Medicina regenerativa


Píldoras

 

Una biopsia proporciona un mínimo trocito de piel; son apenas dos centímetros cuadrados. Después, en el laboratorio, la ingeniería tisular se encarga de expandirla, de cultivarla y en definitiva, de fabricar desde ese trocito, hasta dos metros cuadrados de esa misma piel. Una salvación. Porque puede ser utilizada para cubrir una gran quemadura o para resolver otros muchos problemas.

No es fantasía. Es una realidad científica y práctica. Queda todavía mucho que conseguir, pero es uno de los pasos más espectaculares que la ingeniería de tejidos está dando. Otros van hacia la regeneración ósea, con esa nueva rama de la osteobiología

Ingeniería tisular y medicina regenerativa van de la mano para plantar cara al gran problema médico de hoy. Superadas las enfermedades infecciosas clásicas (la pandemia de coronavirus ha alterado ya todo), resueltas muchas patologías, la mayor esperanza de vida está planteando los problemas  de la degeneración y del desgaste. ¿Y cómo reponer ese cartílago articular que provoca el dolor de la artrosis? ¿O las células dañadas de un infarto?. ¿O las neuronas anudadas del Alzheimer? ¿O el motor de arranque del Parkinson?

La esperanza –y en muchos casos ya realidad– se llama medicina regenerativa o ingeniería tisular. O dicho de otra forma, la ciencia que permita recuperar el poder regenerativo que nuestro organismo tiene en los primeros años de vida. La potencia de nuestras células jóvenes para reponer los tejidos que se van deteriorando, disminuye con los años. ¿Y qué es lo que les da esa fuerza? Pues eso es lo que se investiga y es lo que podrá ofrecer en un plazo no muy largo, grandes esperanzas.

Las células madre, las posibilidades de la médula ósea, la combinación entre la terapia génica y la ingeniería de los tejidos ya podría permitir la fabricación de una especie de “esparadrapo natural” que no solo protegiera, sino que desinfectara y acelerará la cicatrización.

Es un futuro que suena a ficción. Lo señalaba el académico García Barreno al describir las cuatro fases que según Haseltine, tendrían que cumplirse: la primera, a base de copiar los mecanismos del cuerpo imitando lo que hacen los factores de crecimiento; la segunda, a base de implantar tejidos y órganos crecidos en el laboratorio; la tercera, se basaría en la reprogramación de los relojes celulares y por tanto sería el rejuvenecimiento de los tejidos envejecidos; y en la cuarta, se utilizaría la nanotecnología para fabricar nuevos componentes celulares que permitan su integración en el organismo humano.

Las primeras etapas ya se han cumplido. Y se camina a buen paso para ponerlas al alcance de todos.



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