Mejor me voy para la playa


Tengo que ir al súper, pasar a comprar unas medicinas y conseguir más comida para la perra. Hoy no se me puede olvidar contactar al plomero; la filtración de la pared del baño se esta poniendo peor. Después de todo eso, tengo programados cinco pacientes y termino el día haciendo turno en la línea de apoyo de “Te escucho Panamá”. Pero antes de arrancar con todo, me tengo que tomar mi café y ver el periódico. Es mi momento sagrado.

“Al alcalde de San Miguelito le han dado $4,000 para gastos de movilización”. ¿A dónde tiene que ir este señor? “La Contraloría afirma que no fiscalizará las obras gestionadas en la pandemia”. Pues, ¡que siga el fiesto! “Tribunal Electoral confirma que se aplica revocatoria de mandato para funcionarios electos, excepto a los diputados de partidos políticos”. ¡Agárrame ese trompo con un dedo! Me indigna lo que leo. Me indigna todos los días algo nuevo de este y otros gobiernos. Pero ya me tengo que ir. Si no me arreglo no me da tiempo para todos los mandados. Ahora tuiteo algo al respecto para mostrar mi indignación. Aparte de eso, ¿qué más puedo hacer? ¿Quiénes serán los encargados de fiscalizar estas cosas?

Yo, como miles de panameños, no puedo ir a plantarme afuera de la Contraloría, la Corte Suprema o la Asamblea para protestar por cada cosa. Honestamente, si convocaran más marchas tampoco pudiera ir, aunque quisiera. Tengo trabajo que hacer para pagar mis gastos. Me encantaría que sonáramos pailas o pitáramos como en el tiempo de la dictadura, pero sé que ya hasta los pañuelitos blancos nos lo quitarían de las manos para limpiarse la nariz y ni los devolverían. Es más, harían un negociado para vendernos desde el gobierno los pañuelos blancos.

Supongo que, como yo, hay miles y miles de panameños igual de indignados cuyo silencio no significa que estén de acuerdo con lo que sucede, sino que se sienten impotentes de poder hacer algo más allá de quejarse, por lo que prefieren dedicarse a sacar adelante sus propias vidas. Y no es que no entendamos la importancia de lo que sucede. Creo que la mayoría tiene claro que estas cosas se traducen en dinero que no llegará a la educación o salud de miles más. Sabemos que las denuncias interpuestas dan vueltas por los juzgados hasta que llegan a la Corte, sólo para indignarnos más con sus fallos. Y, ¿saben qué? Muy probablemente estamos en lo cierto. Mejor me voy para la playa y no me mortifico más .

Y así seguimos sobreviviendo. Llevándola. Aliviando nuestra indignación con algún meme. Hasta ahí llega nuestro desquite, el poder burlarnos. Confieso, me encanta eso del panameño.

Nos podemos pasar días, meses, años y generaciones viviendo diferentes dramas políticos y estoy segura que cada grupito que llega al poder sabe de nuestra impotencia y, aunque digan que van bien intencionados, las oportunidades se les hacen demasiado tentadoras. Saben que aunque puedan hacer algo para cambiarlo, nadie es tonto para dispararse en su propio pie. Y lo siguen haciendo, porque pueden.

Y seguirán pudiendo, porque ningún sistema es infalible y ningún procedimiento se queda sin huecos. Pero señores, se las estamos poniendo muy fácil. Las denuncias de cada acto ya no nos funcionan. La posible forma de cambiar este drama diario que vivimos es cambiando el guión. Es hora que a los actores de esta tragicomedia les demos otra obra que interpretar y, de paso, otros actores asuman los papeles. Ese guión es nuestra Constitución, redactada en una época militar y cambiarla implica hacer la reformas necesarias.

Me voy para el súper. Necesito comprar las cosas para desconectarme en la playa… aunque realmente no puedo “ir” a la playa. Aparentemente en el agua de los mares de Panamá vive la Covid-19 y han desplegado una fuerza importante de policías para protegernos… Y, además, ¿quién les diría que no pueden?

LA autora es psicóloga clínica



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