Tamunangue: Sones de Negro…¿ o viceversa? | En Profundidad


Se le ha conocido como Tamunangue, pero ahora su zona de origen rescata el nombre originario: Sones de Negro. La tradición marca el 13 de junio, día de San Antonio de Padua y el epicentro está en el estado Lara.

Junio es un mes de alta significación simbólica en Venezuela. A sus fechas patrias se unen otras de gran relieve cultural por lo histórico, lo danzario, lo musical, lo territorial y hasta lo gastronómico. Tres de sus hasta ahora Patrimonios de la Humanidad ante la Unesco se celebran en el sexto mes del año. Pero son muchas manifestaciones más y entre ellas se encuentran precisamente los Sones de Negro.

En aras de hacer síntesis y actualización de lo que acontece ante una de las mayores celebraciones dedicadas a San Antonio de Padua en Venezuela, se formularon las siguientes interrogantes a seguidores y conocedores de esta manifestación.

1- ¿Qué significado tiene “Sones de negros”?

2- ¿Es ese el nombre originario de esta manifestación?

3- ¿De dónde viene y por qué es larense?

4- ¿Cuál es el antecedente más remoto de su inicio?

5- ¿Quién le dio la estructura que se conoce hoy?

Contextualizando

Procedentes del Congo y de Angola, del occidente de África, fueron trasladados en calidad de esclavizados a lo que hoy se conoce como El Tocuyo, Ciudad Madre, fundada en 1545 en el corazón del centro occidente de la hoy República Bolivariana de Venezuela.

Ya habitaban allí los originarios Gayones, Ayamanes, Jirajaras y otras etnias más. La etnia Gayón ocupó más de la mitad de lo que hoy es el estado Lara.

Cuando los invasores llegaron, una de las primeras prohibiciones que establecieron fue la de los ritos y fiestas agrarias de esos originarios. Comenzó así un proceso de mutilamiento cultural, el mismo que se adelantó en todos los territorios de la Abya Yala.

En el caso de la población de El Tocuyo la iglesia católica, que venía de la mano de los invasores y esclavistas comenzó a entronizar sus prácticas, creencias e imágenes.

El Tocuyo

 

En el libro “Historia de El Tocuyo colonial”, de Emilia Troconis, la investigadora apunta: “La cofradía de San Antonio fue fundada en 1609, la cual tenía su sede en el convento de San Francisco y estaba conformada por la Hermandad para morenos y esclavos, es decir, negros tanto libres como esclavos”. Lo anterior confirma la presencia negra en esa parte del estado Lara y si no fuera suficiente están los estudios y escritos de prestigiosos investigadores como Juan Liscano y Jesús ‘chucho’ García entre otros, donde dejan asentado, ya musicalmente hablando, el aporte de los africanos al complejo de los Sones de Negro o Tamunangue.

Durante años ese aporte africano trató de ser invisibilizado pero los investigadores de la africanía en Venezuela, y en este caso concreto de esta importante manifestación cultural, han salido al paso con pruebas en la mano.

Jesús ‘chucho’ García escribe: “Algunos eurocentristas han pretendido borrar la africanía de los Sones de Negros pero realmente ellos son una síntesis de elementos indígenas y afrohispanoárabes. La presencia del Cumaco originario del reinado de Kongo Dia Ntotela desmistifica esa ausencia. Las expresiones perra- ndinga y Juru- minga nos refieren a dos sufijos kikonbos, como son Ndinga (apellido) y Minga (agradecimiento). África reclama su lugar en ese espacio festivo religioso” (Colección patrimonio musical de Venezuela). Calumba, oé bangüé y tumbirá, son también expresiones que se siguen utilizando en los Sones de negro.

