Un escenario lleno de color: entrevista con Ricardo Dormoi


La vida de Ricardo Dormoi es un teatro. En el sentido literal. Desde hace décadas, el teatro se ha convertido en su pasión, en un oficio que intenta perfeccionar con cada obra que monta desde su pequeña esquina, el teatro La Estación.

Dormoi estudió cine en Los Ángeles, Estados Unidos, pero no pudo evitar ser seducido por el teatro. Por ello fundó una productora y por ello invierte en tener su propio negocio teatral. Su granito de arena a la escena.

¿Cómo describiría la ciudad de Panamá?

La ciudad es muy dinámica, muchos colores, muchas capas tanto arquitectónicamente como en la parte humana. Hay muchos colores y tanta variedad, que no nos damos cuenta de esa riqueza que tenemos. Pasa muchas veces que viene gente de afuera y se da cuenta de eso. Todos los días hay algo nuevo y diferente. Siempre están pasando cosas.

¿Cómo sobrevive el arte en la ciudad de Panamá?

Mi inquietud siempre fue traer al panameño en escena, no solo en lo temático, sino en el talento. Eso me llevó al mundo teatral. Abrí una productora con mi familia, produjimos cuatro, cinco años. Nos asociamos con otra productora y creamos La Estación. Estábamos en la misma frecuencia sobre lo que queríamos montar en escena. El mundo teatral en Panamá eres tú solo intentando no caer. No hay apoyos, o algo que te ayude para seguir en esta lucha cultural. Es un trabajo constante. Te tiene que gustar y lo tienes que hacer. La comedia es la que manda. Es difícil montar drama.

¿Hay arte en la cotidianidad de la ciudad de Panamá?

Sí hay, pero el panameño la desconoce. Cuando la descubre, queda encantado. Se sorprende que eso sea en Panamá, se sorprende que el talento sea panameño. Es como si no nos apreciaramos. Cuando hay mucha actividad teatral, es por que hay una motivación de moda. El panameño es más farandulero que artístico. Y le cuesta pagar por eso. Prefieren otras vías. En su radar no está el teatro.

 

En la educación pública está la escuela Artes y Oficios, que poco aporta al mundo artístistico. ¿Qué tan necesario es tener escuelas de arte?

Necesitamos una escuela de las artes. Quizás no combinarla con la de oficios, pero sí se necesita urgentemente. Hay pocos actores que estudiaron actuación. Tienen muchos cursos, se preocupan por evolucionar, pero la necesidad está y sigue. Y no solo los que están en escena, sino detrás. Falta mucha especialización.

¿Cambiaría la personalidad de los ciudadanos con más escuelas de artes?

El ciudadano sería más consciente, tendría más conciencia de los políticos, de lo económico, de lo que es su país, y de lo importante que es tener una identidad y respetar la identidad de los demás.

El Casco Antiguo es el escenario de muchas expresiones artísticas, mas no así sus alrededores. ¿Qué tan necesario es acabar con esa ruptura?

Definitivamente habría que integrarlo. El Casco se ha desarrollado con muchas actividades y en Santa Ana ha costado. Se le puso mucha atención al Casco Viejo, y alrededor todo se perdió, como el Variedades. Mi abuelo escribió sobre su estructura y sus simbolismos. El Dorado era una belleza, con su balcón. Primero habría que sacar todos los carros, que fuese una peatonal. Debería haber actividad artística y teatral constante en todas las esquinas, que hubiera cosas todos los días y accesible para todos.

El cine se ha popularizado en Panamá y en el mundo por la democratización en la posibilidad de hacer cine. ¿Cuál es el camino para que el teatro tenga un repunte en Panamá?

Uno de los males que tenemos acá es que nos dividimos muchos. El que hace teatro comercial cree que ese es el que vale, si yo hago abstracto ese es el que vale. Y así. Tenemos que contar nuestra propia historia sacando el teatro adelante.

¿Hay ilusión de que el Estado ponga esa rueda a moverse ahora con el Ministerio de Cultura?

Tengo esperanza. Siempre hay que darle oportunidad a las cosas nuevas. Es necesario para un país como el nuestro. Puede ser el puente para conectarnos a nuestra propia ciudad como al resto del país. Hay muchas historias que contar.

¿Qué es lo que menos le gusta de la ciudad de Panamá?

La basura, lo sucio, porque cuando se quiere todo está limpio. Yo he vivido épocas donde todo está limpio.

¿Qué es lo que ama de la ciudad?

El dinamismo que tiene. El dinamismo y la variedad de la gente, arquitectura y naturaleza.

 



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