Volviendo a la esencia de la navidad


¡Feliz Navidad! ¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres amados por él! (Lc 2, 14). ¡Esperanza! Es la virtud que todos hemos aprendido, y nos ha mantenido de pie a lo largo de este año 2020. Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman (Rom 8, 28).

La esperanza nos ha llevado a la fe, al amor y a Dios, de quien procede todo bien.

Ciertamente, la humanidad y Panamá sufre aun el peor flagelo que pudo haberse imaginado. En medio de esta vicisitud, Cristo viene una vez más a tocar las puertas de nuestro corazón, para que le dejemos entrar, preguntando si hay posada para él en tu vida.

Los que aman a Dios no reniegan, no se quejan, sino que saben comprender y salir adelante de modo creativo; se dan cuenta de lo que el Señor quiere de nosotros: una navidad vivida realmente en el seno de la familia, signo del amor de Cristo, dedicada a los hijos, a la esposa, y escuchando a los abuelos.

Como sacerdote, he visto la obra de conversión sincera que Dios ha obrado en tantas personas, incluso en medio del sufrimiento por la muerte de un ser querido.

Hoy es Navidad, hermanos, y somos invitados a redescubrir lo que significa vivir en familia este misterio, volver a la esencia de la celebración: navidad que se hace perdón, unidad en el hogar, el cuidado de la salud, compartir lo que somos y tenemos y… admirarnos por el gran amor que Dios nos tiene.

Este tiempo que iniciamos hoy, es una oportunidad para llevarnos al corazón tres actitudes fáciles de practicar: acoger la buena noticia, al niño Jesús que nos ama; aceptar la paz con buena voluntad; y glorificarlo con nuestra vida.

Si vivimos en Navidad estas actitudes, habrá valido la pena incluso la cuarentena que todos estamos pasando, y será tiempo precioso aprovechado para amar.

Si bien es cierto que no hay nada mejor que el calor humano, el ambiente familiar de casa es propicio para dar, orar y agradecer los dones del Señor.

Volver a la esencia de la celebración. Muchas cosas pasajeras no han reinado este año (compras innecesarias) para que adquiramos el mayor tesoro: Jesús.

Nuestros pasos no se encaminan hacia el comercio, para que los dirijamos hacia quien es el Camino; las promociones no nos han engañado, para que encontremos a quien es la Verdad misma; ahora no nos desvivimos por los estrenos, para que nos revistamos de una Vida nueva centrada en Jesús.

Auguro para cada uno de ustedes, queridos hermanos, una hermosa, singular y especial Navidad, donde los niños y jóvenes puedan recibir de labios de sus padres, la narración de Aquel que por el inmenso amor que nos tiene, vino para que esta humanidad deshumanizada volviera a ser lo que una vez Dios soñó para nosotros.

Redescubramos el valor de la Familia, con Cristo en el centro.

El autor es sacerdote



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook
A %d blogueros les gusta esto: