¿Por qué los resultados del distanciamiento social en EE.UU. han sido “dolorosamente lentos”?


(CNN) – Han pasado más de seis semanas desde que Nueva York cerró sus escuelas y negocios, y comenzaron las órdenes de confinamiento para detener la propagación del coronavirus.

Sin embargo, este miércoles todavía se registraban más de 600 hospitalizaciones nuevas por coronavirus, además de 232 muertes. Los totales han bajado, sí, pero el gobernador Andrew Cuomo expresó su frustración por la lenta velocidad del descenso.

“Estamos viendo que disminuye gradualmente. Nos gustaría tener una reducción más pronunciada y rápida, pero aquí es donde nos encontramos”, dijo. “Es un descenso dolorosamente lento, pero es mejor a que los números vayan en la dirección opuesta”, añadió.

Y Nueva York no es el único en esta situación. En todo el país, los estados que establecieron cierres han visto mesetas o disminuciones más lentas de lo esperado en el número de casos de coronavirus. El distanciamiento social ha ayudado a frenar el virus, pero no ha detenido por completo su propagación.

Esta lenta reducción es especialmente notable en comparación a otros países. En China, Nueva Zelanda y España, las medidas de distanciamiento social y los cierres disminuyeron drásticamente los casos de covid-19 más rápido, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

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Dicho contraste muestra las debilidades del distanciamiento social al estilo estadounidense, el cual se ha visto obstaculizado por una respuesta federal descuidada, órdenes de confinamiento llenas de excepciones y dificultades en la realización de pruebas, el rastreo de contactos y la cuarentena.

“Sabemos que el distanciamiento social es más efectivo cuando se aplica de manera temprana, consistente y agresiva”, destacó la Dra. Leana Wen, médica de emergencias y excomisionada de salud de Baltimore. “Eso no es lo que ha sucedido en Estados Unidos”, advirtió.

Sin una vacuna o cura disponible, mantenerse lejos de las personas contagiadas es la única manera de detener el virus. Aún así, muchos estados ya toman acciones para aliviar las medidas de distanciamiento incluso antes de que la primera ola de coronavirus se haya controlado.

“No se trata de una segunda ola”, sostuvo el Dr. James Phillips, médico y profesor asistente del Hospital de la Universidad George Washington. “Se trata de que la primera ola continúe subiendo y aumentando exponencialmente”, señaló.

Los confinamientos “con filtraciones” traen consecuencias

Desde el principio, las órdenes de confinamiento en Estados Unidos incluyeron el cierre de las escuelas y la mayoría de negocios, pero también hicieron amplias excepciones para los trabajadores considerados “esenciales”, los traslados a los supermercados, hacer ejercicio e incluso los paseos al aire libre.

De hecho, algunos estados permitieron que las reuniones religiosas continuaran, mientras otros mantuvieron abiertas las playas y los parques para las personas. Unos han exigido el uso de máscaras, pero otros no. Sin mencionar que el cumplimiento de estas medidas también ha sido irregular.

Varios clientes utilizan máscaras faciales mientras esperan afuera de una tienda Costco Wholesale en Maryland.

En suma, los esfuerzos en Estados Unidos para reducir la transmisión del coronavirus han tenido “filtraciones”, indicó Nadia N. Abuelezam, epidemióloga y profesora asistente en el Boston College.

“Las filtraciones en nuestro distanciamiento social probablemente estén llevando al lento declive o, en algunos casos, a un aplanamiento o meseta incluso a ninguna disminución”, dijo.

Aproximadamente 2.000 personas han muerto cada día en Estados Unidos durante las últimas dos semanas, mientras el número diario de casos confirmados ha continuado estabilizándose o aumentando ligeramente.

En contraste, los países con cierres más estrictos han registrado descensos más drásticos.

En algunas partes de la ciudad de Wuhan, China, donde se originó el nuevo coronavirus, las personas estuvieron confinadas dentro de sus hogares durante varios meses seguidos, sin la posibilidad de salir y dependiendo de los servicios de entregas de víveres y otros productos necesidades básicas. Por su parte, Nueva Zelandia prohibió la entrada de todos los extranjeros y obligó a los ciudadanos que regresaban a pasar dos semanas en cuarentena en una instalación autorizada. España, que tuvo el confinamiento más estricto en Europa, no permitió que la gente fuera a hacer ejercicio en solitario durante semanas.

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Con estos esfuerzos, China y Nueva Zelandia eliminaron de manera efectiva la propagación del virus, y España redujo su número de muertes a 164 el domingo, la cifra más baja en seis semanas.

Estados Unidos no ha visto tal declive y, aún así, muchos estados están reabriendo. Un modelo de coronavirus creado por el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Washington, había proyectado previamente que las muertes por covid-19 se detendrían este verano en el país, pero la versión más reciente del modelo, conocida este martes, pronostica que los decesos diarios continuarán en una epidemia más extensa y prolongada.

