“Soy adicta al sexo, busco acostarme por acostarme, ni siquierá sé si estoy ante un problema”


Ya tienes aquí una nueva entrega del consultorio de sexo que cada semana te trae 20minutos. Para plantear tu pregunta escribe a consultoriosexo@20minutos.es.

Estas son las respuestas de esta semana que ha dado nuestro experto, Santiago Frago. Puedes consultar su web aquí.

Cúantos coitos seguidos

PREGUNTASé que esta pregunta no es relevante ni nada, pero bueno, a ver qué me dice. Se trata de una conversación de barra de bar. Dos amigos míos, tenemos todos la misma edad, 34 y estamos los tres casados, dicen que aguantan sin problema tres polvos seguidos e incluso a veces cuatro con sus mujeres.

Yo me quedo en dos, nunca he llegado a tres. No sé si debo preocuparme o estoy ante una fantasmada de mis amigos. Ya le digo que no me preocupa demasiado, pero me deja un pequeño runrún de fondo de si en el futuro podré tener problemas en la frecuencia de mis relaciones.

RESPUESTA DEL EXPERTO Las aritméticas masculinas son incapaces de resolver la teoría de la calidad frente a la cantidad en las relaciones eróticas, por ello te sugiero que cuando las conversaciones con tus amigos giren en torno a la misma hagas referencia al concepto calidad como elemento diferenciador de la cantidad.

Y tal y como indicas, la barra de un bar no es el lugar más idóneo para teorizar sobre el arte de amar. Por ello, cierta distancia emocional es precisa cuando las conversaciones giran en torno a la singularidad de las relaciones amorosas.

Dolor vaginal

PREGUNTA Tengo bastante dolor en la zona vaginal en las relaciones con mi marido, al punto de no poder seguir, desde hace medio año y cuando se aproxima la llegada de la menstruación; son dos o tres días, cuatro a lo sumo, y luego se me pasa el resto de los días.

Y luego, vuelta a empezar. Y como se me pasa, pues no le doy importancia.  Él no le da importancia, no le causa problema que no sigamos haciéndolo. ¿Qué puede ser y qué puedo hacer?

RESPUESTA DEL EXPERTO El dolor vaginal (dispareunia) puede implicar ardor, quemazón, contracción o dolor agudo y  puede localizarse en la parte interior o exterior de la vagina, en la región pélvica o en el abdomen. Existen variadas causas que pueden explicar el dolor que refieres, pero por las características del mismo y su temporalidad, me inclino a pensar en un dolor vinculado al momento de tu ovulación.

En principio no parece nada importante; mi sugerencia sería, para verificar mi impresión diagnóstica, es tomar, previamente al encuentro erótico, algún antiinflamatorio no esteroideo (Ibuprofeno) o un analgésico (Paracetamol) y puedas corroborar la nueva situación.

Si persiste la situación de dispareunia te sugiero acudas a un profesional de la ginecología y realice valoración y estudio de tu dolor vaginal.

Marido celoso

PREGUNTA Somos un matrimonio de 51 y 52 años. Con la edad he dejado de ser celoso. El marido de una amiga común se veía mucho con mi mujer en el parque y en verano en la piscina de nuestra urbanización.

Actualmente no tenemos relación, pero un vecino me dijo que esta persona era un mujeriego. Y entonces decidí preguntarle a mi mujer si había tenido algo con él; su respuesta fue que no y se enfadó porque le molestaba que le preguntara eso.

Mi mujer no suele ser muy sincera en cosas cotidianas pero en esto tengo sospechas; no sé qué pensar por su actitud y además me recrimina que yo si le fui infiel una vez. ¿Qué opina?

RESPUESTA DEL EXPERTO El referente psicólogo Albert Ellis definió los celos como: “Una respuesta emocional compleja y perturbadora que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio o la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada nos reste atención en favor de otra”.

Los celos no son universales aunque sí habituales y distinguimos 2 tipos:

 1. Razonables: Son aquellos celos motivados por decepciones previas, personalidad “seductora” de la pareja, crisis de autoestima y miedo lógico a perder lo que más se desea; se basan en realidades o imaginaciones.

