Vocación de mediocres | La Prensa Panamá


Desde hace varios años, en la Asamblea quieren echar al tacho el examen de certificación médica. Como no debe sorprendernos de esa gente, no puede ser que haya alguna ley buena en Panamá, sin que ellos traten de destruirla. Porque eso de lograr cosas basadas en méritos, simplemente no parece estar en el cuadro mental de semejante garulilla.

En 2008, después de muchos esfuerzos, se logró implementar por ley un examen de conocimientos médicos, que debe aprobar todo aquel que aspire a comenzar el internado rotatorio, independientemente de dónde haya terminado su carrera. De ese modo, las plazas se asignan en función de la calificación obtenida, garantizando que quienes sacan las notas más altas escojan primero su plaza. Un sistema bastante simple basado en méritos académicos que es uso común en países normales. Quien no apruebe el examen, vuelve a tomarlo, hasta que demuestre los conocimientos necesarios.

Pero esto de hacer un examen no es una ocurrencia reciente de nadie. Ya en 1985, estando aún en la Facultad de Medicina, se sugirió la necesidad de ese examen, cuando se trató de pasar una ley que equiparara el externado de pregrado que cumplían como requisito quienes estudiaban en algunas universidades del extranjero, con el primero de los dos años del internado de posgrado que todos tenemos que hacer para obtener la idoneidad profesional. De ese modo, médicos graduados en universidades del extranjero tendrían una ventaja sobre los graduados en Panamá. En aquella ocasión, la propuesta fue descartada, pero la idea del examen de conocimientos nunca desapareció.

Posteriormente, ya habiendo múltiples universidades privadas en Panamá, se volvió a proponer el examen. Siendo ministro de Salud el doctor Fernando Gracia, y decano de la Facultad de Medicina el doctor Enrique Mendoza, se logró que se utilizaran pruebas estandarizadas preparadas por el National Board of Medical Examiners de Estados Unidos. Así, además de evaluar conocimientos, permite comparar a nuestros estudiantes con los de otros países, y definir qué tan buena es la formación que reciben.

Al principio, los mismos estudiantes cuestionaron el examen. Sin embargo, con el paso del tiempo, fueron entendiendo los beneficios que ofrece una prueba que garantiza que la asignación de plazas se base en méritos.

El caso es que ahora, con la excusa de la urgencia para nombrar médicos por la pandemia, nuestros diputados (dos de ellos vergonzosamente médicos), han encontrado una excusa para inventarse un terrible proyecto de ley, que busca eliminar el requisito del examen, permitiendo que sea tomado en cualquier momento durante el internado. Semejante propuesta es inaceptable, porque estaría eliminándose un elemento que garantiza conocimiento y seguridad para los pacientes.

Ha sido interesante ver la reacción de los internos, residentes, profesores, universidades y estudiantes, que se han opuesto tajantemente a eliminar la evaluación. Otra de las razones, que genera mucho recelo, es que de eliminarse el examen, las plazas comenzarían a asignarse por amistad, influencias o conexiones, lo cual hace tiempo quedó en el pasado.

Pero, ante el rechazo generalizado, los diputados proponentes han ido sacando las garras, exponiendo razones que solamente demuestran una terrible ignorancia sobre cómo funcionan esos exámenes. Uno de los argumentos es que no se puede permitir que a los médicos panameños se les ponga un examen hecho en Estados Unidos. Y argumentan tonterías como que “la epidemiología gringa no es igual a la panameña”. Pero los aspectos de epidemiología que se evalúan en el examen son conceptos comunes a todos los países del mundo. La excusa es tan básica, como quien la utiliza.

Como profesor de la facultad, puedo dar fe que el examen que se pone a los estudiantes no es simplemente “un examen gringo”. Una vez evaluado el examen, cuando hay preguntas con un alto porcentaje de errores, son sometidas a evaluación por los profesores correspondientes locales, para definir si debe o no ser utilizada en el cómputo de las calificaciones. En más de una ocasión, me ha tocado participar y corregir preguntas en esas discusiones.

Otro argumento que me dio náuseas escuchar de uno de los que lleva años pataleando contra el examen, y que me hizo pensar en aquello de “cada ladrón juzga por su condición”, es que “las preguntas se compran” (ya saben, corrupción). Lo que esta lumbrera no parece entender, es que existen bancos de preguntas para preparar el examen. No es que se venden las preguntas; es que hay programas de autoevaluación que efectivamente tienen preguntas similares en su temario y estructura, para que los alumnos se familiaricen con la prueba que tomarán.

Por último, cuesta trabajo entender cómo, mientras se oponen a que vengan médicos del extranjero porque “no se sabe si tienen los conocimientos”, ahora se opongan a un examen que trata de confirmar si quienes atienden a los panameños “tienen los conocimientos”.

A mi no me consta que sea cierto que los diputados se oponen al examen porque tienen algún familiar que no lo aprobó y, de así serlo, no debe festinarse con los resultados obtenidos. Si esta es la razón para eliminarlo, es más deleznable aún. Pero, sea como sea, esto de que quienes hacen nuestras leyes tengan semejante vocación de mediocres, no es buena señal.

El autor es profesor de cardiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá



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