¿Por qué WhatsApp quiere nuestros datos?


El cambio en las condiciones de servicio de WhatsApp ha sido una de las noticias más sonadas del 2021. Desde el 4 de enero, cuando la aplicación comenzó a notificar sobre su nueva política de privacidad y a exigir la autorización de su público abonado para compartir sus datos con Facebook, revivió a niveles ensordecedores el ya longevo debate sobre el control de la información en Internet. Comenzó una migración masiva a otras apps y la discusión llegó a audiencias que normalmente no se preocupan por este tipo de temas. Pero, ¿entendimos bien qué es exactamente lo que WhatsApp nos impone? Repasemos esta historia que como ninguna une en sagrado vínculo matrimonial a la tecnología con el capitalismo.

Con más de 2 mil millones de personas suscritas, WhatsApp es por mucho la aplicación de mensajería instantánea más usada del mundo. Incluso, con el supuesto boicot que está siendo objeto desde hace tres semanas y con los niveles inéditos de descarga y uso que han tenido sus competidoras, su poderío es casi imbatible; más cuando está respaldada por la red social que es reina entre todas las demás: Facebook. La fusión de las dos plataformas, o mejor dicho, de las dos compañías, es el punto de partida de este relato.

La génesis de WhatsApp

Como en la breve y trepidante historia de Internet cada instante parece toda una era, diremos que nos remontamos al lejano 2009. Fue el año de fundación de WhatsApp. Su creador era Jan Koum, un inmigrante ucraniano que para entonces tenía 33 años de edad y que había abandonado sus estudios de ingeniería para entrar de lleno a trabajar en grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos como Adobe, Yahoo y Apple.

La idea inicial de Koum era desarrollar una aplicación en la que simplemente se compartieran los estados para interactuar con otros usuarios. Es decir, que las personas supieran a través de la libreta de direcciones si fulana o zutano estaba disponible para un telefonazo o para un SMS, en un esfuerzo por darle un poco de etiqueta y protocolo a la entonces recién estrenada costumbre de llamar o escribir a cualquier hora.

En un momento dado la plataforma evolucionó para ofrecer el servicio de mensajería instantánea. Eran los años del MSM Messenger y del inicio de la fiebre global por los celulares inteligentes. El mencionado programa de mensajería tenía mucha popularidad, pero no lograba acoplarse a la tendencia creciente de la comunicación a través del equipo móvil, así que terminó siendo dejada a un lado cuando no puedo emigrar del escritorio de la computadora.

WhatsApp entró a competir con el BlackBerry Messenger, que en un inicio acaparó casi todas las cuotas de mercado. Primero estuvo solo disponible en iOS y en 2012 se masificó con su arribo triunfal a Android. Su notoriedad creció rápidamente y esa fama llegó a los oídos de Mark Zuckerberg, quien no solamente es un gran visionario del Internet, sino también un sabueso de fino olfato para el mundo de los negocios.

De modo que el 19 de febrero de 2014, cuando WhatsApp estaba cerca de alcanzar su hito de conectar a mil millones de personas, Zuckerberg anunció que había comprado la app por la módica suma de 19 mil millones de dólares, valga decir que la mayor parte de ella -15 mil millones- pagadera en acciones de Facebook.

El joven magnate explicó que su decisión buscaba ampliar el número de usuarios en su red matriz y que con “la alianza” -que en términos reales era más bien una absorción- solo buscaba “un mundo más abierto y conectado”.

Desde entonces la historia de la plataforma ha sido más o menos de dominio público. Facebook ha hecho varias actualizaciones a la app, que en líneas generales ha seguido funcionando de la misma manera en que la entregaron sus fundadores. Se incluyeron funcionalidades como los estados, que le otorgan un breve matiz de red social, y se han mejorado detalles sin que a simple vista se le hayan hecho cambios de fondo. También lanzaron WhatsApp Bussiness para uso empresarial.

Pero no han sido noticias tan taquilleras las que han informado sobre el vuelco comercial que quiere dar WhatsApp para finalmente obtener ganancias. En este punto hay que aclarar que ninguna app de mensajería se mantiene a sí misma ni genera dividendos. Por ejemplo, Telegram y Signal se sufragan mediante donaciones de patrocinantes y WhatsApp, naturalmente, es mantenida por Facebook.

En 2020 circularon titulares sobre la posible inclusión de publicidad en los estados de WhatsApp que se desplegarían de la misma forma como lo hacen los anuncios en las historias de Instagram, y también que se integraría una plataforma de pagos, que de hecho ya funciona en Brasil, India e Indonesia.

Al anunciar WhatsApp este mes que compartiría los datos de su clientela con Facebook y otras empresas, no hizo sino confirmar otra forma de monetización de la plataforma que tributará a su hermano mayor. Verbigracia, al entregar la información de sus suscriptores a Facebook, WhatsApp aporta materia prima que Zuckerberg convierte en mercancía y vende al mejor postor a través de ese concepto difícil de asir que cada tanto se pone de moda: el Big Data.

Al anunciar WhatsApp este mes que compartiría los datos de su clientela con Facebook y otras empresas,
no hizo sino confirmar otra forma de monetización de la plataforma

Las redes sociales no son gratis

Entonces volvemos a la pregunta que nos convoca: ¿Por qué WhatsApp quiere nuestros datos? Para responderla aclaremos en primera instancia dos cosas: la primera, que hablamos de privacidad no como sinónimo de intimidad, así que dejemos a un lado la creencia pueril de que Facebook, Mark Zuckerberg o la CIA (al menos esta vez) se interesan en saber detalles de nuestras conversaciones, si la vecina le es infiel al novio, si hablamos mal de una prima o si tenemos intercambios de mensajes comprometedores con algún antiguo enamorado del colegio. 

