y se convierten en tu familia. Nos comimos los tres unas cuantas conversaciones profundas y resultó en una serie de canciones en las que la mayoría de letras están escritas allí y hablan de eso, es un duelo. No sé si el final del disco implica que el duelo está superado, pero vamos, que es un proceso.

Los temas que ha lanzado ya han provocado más de una llorera. Sí, empiezo a posicionarme como artista intensito que hace llorar a la gente…

¿Es más fácil abrirse con un sobrenombre? Me llamo Nacho García y cantando en inglés se me atragantaba, pero es verdad que ahí sí cogí referentes de grupos como Bon Iver; mucha gente piensa que es el cantante cuando es el nombre del grupo. Y me apetecía plantear un proyecto en el que no necesariamente iba a ser solista; no cierro la puerta a que, en el siguiente disco, la banda con la que estoy tocando entre conmigo en el estudio. A nivel de percepción entiendo que es diferente, pero también veo que la gente asocia directamente St Woods a mi persona, lo cual es obvio y entendible. Así que puede ser una manera de hacerlo.

¿Cuál fue su primer contacto con la música? Mis padres me apuntaron a clases de solfeo y guitarra clásica y a los dos meses les dije que eso no iba conmigo. No iba mal, sacaba buenas notas y se planteó que entrara en el conservatorio, pero a mí me apetecía ser Billie Joe de Green Day. Me aprendí los acordes en YouTube y monté con unos colegas una banda de versiones de estos grupos de teenagers, SUM 41, Green Day, NOFX… Ahora el solfeo me sería muy útil, pero no me arrepiento.

¿Aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta? En su mayoría ha sido YouTube. He dado algunas clases de guitarra y piano y de voz, un par hace unos meses porque tengo miedo de quedarme sin ella. Pero sí, la mayoría es autodidacta. No sé si decir esto queda muy pretencioso por mi parte… YouTube, mi mayor profesor.

Y su mayor difusor, porque para usted ha sido fundamental. Hay opiniones muy contrarias sobre lo que internet hace o deja de hacer a una industria como la música, pero a mí me ha servido de mucho. Si antes competían unos pocos para tener un hueco, con YouTube ahora compiten millones de personas, pero creo que es una oportunidad y una ventana muy buena para artistas como yo, que estamos empezando. Puede sonar la flauta y de la noche a de mañana empezar a crecer: yo comencé como hobby, para hacer mis versiones y tenerlas ahí, y ahora parece que está dando resultado. Así que oye, ni tan mal.

¿No le da un poco de respeto lo efímero de todo esto? Me da mucho respeto y miedo. Se inculca un poco la cultura -no la comparto en su totalidad, pero lo puedo entender- de que si no estás constantemente sacando cosas parece que desapareces del panorama. A lo mejor, si yo hubiese publicado el disco a los dos meses del primer single hace un año habría sido otra movida. Me da miedo por el hecho de que detrás de un proyecto también hay una inversión, un esfuerzo, un equipo. Y tener infraestructura para estar sacando canciones todo el rato me parece cuando menos un reto, aunque también te digo que es el plan: no descarto sacar más cosas nuevas este año. Mira los traperos y las traperas, es un poco su modelo de negocio y les va de lujo. Si la gente consume poco y rápido, pues que lo haga. Al final, como son lentejas…

Ha versionado a Passenger, pero también a Taylor Swift o One Direction. ¿Hay prejuicios en la música? Creo que sí, pero cada vez menos. Es lo bueno que tiene internet y lo de ser cada vez más una sociedad que está influida por unas generaciones que no tienen muchos prejuicios sobre nada. Puede haber barreras como, por ejemplo, las típicas etiquetas de ‘si eres indie, no puedes ser pop’ o ‘si eres trap no puedes hacer una balada’, pero son cosas que poco a poco se están quitando. Hay tantos artistas multidisciplinares que me cuesta pensar que eso en el futuro pueda ocurrir. Todos y todas tenemos en algún momento el miedo a encasillarnos en algo y no poder salir de ahí. Yo quiero hacer una música que guste y, a ser posible, que la escuche todo el mundo.

Hablando de prejuicios, le tengo que preguntar por el autotune. Hay dos frases recurrentes con esto. La primera me la dicen mi madre y mi padre: “Hijo mío, con la voz que tienes, ¿por qué tienes que hacer esas rarezas con las tecnologías?”. Y luego está el momento en el que un artista, sea el que sea, usa autotune dentro de un género como el indie y la etiqueta de Bon Iver es como un sello que te ponen en la frente. A la hora de grabar el disco lo concebimos como un instrumento y, de hecho, en canciones como On me está puesto para que haya unas armonías que choquen con otras, notas que hagan contrapeso con armonías que corregimos, etc. Prejuicios con él, ninguno. A mí me flipa lo que hace Bad Gyal y no siento que debería gustarme menos porque canta con autotune. Al final la música es un poco el producto final.

