Planta medicinal, propaganda y ausencia de covid-19 en Turkmenistán


AFP

Turkmenistán cuenta con un arma secreta contra la pandemia de coronavirus: el humo de una planta con supuestas virtudes medicinales, alabada por el autoritario presidente de este hermético país de Asia central, que afirma haberse salvado del covid-19.

Además de tomar la temperatura a sus alumnos, Aina Grayeva, profesora en Ashjabad, la capital turkmena, fumiga regularmente el aula quemando alharma, también llamada “ruda siria”, que tanto aprecia el excéntrico dirigente turkmeno, Gurbanguly Berdimuhamedov.

“Solo seguimos las instrucciones que nos ha dado” el gobierno, explica a la AFP esta mujer de 42 años.

La alharma se usa desde tiempos inmemoriales en Oriente Medio, en el norte de África y en Asia central como remedio milagroso contra diversas enfermedades y para conjurar la mala suerte.

Llamada “yuzerlik” en Turkmenistán, lo que significa “remedio para cien enfermedades”, esta planta con un olor particularmente fuerte ha aumentado su popularidad durante la pandemia, aunque el gobierno presume de que este país es, junto con Corea del Norte, uno de los pocos Estados en el mundo que se ha librado de la enfermedad.

Desde marzo, el presidente turkmeno ordenó fumigaciones con alharma de “manera sistemática”, ensalzando su capacidad para matar bacterias y virus.

Desde entonces, el precio del ramo se ha multiplicado por cinco, hasta cinco manats (1,17 euros; 1,43 dólares).

Sin embargo, en el vecino Uzbekistán, el reputado doctor Bakhrom Almatov advirtió en los medios locales que esta hierba no tenía “ningún efecto directo” sobre el virus, pese a sus virtudes medicinales.

El presidente turkmeno no es el único dirigente que alardea de un supuesto remedio milagroso, sin base científica, contra el covid-19. En Madagascar, y en todo África, son muchos lo que recurren a la artemisa, una especie de helecho verde con falsa apariencia de cannabis.

Preguntada por el alharma, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no quiso hacer comentarios sobre sus supuestos efectos benéficos, pero señaló que la medicina tradicional “tiene una larga historia en numerosos países y constituye a menudo un recurso importante para la salud”.

Para protegerse del coronavirus, las autoridades sanitarias recomiendan, ante todo, el uso de la mascarilla, la distancia física y hábitos de higiene como lavarse las manos regularmente.

En Turkmenistán fue necesaria la visita de una delegación de la OMS en julio para que se impusieran tales medidas, así como restricciones públicas, pero el país nunca admitió ni un caso de coronavirus. Incluso después de que el embajador del Reino Unido en Ashjabat anunciara que contrajo el covid-19 esta semana.

Desde el verano, las tiendas no esenciales y los restaurantes están cerrados y la circulación de trenes y autobuses, limitada. Se recomienda a la población el uso de mascarillas, oficialmente para protegerse del “polvo” y “patógenos” desconocidos.

La OMS emitió su preocupación durante el verano por un aumento de las neumonías en Turkmenistán, asegurando que había recibido la autorización de recoger muestras en el país para analizarlas en laboratorio.

En cambio, admitió a la AFP que la aplicación de esta iniciativa resultó “imposible”.

Las instrucciones del presidente turkmeno sobre la alharma son típicas de sus iniciativas para glorificar la fauna y la flora de esta exrepública soviética.

Llegado al poder en 2016, tras la muerte de su predecesor, Berdimujamedov no ha dejado de celebrar, en libros, monumentos y puestas en escena la belleza de los caballos turkmenos o de los perros pastores locales.

Su publicidad de la alharma provocó el desarrollo de una serie de productos derivados, en una economía estatal y asolada por seis años de caída de los precios de los hidrocarburos, principal fuente de ingresos.

En diciembre, durante una feria profesional, una compañía pública presentó ladrillos en forma de cigarros de alharma seca, capaces de arder durante 45 minutos y vendidas por diez manats la caja de seis.

“Deberían ser asequibles para la población local”, afirmó un representante, que no quiso dar su nombre.



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