Viernes de hastío y reclamos


La segunda semana de protestas en las afueras de la sede de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) cerró con dos detenidos, uno de ellos menor de edad.

La manifestación estaba convocada para las 4:00 p.m. de este viernes. Era el décimo día de protestas consecutivas motivadas por las denuncias de abuso a menores en los albergues que debía monitorear y verificar la Senniaf.

“Justicia tardía no es justicia”, gritaban unas 200 personas -principalmente jóvenes- en la intersección de la Calle República de Chile y Calle 39 en Bella Vista.

Las denuncias se formalizaron el 15 de febrero ante el Ministerio Público, cuyo titular, Eduardo Ulloa, abandonó el cargo una semana después. Poco se ha sabido de las gestiones de esta institución que puede emitir órdenes de protección en favor de las víctimas, más allá de las palabras de Ulloa, quien al renunciar dijo que el “sistema es incapaz de dar soluciones” a la niñez.

Unos 30 metros y una cerca separaban a la multitud de la sede de la entidad estatal encargada del bienestar de la niñez. Manifestantes se turnaban el micrófono conectado a un carro con parlantes que apuntaba hacia el edifico de la Senniaf.

“Si este tema no se habla en sus casas, por ser tabú, tráiganlo a la mesa”, se escucha la voz de Serena Vamvas. Plantea que los jóvenes no dejarán la calle hasta que las autoridades den información sobre dónde están y cuál es la condición de los niños y niñas de los ocho albergues que, según Senniaf, se han cerrado. “Queremos los nombres de los pastores y las personas que manejaban los albergues”, exigió Vamvas.

Uno de los asistentes se llenó de valor y decidió contar su testimonio. Explicó cómo lo marcó el abuso sexual cuando era menor, a tal punto que hoy necesita de medicamentos para sobrellevar los traumas. “Los responsables tienen que pagar”, advirtió. “Esos niños nunca volverán a ser los mismos, así como yo ya no lo soy”.

En el espacio tomado por los antimotines entre la Senniaf y una cerca provisional un policía grababa con su celular a la multitud, una práctica que se ha repetido en casi todas las protestas. En respuesta, los manifestantes también lo grababan. Entre más tiempo pasaba, más carros y agentes policiales se posicionaban de cara a la multitud. Algunos manifestantes se acercaban a la cerca y aventaban pequeñas bolsas plásticas llenas de pintura hacia el edificio.

A eso de las 5:45 p.m., la multitud comenzó a gritar consignas dirigidas al presidente Laurentino Cortizo.

“Nito, entiende, la inocencia no se vende”. “Estado fallido”, se leía en una de las pancartas.

Un artista, acompañado de tres mujeres jóvenes, todas vestidas con una camisa roja en conmemoración de los 96 años de la Revolución Dule, contó que ha asistido a varias protestas por este caso. “Es muy doloroso… Es una imagen de un estado fallido lo que tenemos. Los culpables son los que están arriba”, dijo.

A las 6:30 p.m., un manifestante comenzó a ayudarse de un biombo para tirar las bolsas de pintura más lejos. La policía se posicionó, escudos primero, a escasos metros de la cerca. La tensión subió en cuestión de segundos y unos cuantos manifestantes comenzaron a jalar la cerca en distintos puntos.

Se oyeron los primeros disparos de gas pimienta y la multitud comenzó a correr. Funcionarios de la Defensoría del Pueblo, presente desde temprano, grababan esta nueva jornada. Una joven les pedía a gritos que grabaran bien lo que hacían los policías.

Un grupo de personas que corrió sobre la Calle República de Chile hacia una de las vías de acceso a la manifestación se encontró de frente con un pelotón de antimotines que avanzaba hacia ellos vestidos de ropa oscura, con cascos y sus cuellos y caras tapados. La multitud corrió hacia la Avenida Justo Arosemena, frente a los disparos de gas pimienta que impregnaron el aire. Todos los que corrían en esa dirección, incluyendo a esta reportera, sentimos en nuestra piel el escozor que produce ese gas.

Fue entonces cuando impactaron a sor Ana Fisher, quien asistió a la protesta en su silla de ruedas y ondeaba un pañuelo blanco. Un grupo de jóvenes la alejó de la policía. Juan Williams, quien documentaba la manifestación, publicó en su cuenta de Twitter algunas de las declaraciones de Fisher, ya lejos del gas. “Señor presidente, cese la represión de las manifestaciones que son justas… Queremos justicia”, dijo.

No eran las 7:00 de la noche cuando ya la protesta había sido dispersada y a los detenidos los montaban en vehículos de la Policía.

En todo el país

“Este es un tema que ha movido los corazones, más allá de los pies, de muchos panameños a nivel nacional”, dijo durante la manifestación Jorge Isaac, del grupo Sal de las Redes Panamá.

“Todos hemos sido niños y todos tenemos a un niño cercano”, dijo, y resaltó que en otros puntos del país también han habido expresiones de protestas en la calle.

Iván Chanis, abogado y activista de derechos humanos, participó de inusuales manifestaciones esta semana en Chitré (Herrera) y Las Tablas (Los Santos). Chanis calcula que la media de edad de esas protestas era de alrededor de 22 años. Muchos universitarios, según contó, recorrieron las calles de Las Tablas pidiendo al pueblo que “despertara”.

Resaltó también el claro contraste en cuanto al papel de la Policía Nacional en el interior. En Azuero, “la Policía aseguró la seguridad y el bienestar de los manifestantes”, explicó y agregó que durante el recorrido los jóvenes contaron con una escolta al frente y atrás. “Fue interesante ver la diferencia con lo que pasa en la capital”, dijo Chanis.



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