Ángel María Pérez. Tamunangues

 

Al respecto Alejandro Calzadilla, antropólogo, investigador, escritor, editor y músico dice: “Lo que es curioso es que un estado que uno no asocia con lo negro, con lo afro, que lo tuvo, tenga una modalidad llamada así. Sí, se usan los cordófonos de tradición hispana, pero está el tema de la incorporación de los tambores, y tienen presencia porque está la tambora golpera, el granadero, el bombo, pero ¿ y el tambor cumaco? Ahí no hay pa’ donde agarrar. Es africano. Ahora, ¿Cómo llega el tambor cumaco a Lara? Esa es una gran pregunta porque además se toca igual con el parche, con las manos y los laures sobre la madera. Y pasa también que dos de las formas de joropo mas bonitas del país (Venezuela) que son el golpe larense y el joropo sucrense son las únicas que tienen de manera fáctica un tambor: El golpe con la tambora golpera en Lara y el joropo oriental (Sucre) con la caja cuadrada. Son aparentemente los que menos influencia negra pudieran tener, aunque en Cariaco (Sucre) la presencia negra es muy importante. Hay otro detalle: Sones de Negro está amarrado al Tamunangue. No se le dice sones otras manifestaciones en Lara”.

Neybis Bracho, poeta, investigador y promotor cultural, señala: “Tamunague Tamunago, instrumento que marca lo percutivo, los laures, los palos que marca el tiempo de los sones. Es el principal pues no estaban el medio quinto ni el pandero de cuero de chivo. Solo estaba el tambor cumaco o tamunango, ahí está la matriz, y es africana. Incluso la forma de bailar un pie adelante y un pie hacia atrás, tiene que ver con los grilletes que tenían los africanos que aún así bailaban pero sin la agilidad necesaria o propia. Tal vez por eso en el tamunangue, en los Sones de Negros no se da tanta vuelta”.

No es el tambor el único instrumento de los Sones de Negro o Tamunague pero es el que permite ratificar la influencia africana en la manifestación cultural y el asentamiento de esclavizados en la zona de El Tocuyo, estado Lara, siendo ellos los que dan origen a la tradición.

¿Por qué se denomina Sones de Negros?

Son varias las opiniones.

Diógenes Mogollón, gran conocedor e investigador de esta manifestación y de la historia de El Tocuyo, miembro honorario de la casa de la cultura del Municipio Morán refiere: “Los Sones de Negro están en la zona desde 1580 aproximadamente. La primera cofradía de Venezuela fue formada en 1609 y fue la cofradía de San Antonio y de San Juan y esa es la fecha en que está registrada. Se les dice Sones de Negro o Bailes de Negro porque se trataba de los negros esclavos traídos de África que hacían sus rituales en las orillas del río Tocuyo. A las orillas del río Tocuyo, cuando estaban todos los negros que tenían un tiempo libre, se iban en las noches a pagar esa promesas, con tres sones que son los básicos: Juruminga, Yiyivamos y Perrendenga, en esta época no existía el santo porque ellos adoraban a la naturaleza, era un canto ritual a la agricultura, de ellos mismos; hacían este ritual todos los días en las noches a las orillas del río”.

En una entrevista ofrecida en 2018 Mogollón aseguró que por las religiones impuestas, a los negros que hacían este ritual, empezaron a satanizarlos, diciéndoles que eran brujos. Se estaban dando cuenta que los estaban tirando a la hoguera por órdenes de la Iglesia. “No les quedó remedio que, como veían al hombre blanco rendirse ante los pies de una imagen, ellos de pura casualidad agarraron una y esa imagen fue San Antonio de Padua. La usaron como protector para cuando ellos estaban pagando los sones y llegaba el blanco colocaban el santo, pero cuando se iban, lo volvían a quitar”.

Este 2021 ya se cumplen 409 años de la formación de la cofradía.

Jesús Querales, músico, gestor cultural, gran investigador y recopilador de manifestaciones musicales venezolanas y fundador de la agrupación “Un Solo Pueblo” es tajante: “Sones de negro es el nombre original, o por lo menos el nombre que se utilizaba antes de llamarlo Tamunangue. El viejo Don Pío Alvarado nos comentaba que el lo conoció desde siempre como sones de negro, y él nació a finales del siglo XIX. Nos dijo que la palabra Tamunangue comenzó a escucharla por los años 50 o 60, por lo menos en su pueblo Curarigua. No sabía si se usó en otros lugares antes. Era la celebración típica de los esclavos de la región, por eso el nombre de Sones de negro. La danza tiene mucha influencia africana, con figuras de danzas Canarias, como en el Seis Figureado”.

