Reflexiones sobre los efectos de la guerra en Ucrania en Latinoamérica


La semana pasada tuve el privilegio de organizar una conferencia sobre el impacto de la guerra en Ucrania en Latinoamérica, celebrada en Nueva York al margen de la semana de alto nivel de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. En ese foro, el canciller ucraniano Dmytro Kuleba envió un mensaje contundente: “La diferencia entre [Ucrania] y [Latinoamérica] es que, mientras a nosotros los rusos nos están atacando con misiles y tanques de guerra, a ustedes los están atacando con inflación y precios de energía causados por las políticas de Rusia en el mundo”. Bajo esta premisa, hizo un llamado a los países de nuestra región a fortalecer su apoyo a Ucrania.

Siete meses después de su inicio, vale la pena reflexionar sobre los efectos de esta guerra de agresión rusa en Latinoamérica, así como las acciones que pueden tomar los países de la región y sus socios estratégicos para sobrellevar esta crisis y prepararse para enfrentar futuros shocks con mayor resiliencia.

Efectos de la guerra

La invasión de Ucrania por parte de Rusia sacudió al mundo. Políticamente, añadió una instancia más al historial de violaciones contra la integridad territorial de un Estado soberano, evocando recuerdos de embates que han manchado la historia de nuestra región. Económicamente, precipitó disrupciones en las cadenas de suministro que han afectado de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables a miles de kilómetros del epicentro de la guerra. El costo humano de esta guerra es incalculable, pero sin duda incluye a decenas de miles de soldados y civiles fallecidos. Además, esta guerra ha desplazado a un tercio de la población de Ucrania, quienes han tenido que reiniciar sus vidas en otras partes de Ucrania o como refugiados en otros países.

El impacto de esta guerra de agresión ha golpeado a una región que apenas comenzaba a recuperarse de las devastadoras consecuencias de la pandemia por Covid-19 y que enfrenta desafíos por la crisis climática. Proyecciones del Fondo Monetario Internacional sugieren que Latinoamérica enfrentará una tasa de inflación del 12.1 por ciento este año, lo que representa el nivel más alto de los últimos 25 años. Uno de los rubros que más ha aumentado de precio ha sido el combustible. Además, los fertilizantes han escaseado y sus precios han aumentado, exponiendo una grave amenaza para la seguridad alimentaria en Latinoamérica, donde casi todos los países importan la mayoría de los fertilizantes que utilizan. Considerando que la región incluye a países que exportan alimentos alrededor del mundo, como lo son Argentina y Brasil, esta vulnerabilidad podría repercutir más allá de la región.

Estos efectos económicos han tenido ramificaciones sociales y políticas. En Panamá, vivimos primera mano los efectos de la inflación y recordaremos que fueron la gota que derramó el vaso para el estallido social del mes de julio, cuando bajó la marea y una vez más quedaron en evidencia las muchas tareas pendientes que tenemos como país.

Recomendaciones para la región y sus socios estratégicos

En cuanto a su proyección internacional, los países de Latinoamérica deben continuar ratificando su compromiso con la inviolabilidad de las fronteras y con la paz. En ese sentido, deben repudiar los fraudulentos plebiscitos organizados por Rusia en áreas ocupadas de Ucrania con el objetivo de anexarlas formalmente.

En el plano económico, existen varias acciones oportunas que los países de la región pueden implementar tanto para mitigar los efectos de la guerra en sus poblaciones como para fortalecer su resiliencia ante futuros shocks. En primer lugar, los países de la región deben fortalecer sus cadenas de suministro para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo. Para lograrlo, urge que más países de la región desarrollen capacidades de producción de fertilizantes. Por otro lado, los países de Latinoamérica deben evaluar nuevas oportunidades para impulsar su recuperación económica. Entre esas oportunidades, destacan los incentivos planteados en la Ley Chips y Ciencia y la Ley para la Reducción de la Inflación de Estados Unidos para promover el nearshoring, es decir, la relocalización de redes productivas desde países lejanos hacia países más cercanos. Otra oportunidad es la transición energética, que beneficiará a países productores de insumos claves para la producción de energía limpia, como Argentina, Bolivia y Chile. Además, existen nuevas oportunidades de financiamiento por parte de organizaciones multilaterales como la Corporación Financiera Internacional enfocadas en promover la digitalización y el desarrollo de nuevas tecnologías para reducir la emisión de gases causantes del efecto invernadero.

Los socios estratégicos de Latinoamérica tienen la oportunidad de apoyar a la región en sus esfuerzos para garantizar la seguridad alimentaria de su población y redinamizar sus economías. El éxito de dichos esfuerzos es importante para la prosperidad y estabilidad de la región y por ende sus aliados deben estar comprometidos con lograrlo. Algunas áreas especialmente valiosas incluyen ampliar la cooperación técnica y el financiamiento provisto a la región para incrementar su producción de fertilizantes, desarrollar nuevas industrias aprovechando las tendencias de nearshoring, digitalización y sostenibilidad. En medio de esta crisis, existe una oportunidad única para impulsar el desarrollo digital, verde y comercial de Latinoamérica que ni sus gobiernos ni sus socios estratégicos deben desperdiciar.

El autor es internacionalista panameño egresado de Brown University y trabaja en el Atlantic Council de Washington, DC



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