Rosario Arias de Galindo: por la democracia y la libertad de expresión


La muerte es el fin de un ciclo, un límite entre la vida que acaba y la personalidad que queda, fijando pautas y conceptos conforme las ejecutorias desarrolladas, y la de doña Rosario Arias de Galindo emerge como símbolo de una época.

Ha partido a las tres de la mañana de este domingo 27 de diciembre a solo siete días de cumplir 101 años, de los cuales al menos 70 fue testigo y protagonista de acontecimientos importantes en la vida de la república, desde un ángulo estrictamente cívico, en defensa de los principios bajo los que fue formada.

Nació el 4 de enero de 1920. La mañana de un martes de mayo de 2003 en que llegué a Editora Panamá América (EPASA) no imaginaba que sería ella la primera persona sobre la cual escribiría una biografía. En 2005, hablamos sobre esa posibilidad y se mostraba reticente tras tres intentos infructuosos. Así que, tras acordar encuentros vespertinos en la misma sede del diario, realizamos cuatro conversaciones sobre la muerte de su padre y de su hermano menor Antonio. De allí surgieron los dos primeros capítulos que integran El Camino Recorrido, su biografía. Los leyó con la misma serenidad con que me los narró, y tras constatar el contexto en que se produjeron ambos sucesos, los textos quedaron intactos tal cual aparecen en la obra.

Tercera de los cinco hijos del expresidente Harmodio Arias y Rosario Guardia Vieto de Arias,la única que les sobrevivía, doña Rosario abrió sus ojos a la vida política del país la noche del 2 de enero de 1931 cuando, desde las escaleras internas de su casa en Bella Vista, ella y sus hermanos vieron a personas que no conocían (su padre jamás mezcló la política con los temas del hogar), hablar con su papá y su mamá en un ambiente de confidencialidad y premura, y luego partir con don Harmodio.

Estaba en marcha el primer golpe de estado de la era republicana, gestado por el movimiento de Acción Comunal, y que mantendría a don Harmodio al frente del país por unos días, hasta que llegara el doctor Ricardo J. Alfaro, considerado de manera eventual para el cargo.

Dos días después del golpe Rosarios Arias Guardia cumpliría los once años y las inquietudes, y las interrogantes, y las primeras conclusiones aparecían con el momento.

En 2009 el Centro Latinoamericano de Periodismo le hizo un homenaje a Rosario Arias de Galindo por su destacada trayectoria. Archivo

Aun cuando cursó centros educativos exclusivos en Chile, Bélgica, Francia e Italia, fue preparada como se preparaban las damas de su tiempo; Chile fue su segunda patria, y parte de su juventud transcurrió en Francia e Italia, y en Alemania pudo escuchar los incendiarios discursos de Adolfo Hitler, y el rugido que en respuesta le daban las hordas hitlerianas. Confesaba el temor que le causaban.

A finales de 1938 y previendo el ambiente convulso y tenso que primaba en Europa, su padre hace que retorne al país. La muerte de su hermano Tony en un accidente de aviación en Nicaragua, la de su padre, en un vuelo entre Boston y Miami, y más reciente la de su hija Carmen, fueron sin duda los golpes familiares más demoledores que experimentó en su vida, aquellos sobre los que podía conversar con una resignación dolorosa.

Aunque en nuestras innumerables conversaciones nunca lo comentó, sospecho que uno de sus grandes malestares lo produjo la venta de Panamá América. Fundado en 1925 por el norteamericano Nelson Ronswell, Panamá América apareció primero en inglés, como un diario destinado a denunciar las transgresiones que cometían los residentes estadounidenses en la Zona del Canal. De hecho, estos últimos gozaban de una serie de privilegios de los que no disponían sus compatriotas en territorio de EEUU.

En varias ocasiones Ronswell fue amonestado por los gobiernos panameños a petición de los administrativos de la Zona del Canal, y todas esas veces actuó como abogado del diario, el doctor Harmordio Arias, por esos años uno de los abogados más destacado de la localidad.

En 1938, dos años después de dejar la presidencia de la república, Arias compró el periódico, en un intento por transformarlo en una herramienta que hiciera consciente a la comunidad nacional de sus deberes y sus derechos. Rosario Arias Guardia tenía entonces 18 años y en los siguientes 30 años Panamá América sería “el otro miembro de la familia”.

