qué es, síntomas y tratamiento


Imagina que estás en el supermercado y, de repente, te excitas y tienes un orgasmo, puede que incluso dos seguidos. Es posible que te ocurra lo mismo en una entrevista de trabajo o en cualquier otro momento inesperado. A esto se le conoce como el síndrome de la excitación sexual persistente.

Al principio, puede resultar curioso y divertido. Sin embargo, cuando el síndrome de la excitación sexual persistente se convierte en algo habitual, empieza a ser problemático. La situación no mejora debido al desconocimiento que hay sobre este síndrome que puede provocar frustración y mucha vergüenza.

¿Qué es el síndrome de la excitación sexual persistente?

El síndrome de la excitación sexual persistente es todavía desconocido, ya que existen muy pocos casos en el mundo. El Manual MSD lo define como “una excitación genital no deseada, intensa y espontánea” que aparece “sin ningún deseo sexual o excitación subjetiva”.

Las sensaciones de excitación pueden persistir durante horas o, incluso, días. Estas provocan una sensación de placer que puede llevar a varios orgasmos que se pueden producir en cualquier momento. Esto genera angustia, sensación de falta de control y vergüenza por no saber cómo evitarlo.

Debido a esta sobreestimulación, es normal que las personas con este síndrome en lugar de sentir placer lo que sientan sea dolor. Por esta razón, lejos de ser una ventaja, se convierte en un problema que afecta a la calidad de vida.

Los síntomas del síndrome de excitación sexual persistente

Los síntomas del síndrome de excitación sexual persistente suelen ser una sensación de hormigueo y palpitaciones en la región genital que desencadenan la respuesta sexual que llevará al orgasmo. Esto ocurre de forma espontánea y sin razón alguna. En el caso de los hombres, se produce una erección involuntaria que culminará con un orgasmo incontenible.

Las causas no están claras, sin embargo, la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) considera que una cesárea, embarazo, infecciones de repetición, accidentes o lesiones en la pelvis, o la irritación del nervio pudendo pueden ser algunos factores desencadenantes.

Asimismo, la ansiedad o tomar determinados fármacos (antidepresivos, anticonvulsivos, hormonales…) también pueden provocar la aparición del síndrome de la excitación sexual persistente.

¿Se puede tratar este síndrome?

A pesar de que no existe un tratamiento concreto para el síndrome de la excitación sexual persistente, la FESS propone la terapia sexual como un tratamiento obligatorio. Combinada con la psicoterapia cognitivo-conductual, los resultados pueden ser prometedores.

La fisioterapia, el uso de anestésicos locales o determinados fármacos también pueden ser de gran utilidad para tratar este síndrome o reducir la aparición de los síntomas. Ante todo, conviene buscar ayuda profesional y acudir al médico para que, a través de las pruebas oportunas, se pueda identificar la causa concreta y tratarla.

El Manual MSD propone la autoestimulación como forma de intentar encontrar alivio y controlar, un poco, la aparición del síndrome de la excitación sexual persistente. Pero, esto puede solo ser útil al principio. Lo que sí explica el Manual es que “el simple reconocimiento de la existencia del trastorno, confirmando que remite espontáneamente, puede ayudar”.

Los sentimientos de culpa, rechazo y vergüenza son normales cuando se sufre el síndrome de la excitación sexual persistente. No obstante, pedir ayuda es fundamental para evitar que este trastorno limite la calidad de vida.



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