“Una relación afectiva con personas que no pertenecen a nuestra tribu emocional, es un seguro de sufrimiento garantizado”


A pesar de comunicarnos en un mismo idioma muchas veces las personas no logramos entendemos. ¿A qué se debe? En su libro Las ruedas dentadas, pequeños cambios para grandes cambios (Vivelibro, 2020), la doctora y psicoterapeuta Marisa Navarro explica que todos, sin excepción, pertenecemos emocionalmente a una tribu y ésta es la que define que compartamos (o no) un mismo lenguaje emocional con los demás. Pero, ¿de qué factores depende formar parte de una u otra tribu?, ¿Cómo condiciona esto nuestras relaciones personales con pareja, amigos, familiares y conocidos? Y lo más importante, ¿es posible empatizar con alguien que no pertenece a nuestra misma tribu emocional? De todo ello charlamos en esta entrevista con la doctora Navarro.

¿Cómo definiría en pocas palabras el concepto ‘tribu emocional’?

Todos pertenecemos emocionalmente a una tribu. Por una parte, esto parece venir marcado en nuestros genes, y por otra se va creando esa pertenencia en nuestros primeros años de vida. Y además nos dejan en el mundo, teniendo que convivir con personas pertenecientes a otras tribus emocionales. Seres que no hablan el mismo idioma emocional que nosotros, y por eso nos cuesta tanto entendernos con ellos. No hay forma. Y no nos lo explicamos. Porque por mucho que lo intentemos, es imposible. Los lenguajes emocionales de las distintas tribus son tan diferentes, que no hay manera de comprenderlos, ni de entenderlos.

“Si no queremos sufrir, lo que tenemos que hacer es no querer cambiarlos, no intentemos que hablen nuestro lenguaje y respetemos el que ellos hablan”

Recomienda elegir siempre a personas de nuestra misma tribu para las relaciones más íntimas pero, ¿cuáles son las claves para reconocer que la otra persona pertenece a nuestra tribu? Porque muchas veces, sobre todo en los inicios de las relaciones, hay personas que pueden mostrarnos otra cara.

A veces nos ocurre que nos sentimos atraídos por personas de otras tribus emocionales, y si esto es así, sería positivo que lo supiéramos y lo tuviéramos muy claro. Y, sobre todo, que asumiéramos que él o ella pertenecen a otra tribu, por lo que tenemos que aceptar como son ya que queremos estar ahí, e indudablemente alguna compensación estamos recibiendo. Nadie hace nada de lo que no obtenga un beneficio, lo que ocurre es que en muchas ocasiones no lo identificamos.

Pero sobre todo, si no queremos sufrir, lo que tenemos que hacer es no querer cambiarlos, es decir, no intentemos que hablen nuestro lenguaje y respetemos el lenguaje que ellos hablan. Tenemos que tomar conciencia de que están en la misma situación que nosotros , “no nos entienden”. Y también nos cuesta mucho aceptar que no nos entiendan.

“Incluso durante el enamoramiento hay que estar atentos a las señales que indican que esa persona tiene poco que ver con nuestra forma de pensar o sentir”

Cuestión distinta y que también veo con demasiada frecuencia en consulta, son personas de diferentes tribus emocionales formando parejas, y sin entenderse desde el primer momento que se unieron. Demasiadas veces se elige inadecuadamente. Y sé muy bien que uno no elige de quien se enamora, ni a quien se ama. Pero todo necesita un proceso de conocimiento, incluso el enamoramiento, y tenemos que observar bien y estar atentos en lo posible, cuando estamos en dicho proceso, observemos la presencia de signos o señales que nos están informando de que esa persona tiene poco que ver con nuestra forma de pensar, de sentir o de actuar. Si vemos detalles que nos hacen tomar conciencia de que no se orienta por los mismos valores que nosotros, quizá sería bueno que frenáramos y nos diéramos un poco más de tiempo y de conocimiento, antes de implicarnos emocionalmente con una persona que no pertenece a nuestra misma tribu emocional.


Cuando uno está enamorado, lo primero que se nubla es la razón, y el no darnos cuenta o autoengañarnos acerca de cómo es realmente esa persona forma parte del enamoramiento, llegamos a estar enamorados de la idealización que hemos creado en nuestra mente, más que de la verdadera persona en sí. Pero a pesar de ello siempre hay señales que nos pueden hacer saltar las alarmas, y sería importante que estuviéramos atento a ellas. Involucrarse en una relación afectiva con personas que no pertenecen a nuestra misma tribu emocional, es un seguro de sufrimiento garantizado.

“No coincidir en valores, agrieta desde el principio una relación, por mucho respeto y aceptación que uno le quiera poner”

Empeñarnos en vivir en pareja con alguien que no pertenece a nuestra tribu emocional, ¿es una condena clara al fracaso o hay posibilidades de conseguir una buena convivencia?

Podemos tener relaciones gratificantes con personas muy diferentes a nosotros, culturalmente diferentes, socialmente, económicamente, con estilos de vida bien distintos. Pero prácticamente siempre sufriremos en una relación íntima con personas de otra tribu emocional. Básicamente sus valores son otros, y no coincidir en valores, agrieta desde el principio una relación afectiva, por mucho respeto y aceptación que uno le quiera poner. No todo se soluciona poniendo de nuestra parte.