Lo segundo: Las redes sociales no son gratis. Esa es una verdad sólida y lapidaria. Que no desembolsemos dinero por su uso no quiere decir no las paguemos. Lo que pasa es que para estas plataformas nosotras y nosotros no somos la clientela. Somos la mercancía. 

Comprendidos estos dos tópicos, pasamos al punto central de la historia, que son los datos que se recolectan. Cada pequeño paso que damos en las redes sociales y en Internet en general; cada like, cada comentario, cada segundo más o menos que pasamos frente a un contenido determinado, cada app que descargamos y usamos, cada noticia que leemos, va dejando un rastro al que se le llama “metadata” y que nos ubica dentro de grupos.

Los cúmulos de metada son la Big Data. Que es la mina de oro para la publicidad y el comercio en los tiempos que corren.

Gracias al Big Data las empresas pueden comprar espacio y tiempo de publicidad casi personalizada en público hecho a la medida. Las empresas de comida para perros, por ejemplo, compran a Facebook audiencias con interés por las mascotas, geolocalizada, de cierto rango de edad y con características específicas para así anunciar en un público segmentado a nivel crítico. Esto es mucho más rentable y efectivo que anunciar a través de una valla publicitaria o de un comercial de televisión que verá todo tipo de gente, la mayoría de la cual no estará interesada ¿Nunca te has preguntado por qué cuando escribes o hablas de hacer un viaje, por ejemplo, inmediatamente comienzan a aparecerte ofertas de pasajes? Es por el Big Data.

Para eso quiere Facebook nuestros datos en WhatsApp, para tener robustecida nuestra metadata, engrosar su Big Data, tener más materia prima y por ende, más mercancía que ofrecer a sus verdaderos clientes, que son las empresas que anuncian en su plataforma.

Tal es la magnitud de esto que las propias autoridades de Estados Unidos introdujeron a finales de 2020 una demanda federal contra Facebook por monopolio y los trapitos sucios que ya comienzan a salir al aire son cuando menos vergonzosos. Entre ellos un acuerdo secreto con Google que es más bien un pacto de no agresión en el que Facebook se sigue quedando con los mayores trozos de torta y las mejores condiciones para negociar la publicidad en línea.

De todas formas, aunque Facebook es el pez gordo, no es el único con las manos manchadas con la sangre de nuestra huella digital en Internet. Amplíe leyendo sobre publicidad programática y sobre cómo cada cookie que aceptamos genera una subasta realizada en milisegundos que le otorga nuestro tiempo en pantalla a un vendedor específico. Es capitalismo puro y duro.

A lo concreto

El aviso de WhatsApp, que ahora pospuso su fecha tope de aceptación hasta mayo, establece que se debe autorizar a la plataforma a compartir con Facebook el número de teléfono y otra información proporcionada en el registro (como el nombre); información sobre el teléfono, incluida la marca, el modelo y la empresa proveedora de telefonía móvil; la dirección IP, que indica la ubicación de la conexión a internet; así como cualquier pago y transacción financiera realizada a través de la app (Esto en los países donde está disponible WhatsApp Pay).

Un despacho de AFP explica que Facebook también podría compartir cualquier otro dato cubierto por su política de privacidad, como su lista de contactos, actualizaciones de estado, cuándo las personas usan WhatsApp y por cuánto tiempo, y números de identificación únicos para los teléfonos de los usuarios.

Desde Facebook dijeron a la agencia francesa que las nuevas condiciones “permitirán compartir información adicional entre WhatsApp y Facebook y otras aplicaciones como Instagram y Messenger, como contactos y datos del perfil, pero no el contenido de los mensajes, que permanecen encriptados”.

Los cambios no se efectuarán en Europa, donde una ley de la Unión impide que se haga lo que Facebook propone. Y para el resto del mundo la única otra opción posible es darse de baja del servicio. 

Ante el panorama, las descargas de la aplicación Signal que enarbola ser la app más segura, se dispararon. Sobre todo, después de que la respaldaran personalidades como el excéntrico fundador de Tesla, Elon Musk; Jack Dorsey, cofundador de Twitter; y justamente el experto en seguridad digital Edward Snowden. La rusa Telegram, por su parte, recibió un envión sin precedentes que la llevó a llegar a los mil millones de suscripciones y finalmente a dar visibilidad a sus múltiples beneficios en cuanto a funcionalidades que dejan muy atrás a WhatsApp.

Las descargas de WhatsApp, por su parte, cayeron un 11 por ciento en los primeros siete días de 2021 en comparación con la semana anterior, de acuerdo con la analista Sensor Tower. De igual manera, como dijimos al principio, estas estadísticas no hacen mella en el total poderío de la app en el sector.

De modo que no se preocupe, con los cambios de WhatsApp Facebook no va a saber los detalles de sus conversaciones, pero la discusión sobre la privacidad en internet trasciende eso. Implica el derecho básico a no ser objeto de monitoreo, mucho menos si se trata de fines comerciales. ¿Por qué WhatsApp quiere nuestros datos? Para sobrevivir ¿Se los damos? 



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