¿Por qué no hemos adoptado ‘Matria’? Un antiguo concepto entre el rechazo de la izquierda y la reivindicación histórica


En 2020 una estudiante universitaria de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo (Provincia de Mendoza, Argentina) logró que el centro le permitiera jurar su título por “la Matria y mi honor”, en lugar de por “la Patria y mi honor”, como recogía el formulario estándar. 

Y es que esa palabra inexistente a efectos oficiales, ‘matria’ va y viene por las noticias y los debates de cuando en cuando, la última vez cuando hace pocos días Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, proponía alejarse de la “pesada carga” de la palabra ‘patria’ y adoptar ‘matria’, que a su juicio “es algo que cuida, que trata por igual a todas las partes, que no discrimina a nadie”. 

Es una propuesta interesante, pero quizá poco fructífera. “Es más un juego con los significantes y quizá con no mucho recorrido, porque es muy difícil que una persona cree una palabra. Las palabras las adopta la colectividad, no las individualidades”, avanza el filólogo y filósofo Pedro Álvarez de Miranda.

La idea de asociar el sentimiento de pertenencia a lo femenino viene de antiguo, pues ya en la antigua Grecia Putarco hablaba de la tierra como madre, por sus connotaciones de fertilidad, de crianza, de cuidado. 

A ese concepto se acogía en 2019 la secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, cuando decía que “la patria, o más bien, la matria, es una comunidad de cuidados. Uno se siente perteneciente a un grupo si le cuidan. Por tanto, uno se va a sentir parte de una comunidad si le cuidan. La ‘matria’ son los hospitales, son las escuelas, es la ayuda a la dependencia, el apoyo a las familias vulnerables… Esa es la ‘matria’. Ese es nuestro matriotismo andaluz“, exponía. 

La filósofa María Zambrano también se sumó al término ya a principios del siglo pasado. “Sí, perdí a mi padre, perdí la patria, pero me quedó la madre, la ‘matria’, la hermana, los hermanos”, apuntaba en uno de sus escritos. 

Una cuestión de habla popular

Pero el lenguaje no funciona así, es el resultado del tiempo, del hablar, de los convencionalismos y de la historia. 

Pedro Álvarez de Miranda, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en lexicografía y lexicología y miembro de la Real Academia Española con la letra ‘Q’, hacer ver los porqués de la preeminencia de patria. 

El filólogo y filósofo expone en primer lugar que “las personas que han enunciado el significante ‘matria’ están haciendo un juego con las palabras, en el buen sentido, están jugando con los significantes más que con la literalidad de las palabras”.

Y esto es porque “decimos lengua materna y también podríamos decir lengua paterna, la elección de la figura del padre para la patria, en detrimento de la madre, no tiene tanta importancia, porque tiene mucho de arbitrario, como lengua materna o madre patria“, hace ver.

“A las personas que han lanzado la palabra ‘matria’ si se les pidiera que la definieran tendrían dificultades para hacerlo, porque al fin y al cabo es lo mismo que patria, solo que con la ‘m’ de madre. No es un concepto distinto”, señala Álvarez de Miranda.

“En el lenguaje hay mucho margen de convención, no hay que sacarle tanta punta porque en el fondo no es tan trascendental”, hace ver. No obstante, el experto valora “este acto legítimo de afirmación feminista, es interesante, pero no parece tener mucho recorrido”, pues para afianzar la palabra ‘matria’ habría que “tratar de convencer a 500 millones de hablantes de que la adoptaran”. 

El primer significado de patria era el lugar en el que se ha nacido, “incluso si era una localidad pequeña, como Cervantes con Alcalá de Henares”, subraya Pedro Álvarez de Miranda.

“Ya en el siglo XVIII se asoció con el concepto de patriotismo, como concepto político, y el patriotismo es una creación de los ilustrados, de un sector progresista en la España de la época”, pone de manifiesto. 

Para el filósofo el rechazo al concepto y a la palabra patria es histórico. “La izquierda ha renegado del concepto de patria y eso me parece un error. Esto se remonta al Franquismo y a la apropiación que hizo del concepto de patria, que hizo que la izquierda viera con recelo a esa palabra”, opina. 

Pero el concepto de patria no tiene por qué ser de derechas, “en absoluto”. “Se puede ser patriota de izquierdas y hay ejemplos históricos, como la resistencia francesa antifascista”, expone a la vez que critica que en España “el error garrafal ha sido cederle a la derecha el concepto de patria, regalarles un concepto que es de todos”.

“Despojemos a patria de unas connotaciones que ya es hora de que vaya perdiendo y empleémosla sin complejos, o no la empleemos”, anima, aunque es “un concepto que está muy en retirada, pocos políticos reivindican la patria”.

No pocos intelectuales a lo largo de la historia, españoles algunos de ellos, quisieron asociar los conceptos ligados a la madre cuidadora y acogedora a la pertenencia, frente a la visión del padre como severo y distante. 

Miguel de Unamuno habló de la ‘matria vasca’ feminizando los atributos asociados a la nacionalidad y el filósofo francés Edgar Nahum amplió sus miras adoptando el concepto de “matria Europa”.

“El advenimiento del patriarcado que estudia Engels en su teoría sobre la propiedad privada, tendría su más viva y mejor expresión en la creación del estado romano, que, como señala Bachofen, es el momento en el que la mujer ya ha perdido todos sus derechos”, hace ver Natalia Toledo Jofré, de la Universidad de Chile.

La estudiosa del lenguaje y la historia recogía que “la tierra que había sido considerada femenina, irá perdiendo este carácter y se irá mezclando con la potencia masculina. Bachofen señala que el matriarcado conduce a la denominación ‘metrópoli’ y no ‘patria’, pues la primera significa “ciudad madre” y es esta la que representa fielmente el sentido de una ciudad, no “ciudad padre”.

El debate sigue abierto y quizá solo el tiempo dirá si acabamos por sentirnos acogidos por lo femenino, como se vive en la “madre Rusia” o si seguiremos con la costumbre al referirnos a la “patria”, sea lo que cada uno conciba como tal. 



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