En 1967 desde las páginas de Panamá América, el país combatió los tratados tres en uno, cuando el doctor Jorge Illueca era uno de sus editorialistas. Cuando se produce el golpe militar de octubre de 1968 habían pasado cinco años desde la muerte de Harmodio Arias, y doña Rosario había asumido la presidencia del rotativo. Hay que considerar al menos tres hechos para entender por qué a partir de esa fecha, la tercera hija del expresidente asume una cruzada permanente contra los militares:

1- educada en una cultura antimilitarista, había resentido el derrocamiento de su tío el doctor Arnulfo Arias, con el cual días antes había observado un desfile castrense que a su criterio era una especie de advertencia al nuevo mandatario.

2- Sus hermanos estaban entre los perseguidos del régimen. Por aquellos días el Partido Demócrata Cristiano hacía circular en la clandestinidad un periódico impreso en mimeógrafo llamado El Grito. Mami Arias, como la llaman sus amistades, estaba entre las personas que lo financiaba y lo distribuía. “lo dejábamos en los estantes de los supermercados, detrás de las latas. Llamábamos a las personas y le indicábamos donde estaba”. En su biografía El Camino Recorrido aparece el listado de los presos de aquellos días, entre arnulfistas y comunistas.

Y 3- En 1969, tras un juicio extraño, los militares le quitan el periódico a la familia y EPASA pasó a llamarse ERSA. Eran los días en que aun no se definía dirección en la Guardia Nacional. Pasarían dos intentos por deponer al jefe de los militares, el entonces Mayor Omar Torrijos, ante de que este se consolidara como dirigente del cuerpo castrense.

Rosario Arias de Galindo: por la democracia y la libertad de expresión
Las memorias de ‘Mami’ Arias de Galindo se publicaron en 2008. Archivo

Desde 1968 hasta 1989, cuando se produce la invasión de EEUU a Panamá, Rosario Arias de Galindo será una voz antimilitarista permanente, sin una estructura partidaria propia, pero vinculada a la Democracia Cristiana. En ese periodo Mami Arias y su hermano Gilberto estarán cada año en la Sociedad Interamericana de Prensa denunciando el despojo de su periódico, y en todo foro posible denuncia al régimen militar. Y a partir de 1985 cuando el rechazo a la dictadura comenzaba a llenarse de gente, ella estará en primera fila de cada manifestación, en los talleres donde se hacía la propaganda, en la distribución de la misma y en cuanta organización anti régimen existiera.

Hace parte de los esfuerzos que desembocan en la construcción de la Cruzada en 1987 y estará entre los manifestantes del “viernes negro” de julio de ese año. Después de la invasión, recuperada EPASA, se convirtió en un referente de la vida democrática del país.

Entre sus últimas intervenciones, apareció hace unos tres años “20 preguntas sueltas” de Mami Arias, entre las que preguntaba al gobierno de Juan Carlos Varela: ¿Cómo fortalece la institucionalidad del país optar por un candidato partidario, en lugar de una funcionaria institucional? ¿Cómo se garantiza la independencia de la Asamblea de Diputados si se realizan alianzas extrañas con diputados de un gobierno tan corrupto como el del anterior quinquenio? En 2014 votamos por el progreso institucional del país ¿En qué quedó el compromiso de realizar una Constituyente que subsanara los atrasos institucionales en que se encuentra el país?

Panamá nunca dejó de ser una preocupación cotidiana para doña Rosario Arias de Galindo. “¿Cómo se puede hablar de seguridad ciudadana remitiéndose solo a los homicidios y sin tomar en cuenta que en el país subió la cifra de robos, hurtos y asaltos a mano armada? ¿Cómo se puede hablar de alta producción de arroz y se autoriza simultáneamente toneladas de importación del grano?, preguntaba.

Este 27 de diciembre ha partido una mujer luchadora y franca, que jamás ocultó sus posiciones. Y que siempre predicó con el ejemplo. Una amiga con un amplio recurso argumental y para la cual ni la democracia ni la libertad de expresión son negociables. En más de una ocasión, preocupada por el acontecer político nacional, decía; me voy triste, porque pese a los sacrificios realizados muchas cosas no cambian. Hasta luego doña Mami. (JBV)

El autor es biógrafo de doña Rosario Arias de Galindo.



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