 2. No razonables e incontrolables: Son aquellos celos que se alimentan de ideas o creencias insensatas.

Las personas celosas tienen una predisposición genética que se va moldeando por la biografía familiar y relacional quedando modulada por el ambiente y la cultura donde se vive.

Los celos se componen de tres elementos esenciales: Posesividad, miedo a la pérdida y sospecha/certeza de un rival.

La emoción celosa ocasiona fragilidad, inseguridad y temor; conduciendo a la pareja al peligroso “juego de los celos”: “la persona no celosa evita comentar hechos o inventa situaciones para evitar malos entendidos ante la pareja celosa y que finalmente, al descubrirse, acaban provocando más problemas”. Es decir, uno hace cosas para evitar problemas y esas cosas acaban amplificando el problema.

El juego de los celos incluye además otras reglas muy perversas: controlar a la pareja, mirar su móvil, leer los emails que recibe, seguirle… que lejos de aliviar la situación la empeora.

Los celos son la “enfermedad” que mayor dolor y malestar ocasiona en las relaciones de pareja: al celoso le genera infelicidad y angustia y al no celoso le genera desencanto y desamor.

Para gestionar los celos lo fundamental es:

 1. Reconocerse como celoso y seguir siendo celoso, pero que los celos no limiten ni coarten la libertad del otro, es decir, podemos decir a la pareja: “sufro mucho cuando te veo hablando con otro/a”, para expresar mis emociones, pero sin que esto haga que tu pareja deje de hablar con otras personas.

 2. Asumir la responsabilidad de “ser celoso” para convivir con los celos y darse cuenta de que si tu pareja ha tomado la decisión de estar contigo (pudiendo no estar contigo), es porque para él/ella eres más importante y valioso que tus “rivales”.

 3. Hablar desde los sentimientos, es decir, no es mi pareja la que hace o no hace tal cosa, soy yo cómo me siento ante los comportamientos de mi pareja.

 4. Es bueno y práctico asumir que los celos son una emoción humana y que sentimos celos al igual que sentimos alegría, tristeza, enfado o amor, y lo que tenemos que hacer es aprender a gestionarlos para convivir mejor con ellos

Soy ninfómana

PREGUNTA Quiero saber si soy ninfómana o promiscua. Soy bastante adicta al sexo, tengo 27 años y estoy con algo de obsesión. Todo ha sido a raíz de empezar a salir con mi novio (ya no estoy con él). Empezamos a los 23 y estuvimos dos años.

Había compenetración absoluta y continua (si solo hubiera valorado el “sexo” para cortar no hubiese cortado nunca, pero los motivos de mi ruptura son otra historia). En fin, que sexualmente aquello me marcó y ahora, cada vez que salgo (si lo permite la pandemia), busco encuentros sexuales con chicos, sin afán de perdurar en las relaciones, simplemente acostarme por acostarme.

Ni siquiera sé si estoy ante un problema, si debería dejarlo, por eso le pregunto. O si esto acabará por si solo en algún momento.

RESPUESTA DEL EXPERTO El deseo erótico es uno de los elementos de la vida humana más apasionantes y evoluciona a lo largo de la vida del individuo estando sometido a inevitables vaivenes modulados por la propia biografía personal.

La biografía tiene un soporte bio-psico-social y en ella juegan un papel importante: la edad, estado de salud, estilo de vida, niveles de amor, autoestima, clima de pareja, contexto cultural, experiencias previas e historia familiar.

La RAE define “promiscuidad” como relación sexual poco estable con distintas personas y “ninfomanía” como apetencia sexual insaciable en la mujer. La Sexología sustituye la idea de poca estabilidad por poco deseo de compromiso y la palabra insaciable por alto nivel de deseo.

Estás viviendo, en la actualidad, un momento de tu vida en el que tu deseo se muestra mucho más expresivo y no requiere la necesidad de un componente estable de afectividad.

Es bastante habitual arrastrar el caduco modelo de “mujer deseable y hombre deseante”, hasta el punto de catalogar a la mujer “muy deseante” como mujer adicta, promiscua o ninfómana.

La rigidez cultural y social tiende a fabricar “adicciones” y a devaluar las aficiones, lo cual siempre tiende a culpabilizar.



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