Curarigua

 

Diego Silva Silva, Maestro, director de orquestas sinfónicas, arreglista e investigador, acota:” Lo de sones de negro es un lugar común en América (lo he encontrado en Nicaragua, en México) que algunos bailes que llevan tambor les llaman sones de negro y deduzco que es por el hecho de que llevan un tambor”.

Por su parte Ruperto ‘Tico’ Páez, músico larense, ejecutante del cuatro, investigador e integrante del grupo “Carota, Ñema y Tajá” ofrece su opinión:

“En primer lugar ese término se usó en la época post colonial cuando los curas españoles se diseminaron por todo el territorio venezolano con el firme propósito de evangelizar y controlar a toda la población ; suerte de cruzada religiosa que dió sus frutos muy concretamente en los feligreses que se hicieron adeptos a la iglesia. Desde ese entonces se utilizó ese término de manera incluso despectiva, de manera de mencionar a las personas que hacían sus fiestas y bailes muy propios de los obreros y peones de las grandes fincas que usufructuaron los latifundios de la época. Según lo que he leído de Lisandro Alvarado, Francisco Tamayo y Silva Uzcátegui entre otros, e incluso lo aprendido por mi mamá, oriunda de Curarigua de Leal, donde junto a El Tocuyo se fraguó esta manifestación se decía ‘Vamos al baile de negros’, o simplemente ‘Vamos pa’ los negros’.

Daniel Gil, músico, gran cultor y defensor de la manifestación, dice: “No soy muy experto en la cuestión teórica del tamunangue porque he aprendido producto de la tradición oral, pero lo de sones de negro es su nombre primero. Así se decía, incluso se decía negro. Vamos a bailar negro. La palabra tamunangue es más nueva. Y dicen que la inventó Luis Felipe Ramon y Rivera. Eso dicen”.

Sanare

 

Neybis Bracho aporta: “Los sones de negro eran el equivalente a los “quilombos” o “kumbes” de la costa que los negros celebraban a veces en secreto otras con permiso de los “amos”. Este era el caso de los valles de El Tocuyo donde la relación entre amos y esclavos tuvo lapsos largos de paz social incluyendo a los indígenas encomenderos. Esto permitió incorporar formas expresivas de la música de los europeos, expresada en los instrumentos, el motivo religioso y algunos giros armónicos, de los negros sobre todo en los instrumentos percutivos y la rítmica de los sones, y de los indígenas originarios en las cadencias de algunos sones, voces y en particular la maraca y el carángano. Esto se termina sincretizando en una suite de 9 a 14 partes diferenciadas que se han ido fusionando en el grupo de sones que conocemos y que se le ha dado el nombre estándar de “Tamunangue” o “Tamunango” por el nombre africano de la mina con la que se acompaña el seis figureado”.

¿De dónde viene y por qué es larense?

Jesús Querales indica: “No es exclusivamente larense, por supuesto es el estado en donde más se práctica, pero también llega hasta el norte de Portuguesa, incluyendo la ciudad de Guanare y otras; también se celebra en Yaracuy y las zonas fronterizas del Estado Trujillo, que conforman una especie de región cultural común, que se reparte en diferentes estados con una división política caprichosa. Se sabe que aunque se sigue extendiendo hacia el norte del Estado Lara, que no lo celebraba, también se ha dejado de practicar en algunas regiones de Portuguesa y Trujillo”.

Diego Silva Silva amplía: “Esa es una zona donde se fundó El Tocuyo, la segunda ciudad importante del país, la primera fue Cubagua, que está olvidada, y no en vano los españoles asentaron una fuerza importante en El Tocuyo. Ahora ¿quiénes llegaron allí? Los canarios. Eran canarios. Hay una danza en la Isla del Hierro que es exactamente igual a uno de los sones del Tamunangue. Luego, la forma de agrupación instrumental que tienen los canarios es muy parecida a la que se usa en el tamunague en el sentido de que son como familias de instrumentos. Fue como adaptado aquí. Es larense porque fue allí donde se asentaron los canarios que desarrollaron esa fenomenología. Por eso es larense . El tipo de canario que llegó allí es como los canarios que llegaron al oriente del país, que desarrollaron junto con las etnias propias del lugar y eso también le da un particular sentido”.