“Si persistes con el distanciamiento social, como lo ha hecho Nueva Zelandia, y no flexibilizas las medidas, de cierta manera, desde el punto de vista de la salud pública, el distanciamiento social temprano, entonces ciertamente puedes reducir la transmisión a cero”, afirmó el Dr. Christopher Murray, director del IHME. “El desafío, por supuesto, es que hay una gran agitación económica y dificultades creadas por eso”, añadió.

Las reglas federales son laxas e inconsistentes

El gobierno federal entregó tardíamente sus propias “pautas” inviables para la reapertura, sostuvo Wen, y en general ha dejado la decisión sobre los cierres a cada estado.

En ese escenario, cada estado ha presentado su propia definición de órdenes de “confinamiento” y ha ofrecido sus propias recomendaciones acerca de cómo las personas deben comportarse. Una situación que también extiende a los criterios propios sobre cuándo es seguro reabrir.

El presidente Donald Trump señaló que no cree que los estadounidenses “toleren” quedarse en casa mucho más tiempo y catalogó los cierres de “insostenibles”.

“Les hemos dado margen de maniobra a los gobernadores para que tomen decisiones” sobre cuándo reabrir, dijo el mandatario este miércoles.

Esa falta de un mensaje nacional consistente ha creado incertidumbre. Sin una guía clara, las personas tienen problemas al intentar decidir qué hacer.

“Eso es lo que causa la filtración”, advirtió Abuelezam. “La gente está teniendo dificultades para evaluar su riesgo de contraer coronavirus”.

Ahora, sin reglas nacionales, no hay restricciones de viaje dentro de las ciudades, dentro de los estados o incluso entre estados. Los cierres varían según el lugar, incluso a veces por condado, por lo que las personas en las áreas de cierre pueden cruzar las líneas de la ciudad a lugares que están abiertos.

“Eso deshace por completo los aspectos positivos de cerrar o bloquear un área”, sostuvo Abuelezam.

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Murray, el director de IHME, señaló que existe una correlación estadística entre la movilidad y la transmisión del virus.

“Hay muchos, muchos estados donde la movilidad está comenzando a aumentar, incluso antes de que se se terminen los mandatos de distanciamiento social”, dijo Murray, citando datos de Facebook y Google. “Es probable que este aumento de la movilidad en la última semana o diez días conduzca a una mayor transmisión”, añadió.

“Si hay un aumento repentino en los traslados nacionales o también un aumento constante, eso puede contrarrestar algunos de los beneficios del incremento de las pruebas per cápita”, agregó.

Falta de pruebas, rastreo y cuarentena

El distanciamiento social y los cierres son solo una parte de los esfuerzos para detener el virus. Y en Estados Unidos, los otros aspectos –pruebas, rastreo de contactos y cuarentena– han sido igualmente decepcionantes.

“El distanciamiento social busca ganar tiempo, tratar de aplanar la curva y conseguir tiempo para otras capacidades como pruebas o rastreo y otras medidas públicas para contener la enfermedad”, explicó Wen.

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Mientras otros países han podido aumentar en esas áreas, Estados Unidos ha sido más lento en hacerlo.

Todavía existe una escasez generalizada de pruebas en comparación a la necesidad. Debido a eso, algunas personas contagiadas no pueden hacerse el examen, y quienes son portadores asintomáticos pueden transmitir el virus a otros sin saberlo.

Idealmente, cuando una persona da positivo, un rastreador de contacto se comunica con los individuos más cercanos a la persona infectada y les aconsejará que se aíslen o se realicen la prueba. Un estudio reciente estimó que Estados Unidos necesita al menos 100.000 de estos rastreadores, pero ese ejército clave aún no existe.

“Realmente comprometes (el distanciamiento social) al no tener pruebas disponibles”, comentó el Dr. Kent Sepkowitz, especialista en enfermedades infecciosas. “Los países que usaron pruebas y rastreos de contactos fueron los que realmente pudieron lograr que (los casos) cayeran como una piedra”.

Además, para aquellos que dieron positivo, los funcionarios de salud han recomendado el autoaislamiento o la cuarentena en el hogar. Pero aquellos que no viven solos corren el riesgo de contagiar a familiares, compañeros de residencia o vecinos cercanos.

China lidió con ese problema creando instalaciones de cuarentena masivas y obligando a los pacientes infectados a quedarse allí. Si bien algo así resulta poco probable en EE.UU., Wen dijo que ni siquiera hay instalaciones de cuarentena para personas que quieran aislarse de los ancianos o miembros de familia inmunodeprimidos.

Estos problemas permanecen claros incluso cuando los estados comienzan a aliviar sus cierres y reabrir tiendas, peluquerías, restaurantes y más.

“Las señales que salen al público todo el tiempo es que esencialmente hemos terminado con esto”, dijo el principal corresponsal médico de CNN, el Dr. Sanjay Gupta. “Creo que es importante seguir recordando a las personas que debemos estar atentos a esto”, concluyó.

Arman Azad, de CNN, contribuyó a este informe.



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