‘Puente’: tambor y piano contra los tiempos difíciles


MÚSICA Y… MÁS

Miroslava siempre está inventando. Compone una canción, escribe un poema, cocina, baila, juega con su hijo Lorenzo. El confinamiento que impuso la pandemia no la aquietó ni tampoco a Afrodisíaco, la agrupación que lidera.

El grupo se asoció con Comprovisation Project, la escuela de música moderna de Chile que está bajo la batuta del jazzista Orion Lion, para darle vida al proyecto Puente, música de Panamá y Chile.

Afrodisíaco panameñizó una canción chilena: Deja la vida volar, de Víctor Jara; y Comprovisation Project, chilenizó una panameña: Desapariciones, de Rubén Blades.

Fue un proceso bonito, intenso, complejo y, como era de esperarse, a la distancia y marcado por los designios de Zoom y WhatsApp.

Todo ese ir y venir para acordar los ritmos y las particularidades de esta obra resultó tan vital, que armaron un documental de 16 minutos. Allí, Miroslava, Tatiana y los otros músicos tanto de Panamá como de Chile cuentan el proceso creativo de Puente.

Y chilenos que emigraron a Panamá, principalmente por razones políticas, cuentan sus historias, exponen sus motivos y celebran las coincidencias y diferencias de los dos países.

Miroslava habla de este invento durante una soleada tarde de febrero en el parque Omar. Acude a la entrevista con una blusa blanca de corte mexicano. Tiene la boca pintada de rojo y en su pelo lleva una peineta dorada con flores diminutas.

Ya no tiene las trenzas rasta que la acompañaron durante un buen tiempo, como una especie de sello rebelde. Ahora luce la melena suelta. Pelo “afro que huele a flor de libertad”, como dice. ¿Qué te untas en el pelo?, otro hijo de Afrodisíaco que nació en medio de la crisis sanitaria.

La cantante se sienta sobre la hierba que arropa a una pequeña colina y desde la holgura de esa tierra noble echa el cuento.

Afrodisíaco ganó un fondo de Ibermúsica para la movilización de artistas, pero en tiempos revueltos los viajes son casi imposibles. Decidieron usar esos fondos (una cifra modesta) en un proyecto a prueba de encierro y distancia.

Comprovisation Project había participado en una de las ediciones del Panamá Jazz Festival, por lo que ya los conocían. Y con Chile tienen una especial conexión desde que en 2016 ganaron la Gaviota de la Plata el Festival Viña del Mar.

Contactaron a Rubén Blades a través de un amigo en común para que les permitiera usar Desapariciones, un tema de 1984 con una letra poderosa y vigente. “Llevo tres días buscando a mi hermana. Se llama Altagracia igual que la abuela”, dice un pedazo de la canción.

Buscaban una letra con alma, que tuviese el poder de incidir, provocar, y Desapariciones era perfecta.

Rubén Blades dijo que sí…y bueno, los músicos chilenos le pusieron su estilo y la adaptaron a 2021.

Hacer música en estos tiempos va más allá de pegar una canción en la radio. Implica responsabilidad con los tiempos, los momentos y las circunstancias de las sociedades. Afrodisíaco y Comprovisation Project lo tienen claro. “Tiene su jazz y su virtuosismo, pero no deja de ser la canción de Rubén Blades”, añade Miros.

La adaptación hace un homenaje a las mujeres desaparecidas, incluso, Afrodisíaco interviene y menciona a algunas panameñas: Rosa Jaramillo, Catalina Aguero y Mónica Serrano, por ejemplo. “A mi como artista me importa hablar y cantar sobre derechos humanos. Como artista me interesa eso y este proyecto refleja esa preocupación”, agrega.

Y Afrodisíaco, por varios motivos, panameñizó la canción de Víctor Jara, el mítico cantautor chileno asesinado tras el golpe de Estado que lideró Augusto Pinochet en 1973.

Los músicos de Chile tenían experiencia arreglando esa canción, porque, de acuerdo con Miroslava, podría ser una declaración de amor de Panamá a Chile, y porque es potente, vibrante, con personalidad. “Envuélvete en mi cariño. Deja la vida volar (…)”, dice parte de la letra.

En palabras de Billy Herron, coproductor del proyecto, Deja la vida volar “es una canción maravillosa escrita por uno de los compositores más importantes de América Latina”, y fuera de su trágica muerte, añade, la canción “es optimista”, “coqueta”, “fuerte”, “con mucha sazón”, “con mucho feeling y mucho swing”.

La versión panameña de Deja la vida volar tiene mejorana, una base de atravesao, ensamble de tambores, y un piano majestuoso “de catedral”, dice Miros.

El proyecto es profundo: música y reflexión humana en tiempos difíciles: desaparecidas, migraciones, hermandad y diferencias. El pasado domingo, Puente hizo su debut a través del canal estatal Sertv, como parte de la programación de Mi Cultura en Casa. Dentro de poco estará en la radio, en redes sociales y a dónde lo lleve el viento… y la vida.



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