Sé que esto puede despertar mucha controversia, pero mi experiencia de muchos años en consulta me lleva a estas conclusiones. Eso no quiere decir que no compartamos, seamos amigos, o nos relacionemos con los de tribus emocionales diferentes, por supuesto que sí, y que aprender de las diferencias es de las cosas que más nos enriquecen y nos hacen crecer. Pero cuando hablamos de intimidad, del día a día, de elegir una pareja, o una amistad muy cercana con la que vamos a compartir muchas cosas, pertenecer a la misma tribu emocional, saber que vamos a defender los mismos valores en la relación del uno con el otro, en la forma de afrontar la vida juntos, o en la educación de nuestros hijos, es algo casi absolutamente fundamental.

“Si el otro cambia algo por nosotros y esto es importante para él, creará rencor y resentimiento hacia nosotros por ello”

La familia no la elegimos y es muy probable que dentro de ella tengamos que relacionarnos con personas de distinta tribu emocional. ¿Cómo podemos evitar los conflictos para que las relaciones sean fluidas?

Siempre tenemos que convivir con personas de otras tribus, y muchas veces pertenecen a nuestra misma familia, padres, hermanos, hijos, o son nuestra pareja, y a las que aunque no entendamos, tenemos que hacer todo lo que podamos por tener la mejor relación posible. ¿Y cuál es la fórmula entonces para tener la mejor relación posible? Como siempre, la aceptación. Tenemos que aceptar a los demás como son, aunque no los entendamos, ni comprendamos, y aunque no tengan nada que ver con nosotros porque pertenecen a otras tribus emocionales, y algunas muy lejanas. Y lo más importante de todo, lo que no debemos olvidar, es que no tenemos que intentar cambiarlos. Aceptemos que no podemos cambiar a nadie. Si lo intentamos, gastaremos una cantidad ingente de energía y no conseguiremos nada. Y si lo consiguiéramos, si el otro cambiara algo por nosotros, y si esto que cambia es importante para él, creará rencor y resentimiento hacia nosotros por ello, y más tarde o más temprano se volverá en nuestra contra. Así que mejor que no lo haga, nunca nos lo perdonará y nos estará siempre pasando factura por ello. Aceptar a los demás como son, es una cuestión de respeto.

“Aceptar el desacuerdo y aprender de él nos hace seres evolucionados y empáticos”

¿Cuáles son las principales herramientas que tenemos en nuestras manos para empatizar con una persona que no pertenece a nuestra tribu emocional y con la que no compartimos puntos de vista pero con la que tenemos que relacionarnos de forma frecuente?

En dos palabras, aceptación y respeto. Después somos libres para decidir si nos acercamos o nos alejamos. Aceptarlos como son, no quiere decir que tengamos que estar cerca de ellos si no lo queremos así. Solemos mirar todo desde nuestro punto de vista, y siempre pensamos que nuestra forma de hacer las cosas, pensar o sentir es la correcta, la adecuada o la mejor. Y así suelen pensar los de nuestra tribu, pero no los de otras tribus, que piensan, sienten y hacen otras cosas, y también creen que esa es la forma correcta, adecuada o mejor de hacerlas. Y ahí surgen los conflictos, pues nuestros prismas son distintos. Y llega la bíblica historia de “la Torre de Babel”, todos hablamos idiomas diferentes, y caemos en la incomunicación y la soledad. Dos aspectos que hacen sufrir mucho al ser humano.

La psicóloga Irene López Assor, autora de '10 obstáculos que te impiden ser feliz'

En muchas ocasiones nos sentimos frustrados, nos enfadamos, y creamos todo tipo de sentimientos negativos, precedidos de los correspondientes pensamientos negativos, y con las acciones correspondientes, cuando otros no piensan, sienten o hacen como nosotros. Esto no es justo. Nadie es igual al de al lado, y todos pensamos, sentimos y hacemos las cosas de manera diferente, porque somos distintos, únicos y singulares. Y esto es lo interesante de las relaciones, que aceptemos nuestras diferencias y aprendamos de ellas.

Solemos enfadarnos con los demás porque no son, y no reaccionan ante el mundo como lo haríamos nosotros. Pero esto no deja de ser un punto infantil de nuestra personalidad, ya que aceptar el desacuerdo y aprender de él nos hace seres evolucionados y empáticos. Y hay algunas cuestiones que tendríamos que plantearnos, ¿y una de ellas es por qué nos molesta tanto la gente que no piensa, siente y actúa como nosotros? Fundamentalmente nos molestan porque son diferentes, y ese es el principal motivo. Y aquello que es distinto y no conocemos o no manejamos, nos resulta incómodo. Requiere un esfuerzo por nuestra parte el conocimiento de lo diferente, y siempre tendemos a la comodidad, pero cuando nos atrevemos a hacerlo, a conocerlo, siempre lo solemos agradecer, y mejoran nuestras relaciones y nuestro universo en general, aunque no lleguemos a pensar, sentir y actuar como ellos. El conocimiento nos acerca al respeto y a la aceptación de los que no pertenecen a nuestra misma tribu.

La doctora y psicoterapeuta Marisa Navarro.
La doctora y psicoterapeuta Marisa Navarro.
CORTESÍA RDM



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