“Todas las familias tienen secretos… Si crees que no, es que aún no los conoces”


Kate Morton espera a 20minutos en el salón de un lujoso hotel madrileño, antiguo palacete residencia de un personaje de la sociedad del siglo XIX. Podría ser, sin mucha dificultad, el escenario de una de las novelas que han convertido a esta escritora australiana en un fenómeno global: historias que saltan del presente al pasado, con misterios y una vuelta a casas señoriales, la campiña inglesa, etc. En esta ocasión, Morton nos habla de su última obra, La hija del relojero (traducción de Máximo Sáez Escribano, Suma de Letras, 2018).

En la novela hay un grupo de artistas que en pleno siglo XIX que se encierran en una mansión en el campo de Berkshire, ¿tienen un poso real?
Sí. Sabía que quería ambientar la historia a mediados del siglo XIX y que tenía que tener artistas. Los de mi novela se basan en los prerrafaelitas, porque también quería mostrar la intersección en la que entra en juego la tecnología en la sociedad, que supuso un momento de gran cambio en aquellos tiempos. A través de estos artistas podía hablar de cómo afectó la revolución tecnológica en el arte gracias, por ejemplo, a la fotografía.

¿Era también un mensaje al lector actual, rodeado por la revolución tecnológico?
Es un paralelismo claro: hoy nos enfrentamos a cambios tecnológicos muy rápidos que tratamos de incorporar como podemos a todo, a nuestras vidas, al arte…

Vuelve a utilizar personajes femeninos fuertes. Y en este asunto, ¿la mujer es más adaptable a la tecnología?
Me interesa siempre contar historias sobre mujeres, y eso implica tener personajes fuertes. No sé si somos más adaptables frente a la tecnología, aunque por naturaleza lo somos, podemos asumir distintos roles.

¿El mundo del arte y la cultura siguen siendo machistas?
Hablando desde mi experiencia personal, no me he tenido que enfrentar al machismo. He podido crear las novelas que he querido, he podido llegar a los lectores con mis libros. Estoy muy satisfecha con lo que he podido lograr y no me he sentido limitada.

Aún así, muchas veces se etiquetan sus novelas como femenina o para mujeres…
Sé exactamente lo que dices. En inglés, hay una categoría llamada ficción para mujeres, pero es verdad que no hay ficción para hombres. ¿Qué esta ficción realmente? Yo espero que mis libros los lean tanto hombres como mujeres, porque hablan de experiencias humanas y todos los somos. Tengo tres hijos y les aliento a leer libros protagonizados por mujeres y por hombres indistintamente. Es raro, ¿verdad? Pero las etiquetas son raras y ya está.

Esta historia tiene un componente muy gótico…
Sí. Me encanta el periodo victoriano porque nuestro mundo actual se basa en lo que se desarrollo entonces y mantenemos paralelismos muy fuertes. El elemento gótico va más allá, he cogido para mis libros elementos de la literatura de entonces: los laberintos, la ficción entre dos tiempos, las relaciones entre pasado y presente, los problemas de identidad… y claro, las mujeres muy fuertes.

Ese interés por el pasado, ¿tiene que ver con tu madre fuera anticuaria?
Sí, sí lo fue. Ahora estoy en ese momento en que puedo mirar al pasado y ver cómo se formaron mis pasiones. Recuerdo claramente levantarme por las mañanas y cómo mi madre, que se había ido a recorrer mercadillos, volvía con una caja de cartón que abría en la cocina. Comenzaba a sacar objetos interesantes y raros y los limpiábamos. Yo los cogía e imaginaba la vida que habrían tenido esos objetos hasta llegar a nuestra cocina.

En esta sociedad obsesionada con el futuro, tus novelas nos recuerda que hay que mirar al pasado…
Diría que sí. En su esencia, aprendemos de las lecciones del pasado, nos ayudan a tomar mejores decisiones. Siempre he pensado que hay que aprender historia, para aprender del pasado y poder aplicarlo para el futuro.

En una novela de misterio como esta, con relojeros incluidos, supongo que eso de que la estructura funcione es obligada…
Es algo muy importante para mi y, como me creadora, me encanta esa fase. Es la más creativa. Pienso mucho sobre la trama y no empiezo a teclear hasta que tengo clarísima la estructura. No solo hace la historia interesante, sino que también apoya los temas que trato, como en este caso el de las capas del tiempo. Tengo esa curiosa mezcla de una persona que en el colegio dicen que le gusta la lengua y la literatura, pero también las matemáticas. Bueno, mi padre es ingeniero y mi madre artista, así que esta fusión es lo que soy yo.

Birchwood Manor, la casa de campo de la novela, es un personaje más…
Sí. Me obsesionan las casas tanto como persona como escritora. Me gusta la arquitectura, me gusta la decoración, pero sobre todo me gustan las cosas que son repositorios de memoria. En las casas se han vivido distintas vidas y en ellas podemos ver distintas pinceladas de esas existencias.

Otra muestra de su obsesión por el paso del tiempo…
En las casas sentimos y tocamos las capas del tiempo. Un botón entre las tablas del parqué, un periódico tras el papel pintado de la pared, o las muescas hechas por un niño en una ventana… Son signos tangibles de las vidas que allí se dieron. Supongo que nos cuentan de dónde venimos y por eso nos importan.

Siete novelas en doce años, once millones de libros vendidos en 42 países (de los cuales 1,5 lo fueron en español), y lo logra con historias muy inglesas, muy locales… Así que, ¿cuál es el secreto de su éxito?
No lo sé. Sólo puedo suponer que tenga que ver con que comunico experiencias. Me gusta leer novelas en las que desapareces en la historia y los temas y los personajes ocupan toda tu mente. Y ese el tipo de historia que intento escribir.

También tendrá que ver con que todos tenemos secretos del pasado que nos marcan y es fácil empatizar con eso…
Todas las familias tienen secretos. Una vez lo dije con un grupo de lectores y alguien me dijo: ¡En mi familia no hay secretos! Y contesté: Sí, los hay, pero todavía no sabes cuáles son. Los secretos son interesantes porque siempre queremos descubrir qué nos han ocultado, pero también porque dicen mucho sobre nosotros: mantener en secreto el qué y a quién. Nos dicen muchas cosas de las personas.

Ha venido varias veces a España, ¿no se anima a escribir algo ambientado aquí?
Tendría que hacer muchísima investigación, para mí no me sirve simplemente investigar sobre un periodo histórico o un lugar. Tengo que saber cómo son las personas y cómo viven. Creo que me exigiría tanto que no sé si podría hacer algo que sonara auténtico y genuino. Pero el entorno de España invita: las calles, los edificios, todo…



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