Muchos lo utilizan. Pondría la mano en el fuego por pensar que el 95% de los artistas en el universo mundial de la música lleva usando autotune y corrección de tono toda su carrera en todos sus directos. La cuestión es que hasta ahora se ha escondido. Rosalía lo hace, Bad Gyal lo hace, los traperos lo hacen… yo qué sé, hasta James Blake lo hace, y eso que es un tío superchulo y tiene un rollazo. Yo intento no abusar mucho, porque es una droga muy peligrosa. El criterio que hay detrás del disco es no cerrar puertas a nada.

nacho garcía

“De Tres cantos, el Nueva York de oriente”. Tuvo una banda de versiones de punk rock. Se fue de erasmus a Bélgica y empezó a tocar en la calle; repitió la experiencia en varios países europeos. Youtube y Spotify han sido claves en su despegue. Tiene dos EP, trabajó con el productor Brian Hunt y ha tocado en festivales como el DCode, el Sonorama y el SXSW de Austin (Texas). Se ha pasado la cuarentena, confiesa, escuchando a Glen Hansard.

Cuénteme alguna anécdota de su etapa de groupie de Green Day. Hay unas cuantas. Con colegas he ido a verlos a otros países, he dormido en colas de conciertos, me he inventado que tengo un blog de música para intentar hacer entrevistas y no ha colado… Pero en un festival de Francia coló. Mandamos a la organización un mensaje diciendo que éramos amigos de una banda que se llamaba Billy Talent -nada más lejos de la realidad- y, no sabemos cómo, coló y nos metieron en el backstage. Tengo miles de púas de Green Day, les seguiré viendo toda mi vida. Siguen siendo mi máxima prioridad musical.

¿Qué canción de su disco va a sorprender más? El cierre, Bones (Psalm), es raro. Es una canción entera con autotune, con unos pianos y unos sintes… creo que a la gente le va a sorprender. Y Fire: de repente hemos metido una canción más rollo The war on drugs o más animada de lo que pensábamos, pero nos encajó y ahí se ha quedado. Quiero pensar que a la gente le va a encantar el disco de verdad, porque si no, vamos a salir de esta cuarentena fatal.

Ha teloneado a músicos y grupos como Jake Bugg y Kaiser Chiefs, pero también ha tocado en la calle. ¿Qué saca de dos experiencias tan diferentes? Ambas son una ducha de humildad y un ponerte en su sitio muy fuerte. La calle es más complicada, porque la regla número uno es que, si quieres hacer dinero, tienes que tocar versiones de otros. Lo que hacía yo eran las típicas versiones de Ed Sheeran o el Aleluya de Leonard Cohen; y luego vas metiendo tus canciones. Lo bueno que tiene es que el feedback es directo, si haces algo bien y a alguien le gusta te lo muestra al instante y si no, nadie se interesa. Y sobre los teloneos, cada uno es muy diferente. Hay algunos artistas a los que básicamente les da igual el telonero, algo que puedo entender, y luego hay otros, como los Kaiser Chiefs o Catfish, que fueron majísimos. Julien Baker me invitó a tocar con ella en Madrid y Barcelona y aún seguimos hablando. También me ocurrió con L.A., Luis Albert y la banda me acogieron como si fuese uno más.

Y qué bien tocan. Hace mucho que no le escribo, le voy a escribir para decirle que vuelva L.A.. No hay día que no piense que deberían volver, aunque lo que está haciendo ahora él me está flipando.

No parece llevar bien el confinamiento. Fatal. Mi padre me va a echar la bronca, porque cuando lee mis entrevistas dice que tengo que dar un mensaje más positivo. Lo estoy llevando regular, dentro de que soy un privilegiado. El problema es que yo soy una persona muy de estar en casa, pero cuando me obligan a hacer algo me sienta fatal. Y, además, noto esta presión, aunque ya se va desvaneciendo, de que los artistas tenemos que aprovechar este tiempo para componer muchísimo. Yo soy una persona a la que las canciones se le ocurren andando por la calle y claro… Me lo tomo con bastante humor.

Las perspectivas del sector tampoco es que animen. Lo que me da rabia ya no es ni siquiera sacar el disco en mitad de todo esto, el problema es que en abril teníamos gira y en mayo íbamos a hacer conciertos. Llevábamos buscando un sitio específico para hacer un concierto en Madrid alrededor de cuatro o cinco meses. Pero he tenido relativa suerte, porque tampoco he perdido mucho dinero en comparación con todas las bandas, las crews y los backliners que están palmando ahora más que nada. Yo por lo menos tengo mi curro aparte.

¿En qué trabaja? Estoy currando en una tienda de discos. Empecé hace poco para sacarme un dinero extra. Luego tengo ahorrado y tiro millas, o hago como todos los artistas, vivir de los adelantos de las discográficas. 

¿En estos días le salva la tarde el ukelele? Tengo aquí mi teclado y mis guitarras, tengo que preparar un montón de cosas. Me están salvando la cuarentena eso y Filmin; estaría peor si estuviera de brazos cruzados. Todos y todas nos estamos acostumbrando a esto, cuando vuelva la relativa normalidad va a ser muy raro. No paro pero, te lo juro, me encantaría decir ‘esta semana me he leído 58 libros, he visto cuatro películas italianas, otra de Irán y he hecho una canción que habla de la lucha social en Pakistán”. Pero es que me bloqueo tanto… Probablemente, cuando acabe la cuarentena le montaré un altar a mi novia, que me está aguantando, y otro a las parejas de los artistas y las artistas. Estamos todos fatal de nuestras cabezas pensando que somos el centro del mundo.





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