Neybis Bracho acota: “El Tocuyo , Duaca, Curarigua, Barquisimeto, Carora. El tamunangue va a tener diferencias en cada uno de estos territorios. Entre El Tocuyo y Carora está Curarigua y en Curarigua hubo un territorio cimarrón en un poblado llamado Boro, donde había un kilombo a donde iba a tener los esclavos que se fugaban de las haciendas de El Tocuyo. Es territorio de sones y es muy diferente a como se toca en otras partes. Repiques más rápidos y floriados. Es larense por lo histórico y territorial y porque se vincula a otras manifestaciones o ritmos como el vals o los Zaragoza que aunque no son sones de negro el 28 de diciembre se cantan como con cánticos del tamunangue en Sanare”.

¿Quién le dio la estructura que hoy se le conoce?

Jesús Querales dice: “Sobre quien le dio su estructura actual no creo que haya sido nadie en particular, sino que más bien viene siendo consecuencia de un proceso de mestizaje a través de los años, entre las tres culturas que participaron”.

Diego Silva Silva dice: “Lo de la estructura es una cuestión interesante porque eso es único en Venezuela. Ese es un ciclo que se debe cumplir en homenaje a San Antonio. El origen se pierde en el tiempo”.

Neybis Bracho cuenta: “El 13 de junio San Antonio llegó con los españoles que imponían hasta la forma de pensar. San Antonio estuvo como misionero en África y fue muy querido. Los esclavizados lo reconocen, en El Tocuyo fue así, el amigo de África. 13 de junio es la muerte de San Antonio. Por eso en los sones se siente mucho lo religioso y lo musical es muy africano. Silva Uzcátegui, quien fue cronista de Curarigua, analiza el cambio de estructura de los sones a partir de un festival que hubo en Caracas al que fue un grupo de El Tocuyo acompañado de un sacerdote y este depuso la estructura original por aquello dar colorido y vistosidad en Caracas para ganar. Mujeres rientes, bailadores jocosos, etc. Esta representación en Caracas rompe con lo original”.

Lo anterior no define si la fiesta a la que se refiere Silva Uzcátegui es la Fiesta de las Tradiciones organizada por Juan Liscano en 1948 en honor a Rómulo Gallegos, en la que el investigador trató de llevar con la mayor fidelidad posible la ruta de las manifestaciones Culturales de todo el país, que presentó en el Nuevo Circo de Caracas.

Lo que sí es cierto es que cada día se abre más el compás para analizar esta más que tricentenaria tradición venezolana. El rescate de su nombre originario, su expresión danzaria con base en sus siete sones: Ayiyivamos, Bella, Juruminga, Perrendenga, Poco a poco, Galerón y Seis, (La Batalla, suerte de simulacro de una pelea con veras, no se considera un son. Normalmente abre la secuencia del tamunangue, previo canto de la Salve), sus expresiones lingüísticas genuinas, la diversidad según el municipio o zona donde se ejecute, la artesanía y gastronomía asociada a estos sones de negro que incluye popularmente al Cocuy, bebida ancestral de esa zona, la territorialidad y por un tema de generación, su preservación, están presentes en la actualidad.

Sones de Negro en Caracas

 

Son muchos los cultores de los Sones de Negro. Lo serán mucho más en la medida en que esas escuelas abiertas para estudiarlos y fomentarlos lo hagan desde el conocimiento, la reivindicación histórica y el amor a lo propio.

Mira qué linda la vereda
Las lluvias de primavera
Le embellecieron la piel
Ese camino va al Tocuyo
Ya se escuchan los tambores
Del Tamunangue otra vez

(Caña clara, y tambor)

Alí Primera.

 



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